viernes, 5 de febrero de 2010

Cuatro febreros

Por: Fernando Luìs Egaña

El oficialismo es muy habilidoso en la práctica del "historicidio". Y ahora el ministro de Cultura anuncia un fondo especial para "el rescate de la memoria histórica", es decir para continuar promoviendo una versión de la historia venezolana que se entalle a las justificaciones retrospectivas de la llamada "revolución bolivarista". En esos tinglados el mes de febrero tiene una importancia casi mítica. Veamos.

El primer febrero del calendario rojillo es el de 1989. "El Caracazo" se presenta como el hecho precursor del socialismo del siglo XXI.

Su exaltación se hace de una manera tan fuera de contexto, que las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por los efectivos militares se envuelven y silencian en un discurso apocalíptico en contra de la democracia representativa.

Tal es el delirio, que el señor Chávez anda formulando retorcidas analogías para amenazar a sus adversarios con nuevos "Caracazos"...

El segundo febrero, claro está, lo encarna el intento de golpe de Estado del 4F de 1992. En los anales de boinacolorá, la auto-apología de aquella insurrección castrense se equipara -y hasta empalidece- al 19 de Abril, el 5 de Julio o el 23 de Enero.

El meta-mensaje, como dirían los expertos, no es tan difícil de discernir: es en el golpismo y no en la política cívica donde se encuentra la legitimidad del poder. De allí que la consagración continuada del 4F termine siendo un estímulo para los uniformados que de pronto consideren que también les toca su hora gloriosa.

El tercer febrero se remonta a 11 años atrás, cuando empezaron los períodos presidenciales del señor Chávez. Y no importa que en ese tiempo el novel mandatario se esmerara en presentarse como un reformista civil alejado de los extremismos ideológicos, porque según la historia oficial el 2F de 1999 se inició la transición hacia la patria socialista y revolucionaria conforme a las coordenadas ejemplares de la revolución cubana.

Y el cuarto febrero lo estamos viviendo y padeciendo el conjunto de los venezolanos. Es el resultado de una década larga de división, desgobierno y destrucción.

Sus símbolos no están en una pretendida rebelión libertaria o en un triunfo electoral de amplia expectativa. No. Se representa por el racionamiento, la escasez, la carestía, la violencia delictiva, la represión, y la desmejora acelerada de la realidad nacional en todos sus ámbitos.

Es el llegadero de tanta insania en función gubernativa: la que hizo posible el malbaratar una de las mayores oportunidades de cambio positivo que haya tenido la trayectoria venezolana.

Y toda la palabrería que se vierta para conmemorar el primero, segundo y tercer febrero, ya no será suficiente para esconder la tragedia del cuarto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La palabra libre

Por: Juan Miguel Matheus

A pesar
de haber sufrido altos costos por ensañarse en contra de RCTV y de la libertad de expresión, ahora Chávez amenaza con juzgar a nuestro más refinado e inteligente humorista: Laureano Márquez.

¿Por qué? Porque Laureano lleva once años diciendo la verdad sobre este régimen, revistiéndola de humor y chispa criolla, lo cual la hace calar con más hondura en los corazones de quienes luchamos por una Venezuela sin Esteban.

Esta situación demuestra una vez más que la verdad es el arma más poderosa para pulverizar a un régimen totalitario. Laureano, al igual que RCTV, son símbolos de la dignidad de la palabra libre. Ésta deriva derechamente de la dignidad de la conciencia. Es su máxima expresión.

El contenido de la palabra libre es el contenido de la conciencia, que se comunica, que se manifiesta fuera de la propia interioridad.

Ello implica un proceso radicalmente humano que está en la base de la convivencia política: a través de la palabra libre vertemos sobre otros lo que nuestra conciencia señala en relación con lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto. Con la palabra libre comienza el diálogo interpersonal para compartir el bien del cual gozamos o el mal que padecemos.

En nuestro caso la palabra libre es el conducto para hacer patente que este régimen es totalitario, que pretende el control absoluto de todas las esferas de la vida de los venezolanos, que se sostiene por la mentira, la violencia y el miedo y que ha destruido el país hasta niveles insospechados.

O dicho de otro modo: la palabra libre nos permite a los venezolanos gritar con Laureano una verdad evidente para todos, incluso para los chavistas: que Chávez es la mayor fuente de nuestros males presentes.

Pero lo más importante es que Laureano nos enseña que al totalitarismo se le derrota afirmando la dimensión espiritual de la persona humana. El totalitarismo es un intento de aniquilar la espiritualidad del hombre.

Por eso el camino para derrotarlo es, precisamente, la exaltación del espíritu. Ello supone una disposición a sobrellevar el sufrimiento infligido por la brutalidad del poder. La dignidad de la palabra libre se acrecienta con la resistencia al mal.

A Laureano lo podrán encerrar en un calabozo pero no mudarán su conciencia ni destruirán el resplandor de su palabra libre. Cuando se le preguntó por Twitter si tenía miedo, respondió: “Sí. Pero lo aguanto como Jesucristo, que tuvo miedo y dijo: Abba Pater, hágase tu voluntad”.

Respuesta preñada de magnanimidad, reflejo de su finura interior. Allí está la clave para actuar según la conciencia y comprender que el sufrimiento causado por Chávez nos puede ganar méritos para la eternidad. Ése es el sentido de la frase “La verdad os hará libres”, que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo. Ésa es la senda para una Venezuela sin Esteban.

martes, 2 de febrero de 2010

El cronista

Por: Marcelo Morán

Un anciano llegó con su nieto a pernoctar en un paraje que servía de punto de encuentro a numerosos viajeros que venían de la Alta Guajira así como los que regresaban de Maracaibo. Después de bajar de sus monturas, sacudieron a sombrerazos el polvo adherido a sus cuerpos y se dirigieron de inmediato a quien fungía como posadero en un bohío, techado a medias con palmas y completado armoniosamente con fibras resecas de cardón.

La noche estaba por caer y no había mejor escenario que ése sitio colocado adrede en medio camino para el descanso de los que aspiraban recorrer –como era el caso particular de ellos– una distancia superior a los doscientos kilómetros y con un incómodo arreo de vacunos.

El adolescente de catorce años, más que cansado estaba aburrido. Deseaba caer en un profundo sueño para despertar al otro día en Veritas y ahorrarse casi un mes de viaje a través de la sabana bulliciosa y polvorienta.

Un rato después, la tertulia dominaba el auditorio a cielo abierto donde un cacho de luna parecía imitar la forma de los chinchorros colgados por la decena de noctámbulos que allí se guarecían. El muchacho quería dormir pero era perturbado a cada momento por el rumiar de los animales, que se concentraban como sardinas en un corral hecho con cardones; sembrados pacientemente en forma rectangular, hasta que de pronto, fue derribado por el tropel de una narración muy bien llevada por la voz ronca de un hombre de elevada estatura que acababa de llegar, y cuyo comienzo era así:

“Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha”.

Y el final era de esta manera:

“Transcurre el tiempo prescrito por la ley para que Marisela pueda entrar en posesión de la herencia de la madre, de quien no se ha vuelto a saber noticias, y desaparece del Arauca el nombre de El Miedo y todo vuelve a ser Altamira”.

Esa noche nadie durmió comentando el relato que duró cuatro horas y dejó pasmados a todo el auditorio, entre ellos el muchacho.

Diez años más tarde, en 1949, el joven abandonó a su abuelo y fue a labrarse un mejor destino a las haciendas de Santa Bárbara del Zulia, que permanecer sin esperanza en la aridez de la remota península. Ya antes había estudiado la primaria en Paraguaipoa bajo la tutela del recordado maestro Orángel Abreu Semprún.

Allí permaneció varios meses como jornalero hasta ser reclutado y llegar a cumplir con el servicio militar en la ciudad de Caracas. Estando allá en una barraca, otro soldado compañero de litera le facilitó un libro: Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Lo leyó de cabo a rabo en dos días y pareció regresar con la lectura a aquella borrascosa noche del año 1939, cuando la oyó de boca de aquel narrador extraordinario. Un torbellino de dudas e interrogantes empezaron a asaltarlo.

¿Cómo pudieron recoger en ése libro aquel relato trasnochador de su adolescencia?

Y así poco a poco comenzó su investigación. Gallegos estuvo en la Guajira en el año 1941, es decir, dos años después de haber escuchado con su abuelo aquella historia tan fascinante, ¿entonces, cómo llegó a boca de aquel viajero?

El ejemplar de la obra que tenía en sus manos le dio algunas pistas: era una edición del año 1948 y en sus páginas preliminares se apreciaba que, Doña Bárbara, había sido publicada por primera vez en España en el año 1929: diez años antes de aquella grata narración.

Tan pronto fue dado de baja, en año 1951, encontró trabajo en la CANTV: en el cuartel se había especializado en equipos de telecomunicaciones. Ese mismo año conoció por casualidad a los profesores Ángel Rosenblat, Miguel Acosta Saignes, Walter Depuy y Marta Hildebrant, quienes trabajaban en un proyecto sobre lenguas indígenas dirigido por la Universidad Central de Venezuela y de la que no tardó en formar parte. En el año 1953, gracias a su asesoría se editó el primer diccionario Español Guajiro que se constituyó en un acto de justicia para nuestra olvidada etnia zuliana, de cuya existencia se sabía muy poco en esa Venezuela de entonces, en la que se llegaba a creer que, su referencia en la novela Sobre la Misma Tierra, no era más que el producto de una ficción bien llevada por la pluma de Gallegos, ambientada en un escenario tan inverosímil, que parecía no pertenecer a este mundo.

Después del éxito alcanzado por aquella publicación, se le permitió tener un espacio en una revista mensual del Ministerio de Justicia, que a la sazón, tenía a su cargo la defensa de los derechos indígenas. Aunque no fue un muy prolífico, sus escritos siguen siendo hoy fuente de consulta para los investigadores. Y fue así como en una temporada de vacaciones retornó a la Guajira para despejar aquella inmensa duda sobre Doña Bárbara. Preguntando aquí en otras partes, dio con el paradero del cronista a quien logró entrevistar, y al momento de preguntarle como había hecho para conocer la trama de la novela de Gallegos, respondió con la candidez digna de un santo:

“Me la contó un paisano que trabajaba conmigo en una hacienda de Perijá, hace tiempo: él sabía leer libros; en cambio yo, no tenía la menor idea de lo que era una letra del lenguaje de los alíjunas. Nunca fui a la escuela”.

Como el idioma wayuunaiki no tiene escritura propia, sus hablantes compensan con la memoria esa limitación, tal como se ejemplifica en el caso del genial narrador que se atrevió a contar en una noche de viento la novela Doña Bárbara a sus coterráneos, y entre los que se encontraba José Antonio Polanco de, sólo catorce años.

Luego de vivir varios años en Caracas, retornó a su terruño; la capital nunca lo deslumbró y lo apartó de su gente. Como cosa extraña, jamás volvió a escribir ni siquiera un párrafo sobre tantas cosas hermosas que todavía atesoraba y merecían ser conocidas para la posteridad, pero un día en la que me tocó visitarlo a su casa, apeló una vez más con asombrosa lucidez a su memoria, –como hacen todos los wayuu– y me contó ésta anécdota en el año 1984, después de transcurrir más de cuatro décadas de su audición en la Guajira.

José Antonio Polanco, era sin dudas el pionero de los escritores wayuu y pertenecía con mucho orgullo al clan Apshana, que tiene como símbolo totémico al zamuro. El resto de su vida lo pasó trabajando como radiotécnico al lado de sus tres pequeños hijos en un caserío de la comunidad de La Paz, en el municipio Jesús Enrique Lossada.

Murió el 04 de octubre de 1990, a los sesenta y cinco años de edad, en Maracaibo, rodeado por sus familiares y muy distante del fragor de su tierra natal.

El pagapeos

Por: Ender Arenas

Este Gobierno ha logrado crear una nueva categoría de funcionario, se llama el pagapeos. El pagapeos es el culpable de casi todo, obviamente, de todo lo malo. ay varios tipos de pagapeos. Está el pagapeos eléctrico, se caracteriza porque cuando el Presidente lo regaña en público, casi siempre en domingo, porque el racionamiento no le fue consultado termina por hacerse invisible y nadie más sabe nada de él.

Sin embargo, el pagapeos eléctrico, durante el regaño, se pone colorao de la arrechera, pero no dice nada, llega inclusive aplaudir y reírse del regaño y hasta pronuncia en alta voz: "Lo tengo merecido, Presidente, dígame más cosas horribles, póngame en evidencia frente a mis hijos, a mi mujer y mis padres. Usted tiene razón, le agradezco que eso de animal, haragán y cómplice del imperialismo sea muy poco, gracias por su condescendencia". Es importante decir que una vez a solas el pagapeos eléctrico comienza a gimotear y hace ruiditos como de fusible fundido. Esto es lo que dicen los últimos que pudieron ver al ex ministro Rodríguez cuando llegó a su casa y gritó: "desenchufen todo porque lo próximo que me van a quitar es el contrabando de luz". Hasta ahora nada se sabe de él. Este pagapeos se le conoce como desaparecido en combate.

Tenemos el pagapeos bancario, este funcionario durante un rato goza de privilegios y protección del alto gobierno, llega inclusive a amasar una gran fortuna y se amiga con los más influyentes funcionarios quienes lo abrazan, lo amapuchan, y lo ponen de ejemplo de verdadero banquero. Pero, luego, les llega la mala hora. ¡Ay, papá! El líder ordena que los metan presos o los persiguen, que le allanen sus casas y los obliga a salir casi en interiores a las islitas del caribe donde lloriquean y cabildean con los viejos amigos que les amenazan con quedarse con "lo suyo".

El pagapeos reiterativo, su mejor ejemplo, es Jesse Chacón, quien ha sido varias veces pagapeos, una y otra vez el líder lo revienta, algunas veces con consecuencias hasta en el núcleo familiar. Este pagapeos siempre espera ser llamado para volver a pagar los peos de quien es un maestro tirándoselos y mucho mejor tapándose la nariz y decir: "Uju, si hiede, yo no fui".

Hay otros, por ejemplo: el pagapeos eruptivo, pagapeos afroamericano, el pagapeos de ojos glaucos y bellos, el pagapeos religioso y muchos más, pues el líder siempre busca y encuentra.

sábado, 30 de enero de 2010

A Julio César por siempre

Por: Edinson Martínez

La semana pasada se nos fue Julio César Màrmol. Una llamada telefónica de un viejo amigo me preguntaba sobre el comentario que en twitter circulaba sobre su deceso que aún no registraban los medios de comunicación social. La verdad no supe que decirle y no teniéndo otra idea mejor de inmediato llamé al teléfono de Julio César... después de varios intentos el celular sonaba apagado. Al rato recibí de Jackelin la respuesta que no quería escuchar: ¡Julio César murió!.

Cada quien tiene su modo particular de recibir y procesar en segundos este tipo de noticias, algunos como yo, simplemente nos quedamos callados y en microsegundos una película -¡que mejor modo de recordar a un amigo como julio César que con una película imaginaria que nos llena la memoria con esos retazos de momentos compartidos!- se mete en nuestros ojos con las imágenes de nuestro ser querido.

Tuve la ocasión de conocer a Julio César hace unos cuatro o cinco años atrás, fue una especie de amistad a primera vista, con la facilidad con la que seguramente muchos de sus amigos más cercanos descubrieron en él; al poco rato ya estábamos hablando de literatura, cine y su devoción por el tango. Todo a un mismo tiempo con su voz grave y de trueno con una confianza como si hubiésemos sido amigos de siempre. Comenzamos la grabación, después de seleccionar durante un domingo agotador de siete a siete, de la mañana a la noche, los actores y actrices que harían la primera radionovela de esta parte del Venezuela -Ciudad Ojeda- en una versión de "Filómena Marturano", con voces locales, su adaptación y dirección personal.

En los momentos libres y durante otras ocasiones, me animaba a mostrarle parte de mis relatos cortos escritos bajo el influjo de esa pasión solitaria, eventual debo decir, y de intensa devoción cuando buscaba el tiempo adecuado, a la que he querido dedicarme con mayor propiedad. En algùn momento a mitad de lectura me preguntò:
-¿Tú eres economista, verdad?
-Sí-le respondí, y con un gesto que debió haber sido muy propio de él. Me dijo:
...¡que economista del carajo...! Dedìcate a escribir, escribe todo lo que se te ocurra, escribe poesía, cuentos, escribe...

A Julio César le debo la publicación de mi relato 1214 -ése es su titulo- por el Instituto de Cultura Peruana en el libro "Narradores y Poetas del 2006" y la promesa de publicación que aún espero por concretarse de "En tus ojos negros de ayer" de Trazo Literario, en Cordoba, Argentina.

Compartir con Julio César, de tenerme entre sus tantos agregados en su lista de messenger y de vez en cuando pedirle una opinión "en caliente" por la internet, significó para mi una experiencia inigualable. Agradezco a su gesto humilde y siempre atento el que me dedicara con mayor seriedad a escribir. Agradezco a la vida los momentos que compartimos y su estímulo siempre oportuno. A Julio César por siempre en nuestros recuerdos.

viernes, 29 de enero de 2010

Se acaba el tiempo

Por: Leonardo Atencio
Los estudiantes universitarios nuevamente se convirtieron en la vanguardia de la protesta. Con su sencilla frase "Tas ponchao" retaron, frente al país, la intolerancia de las fuerzas represivas del régimen, las cuales actuaron con sevicia para acallar ese grito silencioso -graficado en una pancarta-, cuando se transmitía por televisión la final del béisbol profesional.
Este país que parece de "comiquita" -expresión de un locutor del béisbol- con un Presidente que, en pleno siglo XXI, se autodefine como marxista -aunque milita en el capitalismo salvaje- mientras niega el progreso y hunde en la pobreza a la población con su incompetencia, ineficiencia, despilfarro y corruptelas de todo tipo; sus improvisadas como desacertadas políticas públicas y decisiones que limitan en grado máximo la difusión del conocimiento y la información.
Desquiciado por el poder, lleva 11 años afanado en construir una sociedad socialista destruyendo sistemáticamente a las instituciones, los medios de producción; secuestra a los poderes del Estado e impone el culto a su persona, un militarismo de nuevo cuño y el pensamiento único, mediante una "inoculación ideológica".
En este contexto, valoramos altamente la respuesta multitudinaria de la población a la convocatoria a marchar el 23 de enero y al espíritu de lucha de los estudiantes universitarios que, encarnando los deseos libertarios de los venezolanos, alzaron su voz vigorosa para reclamar sus derechos, el cierre de empresas de televisión; las aspiraciones de una vida mejor y la solución "evolutiva y pacífica" al problema político nacional, la cual pasa por la libertad de los presos políticos y el regreso de los exiliados para el restablecimiento de la paz pública.
Un deseo que se comenzará a cristalizar en las elecciones de septiembre 2010 pero que requiere del esfuerzo mancomunado y unitario de hoy para restañar las heridas que el "caudillo" ha causado a la sociedad.

Una época de oscurantismo

Por: Àngel Lombardi
Manuel Caballero, en un artículo oportuno y pertinente titulado La era del oscurantismo (El Universal 17-01-2010) desarrolla la idea del atraso y la tragedia que ha propiciado este Gobierno. Su líder se ha proclamado "marxista" en plena crisis eléctrica con sus apagones programados, sin haberse enterado que en la revolución bolchevique, liderizada por Lenin e inspirándose en Marx, la consigna era "Marxismo más electricidad", para significar que la revolución para ser efectiva tenía que cambiar las bases materiales de la sociedad y desarrollar una economía industrial moderna como requisito indispensable para implantar el marxismo. Para Marx, la revolución era distribución de la abundancia y no como está ocurriendo en este proceso que lo que está es destruyendo la producción y distribuyendo la miseria.
El líder socialista español Felipe González decía muy acertadamente que el socialismo es un sentimiento y una visión noble, pero que el Gobierno no es otra cosa que la gerencia y la administración eficiente para garantizar la solución práctica de los problemas y las necesidades de la gente. La inseguridad, el alto costo de la vida, la falta de trabajo y vivienda, el deterioro general en los servicios y particularmente en los últimos tiempos el de la electricidad, no se resuelven ni con retórica ni con ideología. Las necesidades y los problemas de la gente no son de izquierda ni de derecha, de allí que en la sociedad moderna lo que hay son buenos o malos gobiernos. Gobernantes competentes o incompetentes, honestos o deshonestos. En consecuencia, después de 11 años de confrontación estéril e ignorancia atrevida, lo que tenemos es un retroceso evidente y un alejamiento progresivo de las expectativas de progreso que en algún momento tenían la mayoría del pueblo venezolano.
La historia es fundamentalmente hacia adelante, pero en ciertas circunstancias, una sociedad enferma o anímica puede eventualmente apoyar un proyecto político anacrónico y reaccionario, hasta que la realidad los haga despertar como aparentemente pareciera estar ocurriendo en nuestro país. No tengo la menor duda que con el paso del tiempo y en la mirada retrospectiva del historiador, la idea que tenderá a prevalecer para identificar estos últimos años es el de una época de oscurantismo.

miércoles, 27 de enero de 2010

El libro de la risa y el olvido

Por: Edinson Martínez

“En febrero de 1.948, el líder comunista Klement Gotwald salió al balcón de un palacio barroco de Praga para dirigirse a los cientos de miles de personas que llenaban la Plaza de la Ciudad Vieja”. Así comienzan las primeras líneas de la obra: El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera, por cuya publicación en 1.979 fue acusado de traidor a la patria y privado de su nacionalidad. Hay una facilidad tan inverosímil como ridícula en todos los regimenes autoritarios para acusar de agentes extranjeros y traidores a la patria a quienes se les oponen. Ha sido desde siempre una forma de liquidar cualquier discusión política; no por la calidad argumental de ella; sino por la descalificación artificiosa de actores políticos adversos. Con el tiempo se ha convertido en una especie de libreto o guión para el ejercicio y debate político. Es de una simpleza estúpida y menospreciada a veces como herramienta descalificadora. Pero es en efecto, letal, porque concita en las mayorías de menor agudeza analítica, sentimientos de patriotismo que los moviliza. En su momento usada por los comunistas, los nazis, los fascistas y también por nuestros autócratas tropicales con las pavorosas consecuencias de persecución y muerte que ocasionaron en cada rincón del planeta.

“Gotwald estaba rodeado por sus camaradas y justo a su lado estaba Clementis. La nieve revoloteaba, hacía frío y Gotwald tenía la cabeza descubierta. Clementis, siempre tan atento, se quitó su gorro de pieles y se lo colocó en la cabeza a Gotwald. El departamento de propaganda difundió en cientos de miles de ejemplares la fotografía del balcón desde el que Gotwald, con el gorro en la cabeza y los camaradas a su lado, hablaba a la nación. Hasta el último niño conocía aquella fotografía que aparecía en los carteles de propaganda, en los manuales escolares y en los museos”.

Todos los autócratas han tenido un balcón para hablarle al pueblo – desde Mussolini hasta Perón –, se han creído imprescindibles para “el proceso” – uno tendría que preguntarse qué clase de proceso puede ser ese que depende de una sola persona – y desplegado el “culto a la personalidad” – expresión acuñada por la propia izquierda y de uso frecuente en los tiempos posteriores a Stalin, cuando se denunció la perversión de haber convertido en política de Estado los designios personales de inescrupulosa magnitud del jefe supremo – en proporciones demenciales para sembrar en el inconsciente colectivo la cara y el nombre del líder del proceso. Sólo los ingenuos en Venezuela pueden creer que un “comandante en jefe” no es una nueva versión de un autócrata y que la reelección indefinida no es la piedra angular de esta versión reencauchada en el siglo XXI de una autocracia. Podrá adornarse con palabrotas cargadas de luchas históricas, de ideología, – tal vez sería más apropiado decir de “ideas” – de afirmaciones justicieras y de redención social; pero en el fondo del asunto la verdad no es otra que el ejercicio continuado del poder hasta que el “cuerpo aguante”; no es nada nuevo eso en la historia nacional y mundial. Gómez estuvo en el gobierno hasta su muerte y se valía de cualquier argucia para hacer modificar la constitución y prolongar su estadía en el poder. Lo mismo intentó Pérez Jiménez. Los jerarcas comunistas estuvieron en el poder hasta su muerte, desde Mao hasta Brezhnev, pasando por Tito en la extinta Yugoslavia; y aquí mismito, en Cuba, Fidel estuvo hasta que el cuerpo no le dio para más. En su lugar…dejó a su hermano…

“Cuatro años más tarde a Clementis lo acusaron de traición y lo colgaron. El departamento de propaganda lo borró inmediatamente de la historia y, por supuesto, de todas las fotografías”.

lunes, 25 de enero de 2010

¿Por qué odia tanto a RCTV?

Por: Manuel Malaver

De los estudios de RCTV no salen bandas armadas ni de otro tipo a limpiar calles y casas de teleaudientes que no sigan su programación o simplemente opten por ver la televisión que les plazca. Tampoco programas al margen de la ley que ofendan al público con groserías y calumnias y fomenten vicios, retaliaciones, odios, miedos y venganzas que contribuyan a la corrupción, la perversión y la subcapacitación de los venezolanos y de otros nacionales. Y mucho menos denuncias que no estén sustentadas por los hechos y los denunciantes, ni llamados a luchar contra la neodictadura de Chávez por vías que no sean las establecidas en lo deberes que nos impone la constitución y propenden a que sea el pueblo y no las élites, la paz y no la guerra, la democracia y no la arbitrariedad la que saque del poder al peor gobierno que ha conocido Venezuela en toda su historia.

Pero hay más, mucho más: el 27 de mayo del 2007 la satrapía de Hugo Chávez en nombre de la fuerza, del odio, el miedo y la intolerancia le arrebató la señal abierta a RCTV, le robó sus equipos y obligó a convertirse en una estación de televisión de cable por suscripción, de programación internacional y lo más alejado posible de la realidad nacional, en la intención de aislarla, hundirla, desaparecerla, estrangularla y desarraigarla del público que la había seguido durante 57 años. Resultó, sin embargo, lo contrario, pues RCTV está como nunca clavada en el corazón de los venezolanos, su programación es seguida en cientos de miles de hogares humildes que hacen sacrificios para adquirir su suscripción, y si no, sus programas preferidos, noticieros, de opinión, telenovelas y concursos educativos son quemados tan pronto se trasmiten y vendidos en plazas, calles y avenidas de todo el país.

O sea, que Chávez logró la hazaña de convertir a RCTV en un mito, en una leyenda que expresa como pocas la decisión -más allá de lo improbable y casi de lo imposible-, de un grupo de compatriotas por permanecer, por continuar en la pelea, por seguir siendo útiles, unidos a la causa de los demócratas de esta y otras latitudes y, sobre todo, transformados en bastión de la lucha porque Venezuela vuelva a ser la tierra ejemplar en el ejercicio de las virtudes cívicas que le fueron arrebatadas hace 11 años, cuando un teniente coronel decidió hacerla su hacienda personal.

Si se va, en efecto, un día cualquiera a las instalaciones de RCTV en la esquina de Bárcenas, (y ese es, semanas por medio, mi caso), nos encontraremos siempre con una comunidad mayormente joven de hombres y mujeres entusiastas, alegres, de inmensa vocación y enorme profesionalismo, realizando segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora y día a día, lo que mas desean y saben hacer: amar a Venezuela.

Es, si se me permite el símil, como ir a un taller metalúrgico donde, unos alimentan la fragua, otros la atizan, otros apilan el metal, otros lo limpian, otros lo introducen y todos lo ven transfigurarse por el milagro de la llama ardiente, viva, pura, brillante e inapagable. Y ahí nace el acero bruñido de la imagen y la palabra honradas, buenas, valientes, patrióticas, intraficables, ciudadanas, pluralistas, tolerantes, democráticas y decididas a hacer los sacrificios que sean necesarios porque la imparcialidad, la objetividad y transparencia de la ley vuelvan a imperar en el país.

Del acero que espanta tiranos, hace crujir dictadores y le quita el sueño a cuanto corrupto y malviviente se ceba en los recursos de Venezuela y de los venezolanos. Y aquí llegamos al tema crucial de este artículo, a la respuesta a la pregunta del título “¿Por qué Chávez odia a RCTV?” Pues, básicamente, porque RCTV lo ha derrotado y lo seguirá derrotando en todos los escenarios y teatros donde se le ocurra desafiarla, que es tanto como decir, que lo seguirá devaluando, destartalando, desenmascarando, humillando, quitándole la carera y presentándolo como lo que realmente es: un pichón de dictador, cobarde y huidizo que ni siquiera tiene el coraje de asumir sus actos.

Una nada, en fin, si por tal se entiende: haber hecho una pésima carrera en las FAN, fracasar en lo que fue su vocación más centrada, ser un pitcher regular del beisbol de caimaneras, colapsar en un golpe de estado y llegar a la presidencia de la república por otra vía que no fueran la mentira, el fraude, la estafa, la hipocresía, la zancadilla, el humillarse y llorarle a sus enemigos cuando fueron poderosos y luego despotizarlos cuando sucedió lo contrario.

Un individuo que es un disparate en si y per se, como que a los 54 años no sabe todavía qué es lo que es, o va a ser, si marxista, cristiano, republicano, realista, católico, protestante, marciano, terráqueo, venezolano, cubano, conductor de programas de televisión o de revoluciones, y que cultiva el vicio de adorar, idolatrar, a los hombres de fuerza, a los violentos, a los duros, a los arbitrarios donde quiera que se encuentren, y ya sean de este u otros siglos, o estén en este u otro país. Un alucinado que declara guerras como se cambia de camisa para después olvidarse de ellas, que emite insensateces como esa de que el terremoto de Haití fue provocado por EEUU, y al cual le cortan la luz y desalojan de ruedas de prensa en países extranjeros por violentar normas urbanas.

Lo peor, sin embargo, es que en 11 años de desgobierno, Chávez, destruyó a Venezuela, lo que encontró de Venezuela, reduciendo a ruinas su infraestructura, pulverizando sus servicios, anulando la seguridad personal y social, haciéndola dramáticamente deficitaria en viviendas, escuelas, hospitales, carreteras, caminos y permitiendo que maleantes de todo tipo sean los que transitan y mandan en sus calles. Una sociedad donde ya no es seguro tener luz y agua, porque cortes de estos dos servicios están a la orden del día y tienden a extenderse y profundizarse y los suministros de alimentos escasean, cada día se tornan más caros y ruedan hacia la aplicación de la fatídica libreta de racionamiento.

Una auténtica catástrofe que, aunada a la quiebra del aparato productivo, de la administración de justicia, y de la corrupción endémica, generalizada, impune y favorecida por las políticas oficiales, nos arriman a la definición de país del “Cuarto Mundo”. Hace 3 semanas, por ejemplo, Chávez devaluó el bolívar frente al dólar hasta un 100 por ciento, desenterrando una medida de política económica que ya había desaparecido del argot y la agenda de los países civilizados, pero que ha regresado con las ideas rupestres, anacrónicas y decimonónicas del teniente coronel, quien todavía habla de marxismo, sustitución de importaciones y socialismo.

Un reguero de antiguallas a nombre de las cuales despilfarró un BILLON DE DOLARES, que fue el ingreso del país durante los 5 años del ciclo alcista de los precios del crudo y que le fueron insuficientes para financiar a los gobiernos de sus aliados en Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina y con los cuales buscaba una Santa Alianza para destruir la libertad, la democracia y el estado de derecho. O sea, de todo lo que los hombres y mujeres de RCTV nunca contemplarían con los brazos cruzados, imparcialmente, pensando en los negocios, prestándose a componendas con los poderosos y el poder y contra todo lo que lucharán, batallarán y denunciarán mientras en sus estudios quede una cámara y un micrófono encendidos.

Por último, mi solidaridad con Marcel, Eduardo, Eladio, Oswaldo, Nestares, Javier, Mónica, Alcides, Diego, Miguel Ángel, Roberto, Luisiana, Fausto, Shirle, Berenice, Jaime, Eréndira, Laura, Jennifer, con los cientos de trabajadores que permiten que mi palabra, como las de tantas voces disidentes, lleguen a Venezuela y al mundo y que están decididos otra vez a dar la batalla por Venezuela y la libertad de expresión… sin traicionarlas, mediatizarlas, entregarlas, ni negociarlas.

sábado, 23 de enero de 2010

Violencia y concertación

Por: Oswaldo Barreto

En 1928, Curzio Malaparte escribía: "En casi todos los países, al lado de los partidos que manifiestan su decisión de defender el Estado parlamentario y de practicar una política de equilibrio interior, es decir, liberal y democrática (son estos los conservadores de todos los matices, desde los liberales de la derecha hasta los socialistas de la izquierda), hay partidos que plantean el problema del Estado en el terreno revolucionario: son los partidos de extrema derecha y de extrema izquierda, los catilinarios", es decir, los fascistas y los comunistas.

Los "catilinarios de la derecha temen el desorden. Acusan al Gobierno de debilidad, de incapacidad, de irresponsabilidad. Defienden la necesidad de una sólida organización del Estado, de un control severo de la vida política, social, económica. Son los idólatras del Estado, los partidarios de un Estado absoluto.

En un Estado centralizador, autoritario, antiliberal, antidemocrático es donde ven la única garantía de orden y libertad, el único dique contra el peligro comunista.

"Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado", afirma Mussolini. Los catilinarios de la izquierda apuntan a la conquista a la conquista del Estado para instaurar la dictadura de los obreros y de los campesinos. "Allí donde hay libertad no hay Estado", afirma Lenin".

Representan estas palabras el núcleo del prólogo que el mismo Curzio Malaparte colocara a su libro Tecnica del colpo di Stato, publicado por primera vez en Francia en 1931 y sólo en 1948 en el país donde habían sido escritas por el autor, cuando era militante activo del fascismo.

Y han sido tan celebradas y tan apasionantemente discutidas desde entonces las complejas y originales tesis que el autor sostiene sobre el golpe de Estado como vía de conquistar y ejercer el poder, que la sagaz clasificación de los regimenes políticos presentadas en el prólogo (y aquí citadas en extenso) es casi desconocida en los predios de la política y de la politología.

No obstante no hemos traído esas imponentes palabras, los platillos de nuestra Balanza, con el ánimo de desagraviar a nuestro apreciadísimo autor, sino para resaltar la actualidad que en estos tiempos de globalización tiene la contraposición de fondo y forma que el autor establece entre las corrientes políticas que consideran que el poder debe ejercerse por métodos violentos y los que consideran que todo acto de poder debe realizarse a través del diálogo y la concertación.

Es lo que en estas tierras o en tierras remotas podemos ver hoy día: ya no es cuestión de limitarnos a considerar a los regímenes como dictaduras o democracias, distintas por ser de izquierda o de derecha, o por buscar implantar el socialismo, el capitalismo o alguna otra híbrida forma, pre o posmoderna. Malaparte nos habla de los verdaderos fantasmas que hoy recorren el mundo.

Seguridad en las ciudades

Por: Juan Carlos Pinzòn Bueno

Este tipo de problemas, a diferencia de las amenazas del narcoterrorismo, tiene experiencias internacionales exitosas que se deben analizar para encontrar soluciones estables y de largo plazo. Es una mala idea llevar a la opinión pública a pensar que debe escoger entre el falso dilema de la seguridad democrática versus la seguridad ciudadana, como si fueran cosas distintas, o la segunda no estuviera contenida en la primera.

Es indudable que muchos de los males que afectan la seguridad en ciertas ciudades están interconectados con la violencia del narcotráfico y el terrorismo. Así que aislar los esfuerzos locales del esfuerzo nacional sería un gran error. Es importante notar que el sistema acusatorio está haciendo agua. Buena parte de los logros de las fuerzas armadas se desvanecen, pues los criminales salen rápidamente a la calle. Por otra parte, los logros de las fuerzas armadas desestabilizan a los grupos armados y generan una desmovilización sustancial que, en adición a las desmovilizaciones de los grupos ilegales de autodefensa, han llevado a las ciudades nuevos actores que buscan oportunidades, pero que por sus antecedentes, si no las encuentran pueden caer en el delito. Algo similar se vivió en El Salvador y Guatemala al final de sus conflictos, la paz llegó con más criminalidad en las ciudades. En el caso colombiano, esto se anticipaba y de hecho el mayor incremento en la Policía en los últimos años, y en equipos de movilidad, comunicaciones, inteligencia y laboratorios de policía judicial precisamente buscan comenzar a atender esas expectativas.

Mirando hacia adelante, es importante notar que incrementar el pie de fuerza policial tiene un impacto fiscal a mediano plazo y por lo mismo cada vez es más importante balancear el personal con tecnologías que sirvan de multiplicadores de la fuerza disponible. Por ejemplo, centros de comando, control y comunicaciones para la vigilancia son necesarios para reaccionar con oportunidad y efectividad. Redes de sensores, como cámaras y teléfonos de emergencia contribuyen a potenciar la efectividad de los policías. El profesor Steven Levitt, de la Universidad de Chicago, identificó que es más y mejor dotación de la Policía lo que explica la caída del crimen en los noventa en las ciudades norteamericanas.

En las ciudades importantes en el mundo, la seguridad es prioridad de los gobernantes locales. Eso implica hacer estrategias que combinan el deporte, el empleo y la política social para arrebatar a los jóvenes del crimen, al mismo tiempo con una capacidad de vigilancia que disuada y actúe con contundencia frente a las distintas expresiones criminales. Se necesitan esfuerzos en los fiscos locales para responder a los retos que se tienen en cada ciudad con las inversiones apropiadas. Pensar que el crimen se resuelve simplemente exigiendo resultados a la Policía local pero sin estrategia y sin medios, no es prudente, menos aun efectivo y sin duda ventajoso para los criminales.

Nota 1: El presidente Chávez está llevando a Venezuela a un modelo que sólo trae pobreza y corrupción. Negar la iniciativa privada es perseguir los ejemplos de fracaso a lo largo de la historia.

Nota 2: Restablecer la justicia penal militar debe ser una prioridad. La justicia debe hacerse desde el conocimiento y la ecuanimidad. Así sucede en las democracias más reconocidas.

lunes, 18 de enero de 2010

"A mi que me importa"

Por: Edinson Martínez

El
presidente Hugo Chávez se declaró "marxista" la semana pasada en alocución presidencial. Menos mal que en esta ocasión se le ocurrió hacer esa precisión y no declararse musulmán, shiíta o budista. Es que son tantas y tan variadas ideas que han anidado en la mente del presidente, que no sería de extrañar que de un momento a otro nos sorprenda con alguna otra novedad, una exquisitez intelectual cultivada en esas largas horas de insomnio a las que alude con frecuencia.
Ahora bien, eso no es ningún problema y tampoco atributo que podría conferirle una dimensión humana especial al primer mandatario. Lo que pasa es que el comandante ha venido a descubrir a Carlos Marx a una edad en la que normalmente todos los demás ya nos hemos encontrado con él en nuestros años adolescentes. Llegas un poquitín tarde al marxismo para experimentar la misma emoción que han tenido generaciones en el mundo entero en sus primeros años de vida. Llegas cuando la pasión reveladora del marxismo ha pasado su prueba de fuego en la realidad. Cuando de inspiración revolucionaria y redención del hombre se transformó en el sistema màs conservador y represivo que la hsitoria humana haya conocido. Para la historia importa poco si esos sistemas portadores de lo que alguna vez se llamó "socialismo real" eran efctivamente marxistas o no, en nombre de éste se erigieron y sus perversiones se le apuntan en sus haberes.
Pero en fin, lo que si nos habría gustado, bueno a mi personalmente y unos cuantos más, para no hacer generalización alguna. Es que nos dijeras cómo resolverás la crísis eléctrica nacional, la inseguridad y la inflación por mencionar este trébol de problemas que amenazan en convertirse en los tres jinetes del apocalipsis de los venezolanos.
También tendríamos que haber escuchado, con abundancia de detalles, pormenores y sin chistes, la explicación de cómo es que en 11 años de gobierno (dos períodos de los viejos), ingresos petroleros "buchones" y un dominio político absoluto de la nación, hemos llegado a cuantificar los mismos males que teníamos antes de que llegaras. Que muchos de ellos se han agravado inexplicablemente y la comparación entre el pasado y el presente termine por reivindicar lo que en su momento ya era un desastre. Que ahora se nos diga "soy marxista" equivale para mi a decir: "estoy enamorado". Muchos de ustedes que ahora leen este artículo, tal vez digan conmigo: "a mi que me importa"
Un gobernante responsable tendrìa que rendir cuentas, un país organizado y centrado en sus prioridades tendría que exigir cuentas y reclamar soluciones. Un país donde su primera figura pública y ductor político cada vez que hace una alocución presidencial se diluya entre anecdotas, chistes, insultos y vociferaciones. No llega a ninguna parte, no tiene norte - por utlizar una expresión conocida, no faltará algun seguidor del comandante que diga: ...yyy por qué tiene que ser un norte... - , no atisba a definir su futuro como país de progreso y bienestar para la gente que le habita.