viernes, 18 de diciembre de 2009

El reloj de hielo

Por: Ana María Cano Posada

El reloj de sol existía cuando la intemperie y la naturaleza regían la vida sobre el planeta; y el reloj de arena era preciso cuando la perpetuidad y la conservación en monumentos que abarcaban a muchas generaciones, era lo único que importaba en una historia humana que comenzaba a construirse sobre la tierra que apenas tenía huellas humanas.

Sin percibir el enorme surco abierto por el uso y abuso de ejércitos de humanos que buscaron aquí su supervivencia y su lucro en los recursos naturales, comenzó a sentirse el efecto en severas modificaciones planetarias. Ahora la metáfora es en sí una obra de arte efímera y dramática: un oso polar en hielo, que se deshace a lo largo de diez días, sin que nadie pueda impedirlo, pero todos asistimos a este desesperante derretimiento.

Once toneladas de hielo y diez días de existencia son las señales particulares de esos dos concretos símbolos de la fragilidad del planeta ante el calentamiento global y de nuestra postura por completo externa a lo que ocurre. Dos osos polares que fueron hechos por el escultor Mark Coreth, ambos con una estructura de metal por dentro, uno en Copenhague en una de las plazas que dan a la gran conferencia climática de la ONU en este diciembre de 2009 y el segundo en Trafalgar, en Londres, desde el 11 de diciembre, los dos desaparecerán antes de Navidad. Es un acierto este símbolo para que quede en la memoria de los que somos testigos de este momento donde el futuro nos impone recomponer la jugada de nuestro estilo de vida en el planeta, hoy insostenible individual y colectivamente.

Mientras este acontecimiento artístico y ecológico ocurre ante los ojos, pasan delegaciones, curiosos, detractores por aquella conferencia que busca, al reunir a 110 jefes de Estado, hacer algo definitivo para cambiar la mentalidad de los países y la actitud frente a la responsabilidad personal en el deterioro, pero se teme pueda llegar a desperdiciarse esta ocasión única de que los humanos nos hagamos cargo de lo acumulado por generaciones al devastar el planeta como si fuera una propiedad privada individual y una fuente desechable de recursos.

La prueba de la completa falta de conciencia es que el Protocolo de Kioto, asumido por unanimidad en 1997 y que tenía unos compromisos que irían hasta 2013, ha sido ignorado y saboteado al punto de llegar a esta nueva conferencia con los mismos referentes, los de buscar un culpable al cual poderle endilgar toda la responsabilidad para que los enormes productores de deterioro ambiental y los pequeños queden enfrascados en una rebatiña. Una batalla de culpables que es parecida a la de aquel que intenta hacer algo por sí mismo contra el cambio climático pero se descorazona ante el primer vecino que contradice el mandato de preservar los recursos naturales y fácilmente desiste. Quién da menos, es la consigna.

Ese delicado equilibrio de supervivencia con permanencia del planeta para las generaciones que siguen es lo que nos queda en la imagen perdurable de ese oso polar derritiéndose ante nuestra actitud egoísta e impotente. Que no vayan a timar al planeta los negociadores y los jefes de Estado que representan el mundo en Copenhague como si fueran los dueños del balón: las consecuencias de esta irresponsabilidad histórica serán dramáticas, extensas y deplorables.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Venezuela: ¿un país en guerra?

Por: Marlon Montero Lugo

Esta es la pregunta que nos hacemos los ciudadanos cada vez que escuchamos las cifras de personas
fallecidas, víctimas de la delincuencia en nuestro país.

Según datos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) entre 1999 y el 2008 ocurrieron 101.141 muertes violentas en todo el territorio nacional, es decir 28 personas diarias. Sí, escuchó bien, 28 personas diarias, casi tres equipos de fútbol.

Si usted cree que la situación está mejorando se equivoca. El Observatorio Venezolano de Violencia estima que nuestro país podría cerrar el 2009 con una tasa de homicidios que ronda la cifra de 18 mil víctimas de la delincuencia (49 por día), uno de los índices más altos en el mundo.

Esta situación nos debe llevar a la reflexión para buscar juntos las soluciones ante esta grave realidad. La delincuencia no conoce de parcialidad política, nivel económico ni tendencia religiosa. Todos por igual somos víctimas de este flagelo.

Durante los últimos 10 años hemos sido testigos de un proceso político que ha generado enfrentamientos entre los diversos sectores de la sociedad, afectando notablemente la lucha contra la delincuencia.

Adicionalmente, las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de las leyes en el país han sufrido un debilitamiento profundo, fomentando la desconfianza de los ciudadanos y complicando mucho más el escenario actual.

Antes era un conocido, luego le tocó a un amigo, más recientemente a un familiar. ¿Cuándo nos tocará a nosotros? ¿Cuantas madres de familia deben sufrir la pérdida de sus hijos para que se tomen, con la seriedad que se requiere, acciones contundentes para disminuir las cifras de homicidios?

Madres de Petare y el Country sufren por igual esta realidad. Resultados de un estudio denominado Mapa de Violencia 2008 muestran que Venezuela se ha convertido en uno de los países líderes en homicidios de jóvenes, ocupando el tercer lugar en América Latina, con 64,2 crímenes por cada 100.000 habitantes.

Debe existir un trabajo mancomunado del gobierno nacional con los estados y municipios, capaz de definir estrategias que permitan disminuir estos alarmantes indicadores.

Si los gobernantes realmente piensan en los ciudadanos deben dejar a un lado sus diferencias partidistas para coordinar en conjunto políticas públicas en materia de seguridad.

Como ciudadanos nos corresponde exigir a los líderes que tomen medidas acertadas para garantizar nuestras vidas y sobre todo, nos corresponde prohibirnos, a nosotros mismos, acostumbrarnos a tan dramáticas cifras que enlutan cada día a más familias venezolanas.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Si los hombres aprendieran de las mujeres…

Por: Patricia Lara Salive

En la aleccionadora entrevista que el miércoles le publicó El Espectador, ella hizo reflexiones que bien vale la pena recalcar, con la remota esperanza de que la Virgen de Los Remedios nos haga el milagrito de que algún amigo le mande a nuestro Presidente, quien no lee periódicos, un mensajito de texto contándole lo que dijo su colega. Y Dios quiera que también lo reciban esos otros “machos”, tan atornillados como Uribe a ese poder que los hace sentir más grandes, seguros, fuertes, atractivos y amados… Me refiero a esos pobres de Chávez, Ortega, Correa, y ahora Evo, para no hablar de Zelaya quien, por esa misma libido, llevó a Honduras al desastre que vive hoy.

Oigamos, pues, a la Bachelet quien, con un apoyo de 76%, bien podría repetir presidencia, pero no va a hacerlo porque la estética no se lo permite. Michelle, entre otras cosas, dijo:

“Creo que en la vida como en la política hay que ser ético y estético. Jamás cambiaría una situación para beneficio personal. Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante (…) No es una buena política que las personas arreglen las legislaciones, el mundo político, la autoridad a su tamaño. Los cambios en las leyes, en las instituciones, tienen que ser para mejorar la situación del país, no las situaciones personales”.

“Algunos dicen que el poder es sexy. Pero a mí no se me ha generado esa droga. El boato no me impresiona (...) Lo que sí he visto es que tiene que ver en algunos casos con la ambición personal, que puede ser ambición de fama. También he visto que hay en esto algo vinculado al género (…) No quiero caricaturizar..., pero... parece ser que en el caso del hombre se ofrece una suerte de atracción fatal más potente por el poder (…) Lo he visto en jefaturas diversas (…) Hay gente espléndida, encantadora, (pero) cuando llegan a un cierto cargo se transforman en pequeños dictadores”.

“Una mujer (…), Gilligan, ha hecho estudios de neurociencia basándose en observar cómo el niñito y la niñita resuelven los conflictos en los jardines infantiles. Ella dice que todos quieren resolver el conflicto (por eso no digo que los hombres llegan al poder a hacer una cosa mala y las mujeres una buena), pero las mujeres, cuando resuelven un conflicto, buscan el win-win solution. Buscan que el resultado sea bueno, pero no a costa de muchos heridos en el camino, sino de que ojalá todos salgan ganando. En cambio, los hombres se preocupan más por el resultado que por el proceso”.

Pensándolo bien, ¡qué bueno sería que, en Colombia, donde se han recorrido tantos caminos fracasados para lograr la paz, ensayáramos el único que no se ha probado: elegir durante un par de períodos a dos presidentas. ¡La primera podría ser Shakira! (¿Ya la vieron hablando de educación en Oxford, en el mismo escenario en que lo hicieron Churchill, Newton, Dalai Lama y Sor Teresa de Calcuta?). Luego podría ser cualquier otra… Así, el país sería más alegre, pacífico, educado, próspero y, por consiguiente, más feliz…

jueves, 12 de noviembre de 2009

El existencialismo

Por: Eduardo Vásquez

Hacia los años sesenta tradujimos al español "El existencialismo es un humanismo", una obra de vulgarización de esa filosofía hecha por Sartre. Es de fácil lectura y por eso comprensible para el gran público.

En nuestra opinión la concepción de la libertad de Sartre, reunida en un axioma, "el hombre está condenado a ser libre", nos parece que ya se encontraba en Descartes y luego desarrollado por Hegel.

En efecto, sabemos que Descartes, mediante la duda se despoja de todo lo que se encuentra en la conciencia y así reduce a ésta a ser una especie de lugar vacío (o tabula) raza. Esto significa que no estamos dominados por nada, que podemos rechazar, desechar o aniquilar todo aquello que ha penetrado en nosotros y que podría imponérsenos.

He allí expuesta nuestra libertad. Podemos sustraernos de todo y dominar a lo que trata de dominarnos.

En su Filosofía del derecho en el parágrafo 5, Hegel describe cómo está constituida la conciencia.

Ella puede pensarse a sí mismo, dirigiendo su atención a lo que está dentro de ella. Mediante esa reflexión ella puede disolver toda limitación, todo contenido, cualquiera sea su origen, sea del mundo externo o elaborado por la propia conciencia.

Eso produce que la conciencia sea la "pura indeterminación", esto es, no esta determinada por nada, ningún contenido puede imponérsele puesto que ella puede rechazarlo, o abstraerse de el. Es un poder extraordinario de la conciencia. Hegel se expresa de ella de esta manera: "es la ilimitada infinitud de la abstracción absoluta o universalidad, el puro pensar de si mismo".

El yo puede vaciarse a sí mismo, expulsar todo lo que lo ha colmado.

Hegel la llama libertad negativa o libertad del entendimiento, o también libertad del vacío. Esa liberación respecto a todo puede conducir a la destrucción de todo. Puede llegar a la destrucción de todo, no reconocer a nada, ya que puede considerar a todo como una traba a esa libertad.

De allí proviene el "fanatismo" de la destrucción de todo orden social, así como la expulsión de todos aquellos de los que se sospecha que quieren un orden". Y Hegel añade sentenciosamente: "Sólo destruyendo algo tiene esta voluntad negativa el sentimiento de su existencia". La voluntad negativa puede querer que nada firme se establezca.

Ella lo que desea es realizarse a sí misma. Tener conciencia de sí misma, la cual sólo logra en la furia de la destrucción. Hegel sostiene que en la historia ella siempre aparece y ve en la etapa del terror de la Revolución francesa, en la que "toda diferencia del talento, de la autoridad, debió ser suprimida", la presencia de la furia de la destrucción. Tocqueville escribió que aquella Revolución produjo un tipo de hombre que sólo puede destruir y es incapaz de construir nada.

No nos cabe duda que entre nosotros esa furia destructiva está actuando. En la concepción de la universidad (todos son iguales), en la escuela (mueran las diferencias de talento e inteligencia), en lo social en general. Hegel también sostuvo que para hacer igual a los hombres habría que cortarles la cabeza.

martes, 10 de noviembre de 2009

Con la guerra no se juega

Por: Teodoro Petkoff

Tiene que estar muy preocupado, diríase, incluso, que desesperado, el señor Presidente, para ponerse a tocar, enloquecido, los tambores de la guerra con Colombia. Es una típica operación de diversión, una cortina de humo. No le faltan razones para tratar de hacernos voltear hacia otro lado, porque lo que está ocurriendo en nuestro país es gravísimo y cualquier gobernante estaría con las manos en la cabeza. Pero, Su Excelencia la Reencarnación de El Libertador, tiene un motivo adicional para mesarse los cabellos. Por más que se menea, no logra que los venezolanos, todos, pierdan de vista que la culpa de lo que está pasando es suya y exclusivamente suya. Su irresponsabilidad, su incompetencia y la corrupción de su régimen han lanzado sobre el país cuatro crisis simultáneas, cada una tanto o más grave que la otra. Seguridad, electricidad, salud pública, economía y, en Caracas, agua, son áreas en las cuales el desmadre alcanza niveles sobrecogedores. Nadie escapa a las consecuencias de la peor gestión administrativa que haya conocido el país en su historia contemporánea.

Lógicamente, lo que venía siendo un lento, aunque sostenido, descenso del apoyo al gobierno en los últimos tres años, se está convirtiendo en una barrena. A menos de un año, en principio, para las elecciones parlamentarias, razones le sobran a Chacumbele para sentir un frío en la espalda.

De allí que ya esté en campaña electoral. No lo oculta; actúa con el desparpajo y la desfachatez de quien sabe que nadie en el Estado le va a llamar la atención. Pero el domingo elevó los decibeles y prácticamente llamó a zafarrancho de combate. Se necesita una carencia total de escrúpulos para hacer de un tema tan delicado, de vida y muerte, materia de campaña electoral. Cree que puede recoger el respaldo que se le escurre entre los dedos, tocando la fibra patriotera de sus conmilitones.

Fracasará, porque ya se le ven demasiado las costuras. Es tan burda la maniobra electorera que cualquier mandatario que hablara en serio de una posibilidad de guerra, llamaría, ante todo, a la unidad de la nación contra el "enemigo".

Pero Chacumbele no. Su guerra no es contra Colombia sino contra más de la mitad de sus propios compatriotas. Es tan obvia y, al mismo tiempo, tan torpe su jugada, que no vacila en agredir a una supuesta "quinta columna", que sería la de sus adversarios políticos. Estamos ante una estratagema electorera de vuelo gallináceo. No son las bases militares en Colombia las que le quitan el sueño sino las bases del pueblo venezolano. Para aquellas, la diplomacia suramericana ya ha venido colocando muros de contención y tanto Uribe como los gringos se han visto obligados a dar garantías a sus vecinos.

De hecho, el propio Correa, desmarcándose de Chávez, avanza en el camino del restablecimiento de relaciones con Colombia, a pesar de las bases.

Pero Chacumbele necesita la conflictividad permanente, hacia adentro y hacia fuera. Por eso no se pueden subestimar los niveles que podría alcanzar su carencia de escrúpulos.

Editorial de Talcualdigital.com (10-11-2009)

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Síndrome de la Totuma

Por: Vladimiro Mújica

A veces nuestra entrega parece ser total. La incapacidad de desarrollar un lenguaje propio que nos permita comunicarnos con nuestro propio pueblo nos lleva a tratar de explicar por qué no es tan malo lo que está ocurriendo, so pena de parecer que nos estamos burlando precisamente de aquellos con quienes pretendemos comunicarnos.

La descomunal incapacidad y corrupción del gobierno venezolano hacen que todo lo que asociamos con desarrollo y progreso se vea cada vez más comprometido y amenazado.

El país que se va despejando ante nosotros es más pobre, más violento, con peor educación, más polarizado, menos solidario. Sin embargo, y aquí está la gran tragedia, una parte importante de nuestros compatriotas no lo ve así, o al menos piensa que estamos igual de mal de lo que siempre estuvimos.

El último ejemplo del desencuentro de la comunicación entre las dos Venezuelas es dramático. A la escasez de agua y electricidad responde el gobierno con una serie de razones cada cual más insólita que la otra.

El Presidente insta a los venezolanos a bañarse en tres minutos, con totuma, y a ahorrar electricidad. Ahora la culpa es de todos por nuestros malos hábitos. Los más grandes despilfarradores de nuestra historia nos piden que ahorremos en un ejercicio de burla y cinismo sin igual.

El Gran Comunicador de la Revolución crea una nueva fantasía para sus seguidores y nosotros, el otro país, nos encontramos arrinconados pensando cómo responder a la nueva charada. Parte del problema es que estamos aprendiendo el lenguaje de sentir la pobreza en la propia piel.

El desencuentro de las dos Venezuelas comenzó hace muchos años, inclusive antes de Chávez, lo que ocurre es que antes nos permitíamos ignorarlo y ahora sentimos la potencia de la manipulación del resentimiento y lo que ello significa en términos del control del poder.

No hay deshonra en la pobreza, al menos en el sentido bíblico. El hombre pobre y sabio, no apegado a los bienes materiales que envilecen al hombre rico, es una utopía grandiosa que desafortunadamente no tiene nada que ver con Venezuela.

Las bondades de la vida en el campo, los cuentos de nuestros abuelos, nuestra identidad cultural representada en la totuma son todos valores a defender. Lo que es inaceptable es que los nuevos amos del país utilicen todos estos símbolos para esconder su incapacidad y su corrupción.

Pero más allá de la manipulación y la burla del gobierno me angustia que quienes estamos llamando a construir una alternativa nos entrampemos en no criticar el regreso a la totuma por no ofender a quienes usan la totuma.

Por ese camino tendremos pronto que defender que se destruyan las universidades para no ofender a quienes no han podido estudiar. El reto es defender nuestra cultura y tradiciones al tiempo que nos imaginamos y podamos transmitir la imagen de un país distinto, mirando a un futuro sin miseria, donde el culto y la manipulación de la pobreza no justifiquen el fracaso de los gobernantes.

lunes, 26 de octubre de 2009

Totuma y Velas

Este Gobierno ha tenido los más altos ingresos de cualquier administración en la historia de Venezuela. Pero además ha tenido el control de todos los Poderes Públicos para invertir esos ingresos en lo que el Presidente decida, sin que los mecanismos normales de control puedan retardar y menos oponerse a la voluntad del Jefe. Además ha tenido suficiente tiempo para resolver los problemas con los cuales se encontró, para eso lo eligió el pueblo, tienen más de 10 años en el Gobierno, cuando de acuerdo a la Constitución anterior ningún Presidente podía durar más de 5 años. De tal manera que cuando tratan de excusarse echándole la culpa a los Gobiernos anteriores, el pueblo enseguida nota que les crece la nariz como a Pinocho por decir tantas mentiras.

Durante estos 10 años de un gobierno que por su discurso incluyente de los pobres generó esperanzas en los sectores populares, se ha demostrado que ese discurso es una estafa a los sectores más necesitados que cada día sufren más las consecuencias de la ineptitud de esta gestión para administrar bien los inmensos recursos que ha manejado en beneficio de los intereses del pueblo.

Debemos empezar por decir que estamos cada vez más alarmados y tristes por la manera como todos los días matan, atracan y roban a tantos ciudadanos, enlutan a tantas familias, y ver como este gobierno supuestamente fuerte por estar dirigido y compuesto principalmente por militares no es capaz de cumplir su primer deber: garantizarle la vida y la seguridad a los ciudadanos.

El colmo de los fracasos de esta administración es lo que ha pasado con la luz y el agua, el Gobierno en vez de reconocer con valentía que ha fracasado en estos dos aspectos vitales para garantizarle calidad de vida a la gente, que no hicieron las inversiones y el mantenimiento necesario con todo el tiempo y el dinero que han tenido para incrementar la generación, trasmisión y distribución de electricidad, así como la dotación de agua potable, tomando en cuenta el incremento natural de la población y por tanto del consumo. Y ahora, en vez de reconocer su incapacidad le echan la culpa a los consumidores, le imponen el racionamiento de agua, los mandan a bañarse en tres minutos, y a utilizar tobos ó totumas para que no gasten el agua, y además, le faltan el respeto a la gente ofreciéndoles bombardear las nubes para que llueva y así resolver el problema.

En materia eléctrica, la gran solución que ofrece el Presidente es más burocracia, un nuevo Ministerio para la electricidad, es decir, profundizar el error de centralizar, para seguir fracasando, precisamente la estatización y centralización de empresas eficientes de electricidad como Enelven en el Zulia, y la Electricidad de Caracas en la Capital, son una de las causas del fracaso en materia eléctrica. Y además le exigen a la gente que reduzca el consumo eléctrico, y a los Centros Comerciales que se compren plantas eléctricas.

Seguramente ante el alto costo de la vida le van a pedir a la gente que coma menos. La verdad cada día está más clara, o cambiamos a este Gobierno, o nos acostumbramos a bañarnos con totuma y a iluminarnos con velas.

Por: Omar Barboza Gutiérrez

domingo, 18 de octubre de 2009

Cultura ingenua

Por: Luis Lozada Soucre

Todo régimen totalitario tiene una visión sectaria y prejuiciosa del quehacer cultural.

El carácter hegemónico de su pensamiento lo induce a imponer a cal y canto una cultura oficial, cuyos contenidos, significados y trascendencia varían, según convengan a los grados de nacionalismo radical que determinen sus objetivos y al tenor de la transculturización contaminante que pretendan exterminar.

El realismo social, con todos sus ismos contenidos, como el naturalismo, el criollismo y el folklorismo, tiende a ser la bandera ideológica y creativa de todos los sistemas de gobiernos de izquierda extremista, opresores del libre pensamiento y de la pluralidad intelectual.

La extinta Unión Soviética y la Cuba sobreviviente son ejemplos palpables de esta orientación e imposición culturales, refrendadas desde los cenáculos gobernantes con valencias comunistas.

Más allá de los estruendosos fracasos que tal política cultural coercitiva ha significado para sus pueblos sojuzgados, no es objeto de estas reflexiones abundar en ellos, sino sentar sus precedentes para poder entender la realidad del hecho cultural venezolano en estos tiempos de decadente revolución y anacrónico socialismo.

Enfrentar la ingenuidad y comprender, por ejemplo, las previsibles razones para el más reciente de sus arrebatos subsidiarios en contra del Ballet Contemporáneo de Caracas, pese a su dócil actitud y performances de los últimos años.

La sustitución de valores culturales se impone con el mismo modus operandi: hacer tabla rasa de todo lo que les huela a contra revolucionario, para reconstruir sobre sus hedores una visión panfletaria y propagandística de país y ciudadanos nuevos.

Y dentro de este contexto, ¿a quién le importa Bizet? La purga es de vieja data. Comenzó en los albores del régimen, con el despido revanchista de Sofía Imber del museo que creó y al que le entregó gran parte de su vida, hasta convertirlo en ícono de excelencia museística.

Saltando significativos ejemplos de exterminio en todas las disciplinas y cerrando sus antecedentes depredadores, con la procaz metamorfosis del Teresa Carreño en foro proselitista exclusivo del partido de gobierno, la barbarie socialista ha expoliado también al Ateneo de Caracas, una institución que por el solo aval de organizar los festivales internacionales de teatro se granjeó fama mundial.

Queda en pie el magistral proyecto orquestal de José Antonio Abreu, gestado y parido en la cuarta república y del que el régimen ha sabido aprovecharse como telón de prestigio ante la comunidad internacional.

Del resto es poco lo que les interesa y mucho lo que la ingenua ­y en muchos casos acomodaticia­ intelectualidad criolla deberá sacrificar, luchar y aprender de sus errores y sus silencios.

lunes, 12 de octubre de 2009

Un cantor de Fonseca

Por: Marcelo Morán

Mi primo Luis Emiro me había invitado a una reunión en casa de mi hermano Pedro, el 12 de octubre del año 2002. Cita a la que yo había llegado con un día de antelación. Y era un poco más allá del mediodía cuando él se apareció con una caravana de parranderos que hacían estremecer con la algarabía la estancia de Las Parcelas. Enseguida bajo de su camioneta y se dirigió a todos los presentes con su fraternal manera de saludar. Lo acompañaba un viejo muy moreno, pequeño de estatura, de sombrero de alas cortas que denunciaba sin equívocos su lugar de origen. Con pasos lentos se acercó sin proferir palabras, sólo esbozó una sonrisa familiar como cortesía a los que nos encontrábamos allí: parecía cansado.

No había terminado de sentarse cuando mi primo dijo:

“Les presento al viejo Bienve”.

“¿Y quien es el viejo Bienve?”, pregunte por no dejar.

“Es una gloria del folclor vallenato que he convidado para compartir con nosotros esta reunión”.

Después de transcurrir un tiempo en que el personaje ya se encontraba relajado, dijo que se llamaba Bienvenido Martínez y fue entonces cuando caí en la cuenta de que era el famoso compositor colombiano del tema “Berta Caldera”, que es mencionado en otro clásico del vallenato El “Cantor de Fonseca”, escrito por Carlos Huerta, y que recorriera el planeta como un huracán en la voz de Carlos Vives.

A medida que la conversación tomaba calor, le pedí a don Bienvenido que me hablara de Berta Caldera. Él, sin ningún tipo de reparo accedió a mi petición de manera gentil, transportándose cincuenta años atrás a su pueblo de Fonseca, enclavado en el corazón de la Guajira colombiana y donde había sido flechado sin remedio por los encantos de la bella muchacha.

“Berta Caldera era un amor platónico, de esos que endulzan la vida cuando uno se encuentra joven, y hace que uno se vuelva poeta para inventar canciones con que enamorarlas, como nos pasaba a los pelaos de mi pueblo, en esos lejanos tiempos”, dijo.

“Qué es de la vida de Berta Cladera”, le pregunte´.

“ Ella vive en Machiques, acá en Venezuela, desde hace muchos años”.

Yo jamás había escuchado esa canción, y alentado por efectos de los tragos que libábamos en ese momento, le pedí que me complaciera. Y sin pensarlo dos veces, le quitó a uno de sus hijos que lo acompañaba, el acordeón, y en segundos, empezó a soltar las notas pegajosas que identifica el tema y de pronto, tuve la sensación de que el ejecutante hubiese salido por arte de magia de uno de los libro de García Márquez. Don Bienvenido a sus ochenta y cinco años tocaba el acordeón con la soltura de un muchacho de veinte, y sólo como saben hacerlo los colombianos, como si el instrumento de lengüeta libre, inventado por el austríaco, o alemán Cyrill Demian, fuera exclusivamente para ellos.

En la conversación le plantié que teníamos por vecino a un señor de Fonseca, que había cumplido por esos días noventa y cinco años y habíamos mandado a buscar para que viniera a conocerlo. A él le pareció espléndida la idea, pues no esperaba encontrarse con un coterráneo allí, en el pueblo de Las Parcelas.

A los minutos le presentamos al señor José María Arregocés, cuya familia se había establecido en esa comunidad marense desde comienzo de los años sesenta.

Fue una sorpresa para Bienvenido que se tradujo en el acto en una expresión de alegría: “¡Chema!”

Ambos se conocían desde hacía ochenta años. Don Chema, había sido cajero en su juventud de muchos conjuntos vallenatos y por supuesto compañero de parranda de don Bienvenido.

Así terminó aquel 12 de octubre inolvidable, amenizado por un cantor de Fonseca que se le ocurrió un día escribirle una canción a Berta Caldera.

domingo, 11 de octubre de 2009

El excremento del Diablo

Por: MOISÉS NAÍM

El petróleo
empobrece. Los diamantes, el gas y el cobre también. Los países pobres que cuentan con abundantes recursos naturales suelen ser subdesarrollados. Esto ocurre no a pesar de sus riquezas naturales, sino debido a ellas. ¿Cómo puede ser que la riqueza natural de un país perpetúe la pobreza de la mayoría de sus habitantes? Debido a un fenómeno conocido como "la maldición de los recursos naturales".

Hay
países que logran conjurar esta maldición. Noruega o Estados Unidos, por ejemplo, son a la vez petroleros y desarrollados. Pero son excepciones que no sólo confirman la regla, sino que también ilustran los antídotos contra esta maldición: democracia e instituciones que limitan la concentración del poder. Además, para neutralizar la maldición también es necesario mantener la estabilidad económica, controlar el gasto público, ahorrar para los años de vacas flacas, diversificar la economía, impedir la concentración del ingreso y evitar que la moneda del país sea demasiado costosa comparada con las de otras naciones. Los países exportadores de recursos naturales que no adoptan estas medidas empobrecen y maltratan a la gran mayoría de su población. La tragedia es que pocos logran evitar estos nocivos efectos. ¿Por qué?

La maldición de los recursos es como una enfermedad adictiva: le quita a la víctima la voluntad de curarse. Los grupos más poderosos de estas sociedades no tienen muchos incentivos para luchar contra los efectos perversos de la excesiva dependencia de los recursos naturales. Los efectos son perversos para el resto de la población, no para las élites. Éstas, por el contrario, se benefician de la situación.

El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fue el primero en llamar la atención sobre esto. El petróleo, dijo, no es oro negro; es el excremento del diablo. La intuición de Pérez Alfonzo ha sido rigurosamente confirmada. Desde 1975, por ejemplo, las economías de los países ricos en recursos naturales han crecido menos que las de los países que no exportan principalmente materias primas.

Peor aún, en los países afectados por la maldición, los beneficios del crecimiento económico se concentran en pequeños grupos políticos, militares y empresariales. Además, su moneda se encarece con respecto a las de otras naciones, lo cual frena las exportaciones de todo lo que no sea el recurso natural que tienen en abundancia. Esto, a su vez, inhibe la diversificación de la economía y condena a los países a depender cada vez más de las exportaciones de su principal materia prima. En el caso del petróleo, el crecimiento que este genera no crea puestos de trabajo en proporción a su peso en la economía. Así, en los países cuya principal exportación es el petróleo, esa industria genera más del 80% de los ingresos totales, pero tan sólo el 10% del empleo. Inevitablemente, esto aumenta la desigualdad económica.

Dado que los gobiernos de los países exportadores de materias primas no dependen de los impuestos de su población para financiarse, sus líderes pueden darse el lujo de ignorar las exigencias y necesidades de sus ciudadanos. Éstos, a su vez, desarrollan relaciones tenues y parasitarias con el Estado. Además, cuando mucho dinero público es controlado por pocos individuos que no rinden cuentas al resto de la sociedad, la corrupción es inevitable. Las similitudes de países tan diferentes como Rusia, Irán o Venezuela no son una casualidad. Son el resultado de la maldición.

Es muy difícil sacar del poder a gobiernos ricos en petróleo que, además, tienen la posibilidad de usar sus vastos recursos financieros para comprar o reprimir a sus opositores. Las estadísticas demuestran que es mucho menos probable que un país petrolero autoritario se transforme en una democracia de lo que resulta para una dictadura que no cuenta con abundantes recursos naturales. Las estadísticas también confirman que, en todas partes, las autocracias petroleras gastan más en armas y ejércitos y son más propensas a tener conflictos armados.

Esto no quiere decir que los países pobres con abundantes recursos naturales estén condenados al subdesarrollo. Chile y Botsuana son extraordinarios ejemplos de países menos desarrollados que a pesar de ser exportadores de materias primas han escapado de la maldición. Sus experiencias confirman cuáles son las vacunas que protegen a un país contra sus efectos. Pero ¿por qué estos países estuvieron dispuestos a vacunarse y otros no? Nadie sabe. A quien encuentre la respuesta a esta pregunta habría que darle el premio Nobel. No el de Economía. El de la Paz.

domingo, 4 de octubre de 2009

El marxismo soviético

Por: Eduardo Vásquez

En 1963, las Editions Gallimard publicaron la versión francesa de El marxismo soviético, publicada originalmente en inglés, y cuyo autor fue Herbert Marcuse. Es un libro de gran importancia si tenemos en cuenta que el marxismo que se conoció en Suramérica fue el exportado por los soviéticos.

El dogmatismo de los pro-soviéticos los llevó a rechazar toda crítica, toda modificación del dogma soviético. Hoy todavía estamos padeciendo de esa formación. Nuestros marxistas fueron hijos de la URSS y lo siguen siendo.

Los soviéticos tenían una especie de anatema para descalificar a cualquiera que se atreviera a leer a Marx de manera distinta a la oficial: revisionista. Hacia 1950 se empezó a conocer la lectura de G. Lukacs.

H. Lefebvre publicaba El materialismo dialéctico, en el que mostraba por primera vez la teoría de la alienación, rechazada enseguida por los soviéticos por su vinculación con la filosofía de Hegel. Un discípulo de G. Lukacs publicó en Francia Investigaciones dialécticas, en el cual exponía en varios ensayos la interpretación de Lukacs.

Uno de éstos era la reificación o cosificación, llamada así por Goldman, para evitar la banalización a que había dado lugar el uso de alienación o enajenación. Cuando en la presentación de nuestra traducción calificamos a Goldman de revisionista esto desencadenó contra él (y contra mí) toda la furia del dogmatismo.

Sin embargo, la teoría de la alienación prosperó, pero más en su sentido psiquiátrico y como ocurre con los conceptos de moda perdió su significación precisa.

Para leer Historia y conciencia de clase había que conocer a Hegel y aquí ese conocimiento era (y sigue siendo) muy pobre. Disponíamos de la traducción de El capital (F.C.E.) pero el traductor había volatilizado toda la terminología dialéctica de Hegel que permitía comprender lo que Marx había dicho: que él había coqueteado con el lenguaje del gran pensador.

Así, la teoría del valor construida con la categorías de la dialéctica de Hegel se hacía incomprensible. Anuncian la repartición de una edición de El capital. ¿Será la del F.C.E. con sus mismos errores de traducción y quién enseñará a leer lo ya interpretado? ¿Los formados por la Academia de la URSS o los formados por la interpretación (?) de la Academia Militar? Las alternativas son espantosas.

Pero permitirán a los actuales mandatarios recubrirse con el manto del marxismo, como antaño hicieron los dirigentes de la URSS. Ello les permitirá expoliar a los trabajadores, manteniendo una figura de progresistas y de libertadores. Pero, estalinistas incurables, seguirán sosteniendo que el fracaso del socialismo se debe al complot externo.

No conocen a Gorbachov, quien proclama ¡que no había que buscar los fracasos de la Unión Soviética en la conspiración de enemigos externos o internos, sino en los crímenes de la nomenclatura! ¿Puede la nomenklatura hacer semejante crítica? No, porque sería un suicidio y la pérdida del poder.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El Mural de Ojeda

Por: Marcelo Morán

Era un tanque viejo y sombrío que parecía pertenecer a una época muy gris. Fue la impresión que me dio cuando lo vi por primera vez en el año 1990, tiempo en que decidí radicarme en Ciudad Ojeda. Había sido abandonado desde hacía tres década atrás por el INOS, y desde ese período se conocía como el monumento a la sed más grande del siglo XX.

Entraba la década de los noventa y por los signos que mostraba prometía ser una etapa de grandes cambios para el futuro del país. Edinson Martínez también lo avizoraba, y animado por un arrebato de inspiración casi sublime, decide enfrentar un reto: cambiarle el rostro al ordinario coloso de 42 metros de altura y convertirlo en una joya de arte urbano, que sería el primero en su género en el estado Zulia.


Para ese fin se acompañaba del reconocido artista plástico, profesor Manuel Vargas, a quien se le encomendó el diseño y la ejecución de la obra. Inicialmente no fue una tarea fácil. Había que buscar fondos para acometer la propuesta con presentaciones y otros recursos de captación, llegándose incluso a vender lienzos y foto montajes de lo que sería el mural como una manera de ablandar la sensibilidad de sectores de la comunidad que aún se mantenían escépticos, y veían la idea de Martínez como una quijotada.

Lo primero que se le vino al profesor Vargas, fue realizar un muestreo de más de 1.200 fotografías que arrojó como resultado: todo un entorno gris. Las casas, las cabrias, el pavimento, el lago, tenían la misma tonalidad. Había un predominio de esa valoración en todo el poblado de Las Morochas, que obligó al viejo artista oriental a verter su creatividad en una composición que reflejaba su particular manera de concebir la naturaleza y donde hacía participar a través de un enrevesado juego de trazos y matices complejos la libre imaginación de los espectadores. El cilindro que nunca llegó a almacenar agua absorbió en sus paredes de 2.100 mts cuadrados, nada más, 800 galones de pintura (tipo poliuretano) de 200 tonalidades diferentes que garantizaría la vistosidad del arte por un lapso de quince años.

El Mural Más Grande -como se le llamó desde el principio- fue inaugurado el 13 de diciembre de 1993 con la asistencia de la gobernadora Lolita Aniyar y el pueblo de Ciudad Ojeda que se volcó de forma masiva para tomarlo como el símbolo que le faltaba. Tras la inauguración vino un tumulto de gente de distintas partes del mundo, -en su mayoría- representantes de medios especializados en arte, para dedicarle grandes reportajes y calificarlo como el mural
más grande en su estilo en Latinoamérica.

Después de transcurrir dieciséis años de su apertura, esta obra pictórica reclama una pronta restauración; actividad que no será fácil para La Fundación Cultural Ojeda 2000, quien lo dirige desde esa fecha, considerando que, el conjunto de empresas que una vez apoyaron su proyecto y lo hicieron una realidad, ya no podrán hacerlo; desaparecieron a causa de las recientes expropiaciones. Mientras tanto hoy frente a ellas, se alza hacia el cielo plomizo de Lagunillas la mole multicolor como una señal esperanzadora de que todo no se ha perdido sobre todo, para el golpeado pueblo de Las Morochas.