domingo, 11 de julio de 2010

El drama de ser taxista

Por: Marcelo Morán

Según reciente informe divulgado por la ONU, Venezuela tiene la tasa de homicidios más alta de Suramérica. El documento refiere además que, en la última data recogida en 2008, nuestra República Bolivariana tuvo un promedio de 52 asesinatos por cada 100 mil habitantes, que le otorga la no muy envidiable distinción en materia de seguridad, siendo superada por Honduras con (60,9) y Jamaica (59,5). Y los secuestros, ni hablar. Hace rato dejamos atrás los números de la convulsiva Colombia, que en este sentido ha implementado medidas más acertada para frenar su avance junto a otras ramificaciones. Y sobre estos flagelos que parecen irredimibles hoy en la sociedad quiero contarles una experiencia personal ocurrida en Ciudad Ojeda hace dos años, y sirva de reflexión a taxistas o cualquier persona que sale a la calle diariamente a cumplir sus compromisos.

Jamás imaginé que escribiría este relato después de caer el viernes 15 de febrero en manos de unos facinerosos. Pensé que ese iba a ser mi último día en este plano terrenal, pero la misericordia de Dios es tan grande… que hoy, puedo dar testimonio de ello.

En la entrada de la avenida Bolívar, de Ciudad Ojeda, dos muchachos –adolescentes- hicieron la característica señal para detenerme:

Vamos a El Danto –dijo uno, tras acomodarse de una vez en el asiento de copiloto, el otro lo hizo en el asiento posterior, quien no perdió tiempo para colocar en mi cabeza el cañón de una escopeta recortada, que traía oculta en un morral negro, parecido a la de un escolar:

–¡Quieto! Estáis secuestrao –dijo.

Al principio quise reír. No podía creer que ese fuera el propósito, porque hasta donde yo tenía idea, los secuestros estaban reservados sólo para gente acaudalada. ¿Qué podía ofrecer un taxista como yo, que hasta las 12:40 minutos de esa tarde, apenas contaba con 25 bolívares F, producto de cuatro acaloradas vueltas a la avenida Bolívar? Por Dios, me dije.

De allí fui conminado hacia otro sector de El Danto en busca de un tercer elemento, quien resultó ser el líder y más agresivo, al punto de amenazar con volarme los sesos, incluso si llegara a respirar profundo.

Luego me obligaron a tomar la vía a Bachaquero, a un tramo de la carretera “X”, donde tenía operaciones un pozo petrolero, y el que sería además el mejor sitio para ejecutarme.

En esas fracciones de segundo pensé sólo en Dios, a quien encomendé mi espíritu.

Con las manos atadas me hicieron arrodillar, y seguidamente me taparon los ojos. Sentí el frío de la muerte en mi nuca cuando el verdugo colocaba una pistola 9 milímetros para ajusticiarme. Sorpresivamente los maleantes cambiaron de parecer, después que un extraño motorizado emergiera del monte en sentido este-oeste y pasara a escasos cincuenta metros de donde nos encontrábamos. Ellos sintieron miedo ante la inesperada presencia, y para disimularla, el líder a pesar de esgrimir una 9 milímetros, comentó por no dejar:

–Ese tipo lo voy a bajar de la moto para que no sea tan metido.

Sentí una alegría porque ya no iba a esta solo, pero mi captor no se atrevió a cumplir su palabra. El hombre misterioso que había cruzado frente a nosotros; trasmitía algo raro que hizo enmudecernos a todos: tenía como treinta años, de piel morena clara. Usaba una gorra gris que tapaba parcialmente sus ojos; así mismo llevaba, una franela y pantalón del mismo color. La moto era pequeña –también era gris– y no generaba ningún ruido cuando se desplazaba. Su piloto iba rígido, como si hubiera aparecido sólo para que lo viéramos, porque no tuvo por su gesto ningún interés en mirarnos. De ese modo salió a la carretera principal. Enseguida los maleantes, presa del terror, cortaron mis ataduras y me colocaron en el asiento posterior de mi carro. Al tomar la carretera de nuevo, vi la explanada abierta a todas las direcciones, permitiendo distinguir a un kilómetro de distancia cualquier cosa o persona que pudiera transitar a esa hora: las 2.00 de la tarde, bajo la claridad de un sol ardiente como todos los soleados días que identifican a febrero. Pero no había señales del hombre por ninguna parte. No pudo perderse tan rápido en ese espacio solitario, desprovisto de casas, donde se avistaba sólo pequeños matorrales y tenían movimientos algunos balancines petroleros.

Los bandidos por su parte, cambiaron de actitud conmigo: no volvieron a apuntarme con el arma, ni hicieron algún comentario sobre la misteriosa aparición del motorizado. Salimos de ése desolado sitio para regresar otra vez a Ciudad Ojeda, adonde continuaban llevándome como escudo y para proseguir el ruleteo que terminó con un atraco a una panadería en la urbanización Nueva Venezuela, también de la misma capital.

A partir de allí se activó la persecución policial que terminó después de las 5:00 de la tarde con la captura de dos delincuentes y por supuesto mi liberación en un barrio llamado: San Benito, adyacente a El Danto en medio de una balacera. Un tercero; el líder, logró escapar. Los detenidos, era menores de edad, y quedaron bajo las órdenes de la fiscalía 38 de Cabimas, y asignándoles como sitio de reclusión el retén de menores de Sabaneta, Maracaibo.

Ese largo y complicado día terminó al fin para mí cerca de las 11:00 de la noche, cuando concluí mi declaración en el comando del Instituto de Policía Municipal de Lagunillas (IMPOL), adonde fui trasladado de manera gentil por los funcionarios después de consumarse el rescate.

A casa regresé con el respaldo de mi compañero de Gente del Petróleo y también taxista: José Rodulfo, que curiosamente como yo había sobrevivido seis meses atrás a una incursión del hampa, quedándole sobre su cuello una cicatriz de cien puntos de sutura.

Allí aguardaba mi mujer junto a mis cuatro hijos, quienes me recibieron como un verdadero héroe luego de conocer los difíciles momentos que tuve que pasar. Pero en realidad los únicos héroes de aquel trajinado día fueron dos jóvenes oficiales de IMPOL, quienes haciendo honor al deber institucional, arriesgaron su integridad para salvarme; privilegio que me permite ahora narrarles esta crónica, que no es más que el mismo drama que padecen miles de padres de familia que hoy no pueden salir a la calle en busca de Dios, debido a que esta honrosa y popular profesión se ha convertido en uno de los blanco más preferidos de la delincuencia, al punto de inundar con sus estragos todas las páginas de sucesos: unas veces con saldos lamentables y otras afortunadas como en mi caso particular. Y de continuar así las incidencias, el digno oficio de taxista quedará sólo para supermanes o para aquellos que aman el peligro, como el agalludo personaje de Cool M´Cool.

Mil gracias, IMPOL. Dios los bendiga.

domingo, 4 de julio de 2010

Heidegger y Chávez

Por: Emeterio Gòmez

Para captar cuán lejos estaba Marx de entender lo Humano, nada mejor que cotejarlo con Nietzsche

Vaya esta reflexión para dos fines: agradecer un magnífico artículo de Eduardo Mayobre -Hegel y Chávez-, publicado el martes en El Nacional; y complacer a un amigo que, en un curso, me hizo una petición enfática... precedida de un regaño: "Disculpe, profe, pero me parece que sus críticas a Marx son innecesariamente despectivas. Entiendo que quiera amargarle la vida a Chávez, pero ¡aun así!, y aunque fuese cierta toda esa increíble inconsistencia que usted le atribuye a El Capital, aunque el Comunismo fuese un necedad, una barbarie que se refleja en ese titular de El Universal del miércoles (En empresas comunales no habrá división del trabajo) ¿no le parece que esa imagen de Marx -casi como un bobo- es excesiva y que ella se revierte contra usted, quitándole credibilidad? Pero a lo que en verdad yo iba: ¿Hay alguna otra deficiencia del marxismo, algo más fuerte todavía que le dé algún sentido a la susodicha despectividad?".

Por supuesto, señor: hay una crítica mucho más fuerte. Una que rebasa de lejos toda la estupidez de la Teoría Marxista del Valor, que nos hizo creer -¡como si los bobos fuésemos nosotros!- que el valor de las mercancías depende exclusivamente del trabajo. Una crítica mucho más profunda que todas las que le quepan al Materialismo Histórico, la ciencia zonza que vaticinó la inevitabilidad del Comunismo.

Esa crítica, señor, se centra en la carencia radical en Marx de una Antropología, esto es, ¡de una comprensión específica del Hombre! Comprensión imprescindible cuando se le pide a ese Hombre que haga una Revolución, que se eche a cuestas algo tan terriblemente difícil como extirpar el profundo egoísmo, la codicia, el afán de poder y la insondable animalidad que habitan en nuestro Espíritu. Marx no llegó a asomarse siquiera a la inmensa hecatombe moral que se requeriría para construir una sociedad comunista, centrada en la Solidaridad. Algo que él evadió porque suponía que "el desarrollo de las Fuerzas Productivas determinaba las Relaciones Sociales de Producción". ¡¡Que bastaría con que esas Fuerzas Productivas evolucionen para que los humanos devengan plenamente solidarios!!

Para captar cuán lejos estaba Marx de entender lo Humano, cuánto careció de una Antropología, nada mejor que cotejarlo con Nietzsche, coetáneo suyo. ¡¡Aquél no le llegó a la Filosofía, éste la rebasó con creces!! Frente al optimismo desbordado de Marx -que no vislumbró el problema de la Ética-, Nietzsche desarrolla una poderosa visión pesimista del Hombre; liquida espectacularmente 2.500 años de Filosofía ingenua, aferrada a la idea de que la Razón podía entender Lo Espiritual y, peor aún, podía mejorarlo. A diferencia de Marx, que no asumió la Animalidad Humana, Nietzsche postula la necesidad de un Superhombre, un Ubermensch, como única posibilidad de superarla. Si no se desarrolla plenamente el Espíritu, ninguna Revolución va a mejorar a las bestias que somos. Marx no barruntó el problema moral; Nietzsche, sobrado, se burló de las ingenuas ideas que el Pensamiento Racional desarrolló al respecto.

Pero, más aún que Nietzsche, el destructor final del optimismo utópico marxista en cuanto a las posibilidades del Hombre, fue Heidegger. Porque, sorprendentemente, éste -igualito que Marx- tampoco abordó para nada el problema de la ética. Pero no porque ignorase que ésta era lo esencial de lo Humano, sino porque de tanto estudiar a Nietzsche redescubrió que la Razón no tiene ninguna posibilidad de entender qué es la Moral. O sea, que -como era usual en él- sin saberlo ¡¡Marx se ahorró el andar pensando en estas cosas tan difíciles!!

jueves, 1 de julio de 2010

Cosas de la vida

Por: Marcelo Morán

En el año noventa y seis la Guajira fue azotada por un brote de encefalitis equina que llenó de alarma a las autoridades sanitarias del país y por supuesto, a los habitantes de la península, que en breve tiempo empezaron a sentir sus estragos.

El gobierno de la época evaluó la situación en la persona del propio Ministro de Salud, si no más recuerdo, era de apellido Walter, quien vino al Zulia en una operación relámpago, y en un alarde más digno de clarividente que de médico sanitarista, declaró que, en nuestra región no había tal enfermedad, sino infundios inventado por los wayúu, apoyados quizás por los medios, para desprestigiar la buena gestión del gobierno que él representaba.

Esa misma semana, en Ciudad Ojeda, recibí la noticia de que entre las primeras víctimas se encontraba una prima muy apreciada de mi abuela, que vivía en Guarero y acababa de cumplir ciento diez años.

No pude asistir al velorio, Pero sentí una indignación muy grande por las desventuradas palabras del funcionario hacia el dolor ajeno. Como si el pueblo wayuu tuviera que merecerse todos los infortunios del destino por vivir en un área geográfica donde por ironía, existe la primera señal (hito número 1) que recuerda, sobre todo, a inconcientes como él, que allí comienza la Patria, y como ciudadanos de Venezuela los wayuu son dignos también del respeto y los mismos privilegios que gozan los venezolanos de la capital.

Así que logré expresar mi inconformidad a través de un artículo de opinión que envié con mi amigo Gustavo Alfonso para Valencia, donde acababa de entrar como soporte técnico en un nuevo proyecto editorial, y donde fungía como jefe de redacción el padre de nuestro común amigo Vladimir García. A la semana siguiente, regresó Gustavo con un ejemplar de El Espectador -que todavía conservo- y muy sonriente me dijo:

-Campeón, ve lo que hicieron con tu artículo. Se refería a un llamado en primera página a la nota que William García Insausti había convertido en reportaje, ilustrándolo incluso con fotos del paisaje guajiro.

El relato comenzaba con la llegada de Alonso de Ojeda en 1499, y terminaba en una interesante plática en un autobús con un viejo que se dirigía muy preocupado a Castilletes a saber de sus familiares, quienes podían ser víctimas de la enfermedad que no sólo mataba a equinos.

Para un wayuu los sueños pocas veces se equivocan y sobre todo cuando se hace muy reiterado. En la visión, el viejo regresaba de nuevo a su adolescencia y volvía a ejecutar la misma tarea reservada para los jóvenes de su edad, como era pastorear carneros. Pero en otro plano, él apreciaba cómo la Guajira desaparecía con todo su ambiente xerófilo, y en su lugar, se plantaba una ciudad extraordinaria, comparada a lo mejor hoy con Shangai o Estambul.

La idea de esa adelantada ciudad revoleaba en mi cabeza desde mi niñez, y no fue hasta julio del año 2000 cuando decidí plasmarla en un cuento con el título de: Viaje a Santa Cruz de Wuinpumuin, de seis cuartillas de extensión, que luego transformé en novela en 2007 y aún llevo del tumbo al tambo a la espera de un buen samaritano para su publicación.

Al reportaje le saqué varias copias y entre ellas, envié una a Maracaibo que fue leída a mi madre de forma inmediata por mi hermana Beatriz y de allí, por un grupo de parientes que se había refugiado en nuestra casa tras huir de los rigores de la epidemia.

El reclamo de mi madre no se hizo esperar por teléfono después de oír el extraño relato.

-¿Cómo es que fuiste a la Guajira y no pasaste por aquí?

-¿Por qué tuvo que salir en un periódico de tan lejos, y no en los de Maracaibo?

Ella supo enseguida que el sueño de la desaparición de la Guajira que yo le atribuía a un viejo compañero de viaje, no era otro que, un sueño que yo había tenido en mi infancia, y nunca dejé de contar en las tertulias con mis familiares, y no he dejado de recordar todavía, después de transcurrir más de cuarenta años.

martes, 15 de junio de 2010

Una vez más

Por: Pompeyo Márquez

La crisis económica ocupa en estos momentos lugar destacado al lado de las crisis política y social. Todo se precipita. Son demasiadas las evidencias de los problemas que confronta un gobierno fracasado y dominado por un grupo de fanáticos que trata de imponer un modelo económico que ha demostrado su inviabilidad dondequiera que se le ha querido aplicar.

No constituye un detalle cualquiera el que se pronuncien voces de alerta desde el propio campo oficialista. Querer trasplantar la experiencia cubana a la Venezuela del siglo XXI es, por lo menos, una aberración.

Víctor Álvarez, del Centro Internacional Miranda, de los mismos que señalaron lo del “hiperlíder” que lo domina todo, lo sabe todo, lo controla todo, afirma que “es ingenuidad creer que el socialismo brota de las ruinas de la economía capitalista”.

Los fanáticos repiten el “complejo de Adán”: todo comienza con ellos. Destruir todo el pasado para construir algo nuevo. Esta es una constante de nuestra historia, como lo relata Ana Teresa Torres en La Herencia de la Tribu. Leamos: “Continuamente se intenta comenzar de nuevo, sin tomar en cuenta los beneficios de lo logrado”.

Esta camarilla militar-civil que nos desgobierna se autotitula marxista, sin haber leído a Marx. A Giordani se le califica de "dinosaurio" por su pensamiento atrasado totalmente reaccionario, cuando habló del “socialismo” basado en la pobreza. Se le olvidó (si lo leyó con atención) lo que dice el Manifiesto Comunista sobre la burguesía: “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las generaciones juntas…” (pp. 48-49 Editorial Ateneo de Caracas, 1980).

La utopía marxista se basaba en un crecimiento colosal de la riqueza, de los medios de producción que llegaban a un grado tal que rompían los moldes del capitalismo y sobrevenía la sociedad de la abundancia, la sociedad sin clases, sin Estado.

Esa utopía se confrontó con la práctica y fracasó. Quería la destrucción del Estado y pasaba, previamente, por una dictadura del proletariado que reforzaba no sólo al Estado sino a los aparatos policiales-militares, represivos. Y la riqueza creada por la burguesía era destruida sin tener compensación. Esa es una triste historia del llamado “socialismo real”.

Chávez se burla del PIB, el mismo que utilizaba para cantar sus avances con un petróleo que alcanzó 123 dólares el barril. Pero el descenso es pronunciado en Pdvsa, en las empresas de Guayana. Fracasa en el campo con sus fundos zamoranos y sus saraos. Fracasa con sus improvisados ensayos de cogestión y los irresponsables de cooperativismo.

Ahora quiere destruir, como lo hizo en la Costa Oriental del Lago, como lo ha hecho con numerosas empresas manufactureras, agroindustriales, como lo quiere hacer con Polar. Destruye al aparato productivo, en una palabra.

Llegó la hora de cambiar. Es posible. Marcha la unidad, no sólo de la MUD, sino más amplia, nacional, lo que permitirá avanzar hacia la conquista de un régimen democrático, un Estado de Derecho, de respeto a la propiedad privada, donde comience a imperar la justicia social.

El porvenir es ese, no el de permanecer bajo una autocracia militarista con tendencias totalitarias al estilo cubano.

jueves, 10 de junio de 2010

Vacilar es perdernos

Por: Oswaldo Álvarez Paz
Pocas veces en la historia ha tenido tanta vigencia la frase de El Libertador. Con él podríamos agregar que no hay espacio para la calma, la prudencia o el oportunismo cuando se derrumba la República. La destrucción nacional hay que detenerla actuando con claridad de objetivos, estrategia bien definida, con fe en el desenlace de la confrontación y, sobre todo, con el coraje indispensable para triunfar.

Hay que actuar dejar a un lado las concesiones retóricas a la búsqueda de entendimientos con las cúpulas de un poder ineficiente, corrompido hasta los tuétanos e ideologizada en dirección contraria al interés nacional. Nuestra primera meta debe ser la de construir la unidad auténtica frente al socialismo del siglo XXI, coartada que esconde el comunismo a la cubana del castro-chavismo. Esa unidad puede ser dinámica y hasta diferenciada, pero con objetivos comunes para los sectores que la deben alimentar. No es unanimidad, sino el mayor grado de consenso posible frente a los peligros que nos amenazan a todos. La unidad que buscamos trasciende lo estrictamente electoral, aunque no pretende restarle importancia. Queremos darle contenido para que los candidatos a la Asamblea Nacional le den contenido al mensaje interpretando cabalmente el sentimiento general de la nación. Por buenos que sean, no basta con venderse individualmente como personas. Tienen que ser los voceros de una gran causa por la libertad, con la cual las grandes mayorías puedan identificarse.

Sé de las dificultades para la escogencia de los candidatos opositores, pero con o sin reservas, hay que cerrar el capítulo, pasar la página y cumplir con las exigentes tareas aún pendientes. Con preocupación notó timidez y muchos complejos a la hora de cuestionar las actitudes oficiales de los últimos días, especialmente las referidas a la incontinencia verbal del señor Chávez. Temas como la propiedad privada, la libertad de trabajo, la libertad de empresa, la economía de mercado, la libertad de asociación de quienes representan intereses políticos, económicos o sociales para construir organizaciones intermedias entre la sociedad y el Estado-Gobierno, ofrecen suficiente material para reivindicar una desdibujada cultura sobre la responsabilidad de las personas naturales y jurídicas consigo mismas y para con la nación. También sobre los límites del poder público frente a ellas, en sus acciones para controlarlas o destruirlas. Es definitivamente inaceptable la política gubernamental. Cada día ratifico mi convicción de que la mejor política social que puede existir en cualquier país, bajo cualquier régimen o ideología, es una economía que funcione de manera autónoma, no dependiente del poder público, que respete las reglas básicas y la técnica de una actividad tenida como ciencia desde hace bastante tiempo. Sólo los bárbaros que gobiernan lo desconocen. El fracaso está a la vista. El desastre no tiene precedentes. No habrá borrón y cuenta nueva. Quien no la deba, que no la tema.

Oscurantismo estadístico

Por: Diego Lombardi

Tal como alguna vez se anunció el “fin de la historia”, tal vez hoy estemos ante fin de la economía en Venezuela. Quizás se aproximen los tiempos del oscurantismo estadístico, en los que todo será lo que alguien quiere que sea, donde por las buenas o por las malas todos los venezolanos se plegarán a una sola verdad. Y desde esa única visión se analizará, interpretará y dirigirá el país.

Este oscurantismo dejó de ser imposible desde el mismo momento en que el Gobierno, a través de su máximo jefe, empezó a relativizar y menospreciar los indicadores económicos. Así, desde la revisión de esos “indicadores capitalistas” sugerida por el primer mandatario; hasta lo poco que representan 30 mil toneladas de alimentos descompuestos, según el Ministro de Políticas Alimentarias; la relativización de los números, y sus correspondientes interpretaciones, están al orden del día.

Modificar y relativizar las estadísticas no hará que la realidad sea otra, el único logró será que habrá menos información disponible. Y lo que si es cierto es que con menor información al alcance de las manos las probabilidades de tomar decisiones correctas disminuyen.

Haber ignorado las alertas en torno a la necesidad de invertir en el sector eléctrico no ha evitado la crisis eléctrica que atraviesa el país. Y lo mismo ocurre con la economía, los precios seguirán subiendo, cada vez habrán menos productos disponibles, el número de personas trabajando será menor, y así a esto no se le llame “inflación”, “caída del PIB”, y “desempleo”, igual seguirán afectando a toda la población.

Este es sin duda el peor momento para elegir volar a ciegas, tratando de forzar los instrumentos de vuelo a que den una altura que no es tal. Como diría una de las estrofas de la célebre canción de Bob Dylan, “¿cuántas veces puede un hombre volver la cabeza, fingiendo que simplemente no ve?”. La pobreza, la violencia y los asesinatos, la inflación, todas siguen ahí, así el Gobierno no las quiera ver.

martes, 8 de junio de 2010

Recuerdos de El Moján

Por: Marcelo Morán

La primera vez que visité San Rafael de El Moján fue en1969. Iba con mis hermanos a conocer en la población de Isla de Toas a nuestra abuela paterna. Mi padre que tenía la costumbre de no salir a ninguna parte, -menos en semana santa- se levantó con la convicción de hacer ese viaje. No sé si fue iluminado ese día por efectos de un sueño, pero lo hizo: “Nos vamos a casa de mamá en Isla de Toas”, dijo en un tono de júbilo que no le habíamos conocido antes.

Esa sentencia me tomó por sorpresa; al principio no lo quise creer, porque yo tenía la convicción de que él había llegado al mundo como Adán. Jamás nos habló de sus progenitores. Pero nunca fue tarde cuando llegó la dicha de hacer una excursión como esa, y que disfrutamos hasta más no poder, en familia, hace más de cuarenta años.

Para llegar a ese inesperado destino, teníamos que pasar primero por San Rafael de El Moján, de donde se toman las lanchas para alcanzar cualquiera de las islas que se encuentran en la boca del lago de Maracaibo, y donde mi padre era todo un baquiano.

Dos años más tarde, en septiembre de1971, comencé a ir con regularidad, pues había iniciado la secundaria en el Liceo Hugo Montiel Moreno, que terminé cinco años después, en julio de 1976.

A lo largo de es tiempo conocí mucha gente, entre ellos, a don Pedro Palmar el mejor decimista del mundo. Un hombre que resume una parte de su vida a través de una hermosa espinela de cuatro estrofas, titulada: Constancia de un pescador que ha sido grabada por renombrados artistas nacionales y cantada como himno en todos los espacios insulares del Zulia.

Don Pedro es un hombre que siempre ha tenido una abundante cabellera blanca, que le da un aire de profeta bíblico, pero sin barba. Así lo distinguí cuando un día lo visité en su quincalla, que tenía como mural, la letra completa de la décima para que todo el que entrara pudiera apreciarla. Allí estaba sentado. Impasible, llevado por el teclear de su máquina de escribir portátil, que se torna en una suerte de invocación a las musas que no tardaban en bajarle las rimas consonantes para estructurar sus versos octosílabos con las que rendía tributo a su tierra.

Don Pedro es un personaje muy culto que pese a sus ochenta y seis años, convierte todavía cualquier conversación en una cátedra, que hace transitar como –él sólo sabe hacerlo- por los rincones más intrincados de la historiografía zuliana.

De su boca oí por primera vez el nombre del gran guerrero Nigale, cuyas hazañas describía con pasión, como si la estuviera recitando de un inédito libro de crónicas. Antes creí, que el cacique Maala (cascabel, en lengua wayuunaiki) o Maalakaiwou, (el cascabel nos acecha) epónimo del municipio Mara, y de la capital de nuestro estado, era el único héroe de la resistencia indígena del que la historia no da muchas luces, pero como cosa extraña, su nombre logró imponerse a tres fundaciones: primero a la del alemán Alfinger, y dos de los españoles Alonso Pacheco y Pedro Maldonado; manteniéndose invariable para la posteridad.

Y sus hazañas, narradas en décimas, gaitas y otros géneros folclóricos, llegaran a compilarse en publicaciones, pudieran llenar no sé cuantas bibliotecas del Zulia y de Venezuela, aunada a monumentos y plazas que han dedicado a su memoria. Si cuenta hoy con este reconocimiento, cómo sería si la historia hubiera certificado de su existencia. ¿Qué tal?

Treinta años más tarde, cayó en mis manos la última edición del libro El Cacique Nigale y la ocupación europea de Maracaibo, que permitió documentarme un poco más acerca de este precursor aborigen, que mi compañero de bachillerato, Yldelfonso Finol, rescatara en esa interesante obra; planteada en un ensayo novelado y ameno, que rompe con la rigidez de la que nos tiene acostumbrado los latosos textos de historia, para darle a la zulianidad, otro héroe, que vivía preso en los pesados escombros del olvido.

Otra de las cosas que no entendí de mis vivencias por El Moján, fue la destrucción de la vieja plaza Bolívar en el año 1975. Era una plaza colonial, hermosa, de encumbrados pinos que competían en altura con la torre de la iglesia de San Rafael, que a la naturaleza le costó medio siglo para alcanzar la frondosidad que exhibieron en un ambiente salitroso donde sólo se enseñorean manglares y cocoteros.

Aquella misteriosa resolución de demoler la vieja plaza vino del ayuntamiento marense, para plantar en su lugar, –dos años después- una plaza de concreto, desierta, porque hubo que esperar casi dos lustros para que las plantas que la iban a ornamentar pudieran florecer.

Lo único que valió la pena de aquella insólita transformación fue un nuevo monumento al Libertador, que no tuvo en la mayoría de la población el beneplácito esperado, pues con ella se desató la controversia más larga del municipio, y pese a transcurrir hoy treinta y tres años de su inauguración, aún se mantiene. Porque la gente estaba acostumbrada a ver a un Bolívar pedestre: envuelto en un manto, al buen estilo de los césares, y montado sobre un caballo encabritado como aparece en la mayoría de las plazas de Venezuela y el mundo.

En cambio, ésta representación rompía con el esquema de semidiós para mostrar una cabeza de un metro de altura, tallada en bronce por el laureado artista zuliano Nicanor Fajardo, que simboliza a un Bolívar de carne y hueso, y quien sabe, si uno pudiera interpretar los designios de Dios, salió del Panteón Nacional para venir a morar a la tierra de Maala y Nigale en busca de la paz que tanto ansia su alma.

PUDREVAL

Por: Teodoro Petkoff

En el escandaloso guiso de Pudreval ha sido detenida una sola persona, el ex presidente de la empresa, un tal Luis Pulido, de quien se dice que su prontuario en Pdvsa no cabría en un solo contenedor. Una organización de contraloría social roja-rojita venía formulando desde 2008 fuertes denuncias acerca de los enormes negocios sucios que llevaba a cabo al frente de Pudreval. Contrasta esta “delicadeza” en la investigación a Pudreval con lo que ocurrió, por ejemplo, en el caso de la chavobanca y en los de las casas de bolsa. La mera apertura de la investigación en estos entes dejó, de entrada, decenas de presos, pero en “nuestra amada” Pudreval (Rafael Ramírez dixit), donde obviamente los guisos tienen que involucrar a mucha gente, los investigadores caminan de puntillas.

Por ejemplo, es imposible que Bolipuertos, es decir, la empresa que centraliza la administración de los puertos, no supiera de la nada oculta y prolongadísima permanencia en sus instalaciones de centenares de contenedores pudriéndose. ¿Será mera casualidad que Bolipuertos no es mencionada para nada en este brollo? No, no es casualidad.

Bolipuertos fue puesta en manos de una pandilla de cubanos y ya se sabe que estos gozan de “inmunidad”. A ellos, ni con el pétalo de una rosa. ¿Esos cubanos nunca se dieron cuenta de la irregularidad o podría presumirse que también cobraban su comisión por hacerse los locos? ¿Será por eso que el propio G2 cubiche no veía ni olía nada? El Indepabis, por ejemplo, tan eficaz en eso de caerle encima a bodeguitas y abastos, ¿nunca pasaba por los galpones y almacenes de Pudreval? ¿El tumbaíto Eduardo Samán nunca se dio una vueltica por los sitios donde Pudreval mantenía su mercancía?

¿Contenedores abandonados desde 2008 nunca despertaron la curiosidad del Indepabis? ¿La Guardia Nacional, por ejemplo, tampoco notó nada? Estos celosos vigilantes de la soberanía, cuyo reino es el mundo de las aduanas y los puertos, ¿también tenían las fosas nasales obturadas? Pero, el colmo es que se pretenda convencer al país de que en Pudreval es el señor Luis Pulido el único que debe responder por las miles de toneladas de alimentos podridos, así como de los millones de dólares evaporados. ¿Todas esas marramucias las hizo él solito? ¿O será que el señor Pulido sabe demasiado sobre los negocios de Pudreval y si habla chispea a mucha gente? ¿Quién colocó a Pulido al frente de “nuestra amada Pudreval”? ¿No sería Rafael Ramírez? ¿Este nunca chequeó la actividad de Pulido? Pudreval tiene una empresa llamada Centro de Alimentos Congelados (Cealco), ubicada en Cagua. Allí están buscando ahora comida podrida. ¿Quién compró Cealco? Pues Luis Pulido, entonces en Pdvsa Industrial, y pagó en dólares a 2,15, no en bolívares, tal como lo obligaba la ley y lo comprometía moralmente la circunstancia de que fuera Pdvsa la compradora. ¿Eso fue de gratis? Piensa mal y acertarás.

El olor a podrido que despide el “errorcito”, como lo calificó tan dulcemente Atila, se hace aún más nauseabundo cuando se percibe la clara intención de echarle tierra.

domingo, 6 de junio de 2010

Franklin Brito

Por: Alvaro Paéz Pumar


Primero fue expropiado.

Después le quiso comprar

y al no poderlo lograr

lo sometió al cuidado,



de unos cuantos matasanos

que en un oscuro penal

al que llaman hospital,

le sirven bien al tirano.



Un hospital militar

que es al arte de curar,

como el arte de fingir



en aquel que te contara,

según Marx lo enseñara,

es al arte de mentir.

sábado, 5 de junio de 2010

La perfección de Galarraga

Por: Alfredo Yánez Mondragón

Armando
Galarraga hilvanó un juego extraordinario. La noche del miércoles, en el Comerika Park de Detroit, 17 mil aficionados presenciaron una joya de pitcheo, de defensa, y hasta de bateo; porque las tres carreras que fabricaron los Tigres, incluyendo el jonrón de Miguel Cabrera, contribuyeron al triunfo del venezolano; que exhibió su perfección, desde diversas aristas.

Como lanzador deshizo la tesis de su pérdida. No implica que el juego del miércoles ante Cleveland lo haya instalado en la elite de los pitchers de Grandes Ligas, pero su hazaña de 8.2 innings grita que ahora es cuando hay Armando Galarraga en las Mayores, incluso para proponerse repetir la gesta en el futuro.

Pero la perfección del cumanés fue más allá de los 28 outs. Su reacción momentánea de euforia, dio paso a la concentración exacta en el juego. Sabe, desde que era un chamín, que el juego sólo se termina cuando cae el último out. Es verdad que quiso completar el Juego Perfecto, pero lo primero que quiso completar fue el triunfo, y lo logró, a la perfección.

Fue perfecta además, su reacción humana: "Yo me siento mal, pero él se siente peor", dijo minutos después del encuentro. El árbitro que lloró amargamente su pifia, recibió una disculpa del pelotero; no así de los fanáticos que no comprenden de errores, que no aceptan razones.

Armando Galarraga demostró perfección al sonreír, al enfrentar el reto de seguir adelante en este exigente mundo de la pelota; que no termina con un juego. Que sigue y que tienen en él a un ejemplo de disciplina, de sindéresis de acatamiento a la norma; por más injusta que parezca.

Esta vez, la arbitrariedad, permitió mostrar a un jugador que es mucho más perfecto como ser humano que como pelotero; aunque desde el miércoles por la noche, la afición lo recordará como el primer venezolano que lanzó un juego perfecto con 28 outs, y una sentencia equivocada de un árbitro, que aún llora la peor decisión de su vida.

Galarraga, esté en los libros o no, lanzó perfecto.

martes, 1 de junio de 2010

De Santos para Chávez: "gracias compadre"

Por: Roberto Giusti

Si Chávez
es un hombre cumplidor de su palabra a estas horas ya debería haber llamado a Juan Manuel Santos para felicitarlo por su sorprendente victoria electoral del pasado domingo. Es cierto, él aclaró que lo haría si el resultado era definitivo, es decir, si el ganador superaba el 50% y se hacía innecesaria una segunda vuelta. Pues bien, no ocurrió así, pero la ventaja lograda sobre Mockus, de poco más del 25% y el hecho de quedar a sólo tres puntos y medio de la cifra mágica resultan tan contundentes que sólo un milagro podría impedir un triunfo que se avizora aplastante para el próximo 20 de junio. Así que Chávez debe tragarse su frustración por la victoria del odiado Juan Manuel, agachar la cabeza, acudir a sus dotes histriónicas y componer alguna frase de reconocimiento para un hombre con quien tendrá que vérselas de frente, al menos hasta diciembre del 2012, fecha de las presidenciales venezolanas.

El triunfo de Santos, que debe adjudicarse a Chávez como un revés en toda la línea y un freno sanitario a su avidez expansionista, resulta sorprendente sólo en forma relativa porque ocurrió algo que ni los sondeos y ni siquiera los más fervientes santistas-uribistas llegaron a prever: la aprobación y confirmación popular de la política de seguridad democrática que, desde el sentido común, debía continuar quien la había aplicado y no un hombre cuyos melindres éticos y su ambigua posición ante Chávez despertaron el recelo y la desconfianza en los electores. Un fenómeno evidente pero que ninguna encuesta pudo, o no quiso, detectar.

Una vez más, como ocurrió con Ollanta Humala en Perú y López Obrador en México, Chávez se convierte en el enterrador de un candidato presidencial, aun cuando en esta oportunidad sus preferencias por Mockus, demasiado vago e insumiso para su gusto, eran menos intensas que su animadversión por Santos. Conducido por su apresuramiento, una desmedida confianza en si mismo y la convicción de que Santos como presidente debe significar la aniquilación definitiva de sus aliados de las FARC, estampó el beso de la muerte sobre los labios del lituano y desinfló lo que se presentaba como un auténtico fenómeno electoral, capaz de echar por tierra ocho años de una guerra contra las FARC ciertamente plagada, como toda confrontación bélica, de injusticias y de ignominia mutua.

En realidad Santos debería ser quien se dirija al @chávezcandanga y en 140 precisos, clarísimos y muy cumplidos caracteres le retribuya un gesto que no tiene precio y lo coloca a veinte días y un par de punticos porcentuales (que no deberá mendigar a Noemí o a Vargas Lleras) del Palacio de Nariño. Esta visto, el milagro no es de Santos, sino de Chávez y eso agradece, compadre.

domingo, 30 de mayo de 2010

Circo y tragedia

Por: Elizabeth Araujo

El pasado domingo Aló Presidente arribó a los 11 años de su salida al aire. Creado como espacio radial y televisivo
para interactuar con el pueblo que se había aferrado entusiasta a su líder con el fin de enfrentar los urgentes problemas económicos y sociales, Chávez necesitó sólo un mes para convertirlo en tarima de sus complejos y odios, para insultar a los opositores y despedir a los ministros, en una suerte de reality show del cual no quedó exento el chiste fácil y el lagrimeo sentimental, hasta llegar a lo que es hoy: un circo.

Si alguna vez los ecuatorianos se avergonzaron de las payasadas de un tal Bucaram, en funciones de presidente, qué les quedará en el futuro a los venezolanos cuando este drama nacional llamado Hugo Chávez sea analizado con ponderación y alivio.

El tema es que ese domingo la prensa relataba la tragedia de una chica de 18 años, asesinada en circunstancias aparatosas y confusas para arrebatarle el celular.

La joven, de familia vasca, preparaba junto a su mamá y hermana, el viaje a España, con la convicción de que sólo el regreso la podía salvar de la experiencia de vivir en un país donde mandan el hampa y la impunidad.

Si todos se conmovieron con el final inmerecido de Estefanía Ledezma Aznar, era obvio que el animador de Aló Presidente hiciera apenas mención del caso. Pero no ocurrió. Desde hace años Chávez está divorciado de la Venezuela que sufre y padece los problemas de la inseguridad.

No hay mejor prueba que la lectura que él mismo hace de los mensajes que ahora le llegan por Twitter y de la expresión de asombro que exhibe ante la calamidad de una familia sin vivienda o un barrio tomado por delincuentes.

A pesar de ese "contacto con la realidad", a Chávez le conviene más hacer de Aló un programa de chistes y canciones, donde da muestra de histrionismo al que se cruzan los discursos latosos y repetitivos, y con un público uniformado, cansado, que continúa allí por cualquier otro motivo que no es precisamente el de querer ser ilustrado.

Sin ánimos para celebrar los once años de su invención mediática, Chávez hizo del Aló Presidente del pasado domingo un trámite obligatorio, un rema
ke de sus viejas actuaciones. Cantó, relató historias personales salpicadas con mentiras y habló como el candidato que ha venido siendo desde que está en Miraflores.

Para Hugo Chávez la crisis ha derivado en una sucesión de silencios; en la búsqueda de culpables cada vez que los errores no logran ser esquivados con excusas; en ataques cada vez más destructivos contra quienes trabajan y producen; o en la enfermiza obsesión por implantar un socialismo que a veces él mismo no sabe explicar.

Pero de vez en cuando la historia suele no equivocarse. Los gobernantes autoritarios tienden a caer presos de sus tendencias personales, de las urgencias por proyectar su yo que terminan pareciéndose a caricaturas de sí mismos. Y cuando el circo pasa, no queda otro escenario que la tragedia, pero también el desprecio y raras veces el olvido.