lunes, 23 de agosto de 2010

Presidente, dé un paso al frente

Por Mariano Alvarado

Todas
las encuestas de opinión en los últimos años coinciden en que el principal problema que preocupa a la población en Venezuela es la creciente inseguridad. Las estadísticas en materia de homicidios, secuestros, hurtos y robos indican que estamos ante una situación muy compleja que debe abordarse con seriedad. El gobierno, que recientemente realizó una encuesta de victimización a través del Instituto Nacional de Estadísticas y que se empeña en no hacer pública, sabe que las cifras en esos delitos superan con creces las que vienen difundiendo los medios de información. Empeñarse en ocultar la realidad no ayuda a resolver el problema. Tampoco ayuda que dirigentes del oficialismo y de la oposición usen la situación con fines politiqueros. Al final perdemos todas y todos quienes vivimos en el país.

Se requiere desarrollar un debate serio, responsable y transparente y ese debate debería encabezarlo el Presidente de la República. El primer paso es reconocer que la situación de inseguridad es agobiante y que se ha tenido poco éxito en los más de 15 planes diseñados. El Presidente debe dar un paso al frente y convocar a los distintos sectores del país con el propósito de construir una agenda mínima consensuada que permita diseñar políticas públicas de corto, mediano y largo plazo. Ello implica convocar a los gobernadores y alcaldes de las más variadas tendencias políticas; a los representantes de los poderes Públicos; a los empresarios que simpatizan o adversan al gobierno pero que tienen posibilidad de aportar soluciones; a la diversidad de Organizaciones no gubernamentales; a los gremios y sindicatos y a las víctimas de la violencia.

Ya el gobierno tiene una interesante experiencia con el proceso de reforma policial que no debería desperdiciar. La Comisión Nacional de Reforma Policial convocó a la diversidad de sectores del país y mediante una amplia consulta nacional logró realizar un valioso diagnóstico y elaborar un conjunto de recomendaciones. Algunas de ellas se empezaron a implementar y generan esperanza de cambios positivos.

Con ese mismo espíritu no sectario, amplio, democrático y con el claro propósito de escuchar y recibir todos los aportes que se puedan dar debería promoverse una amplia consulta nacional. Luego habrá que avanzar en diseñar políticas y ejecutarlas garantizando la participación de las distintas instituciones, factores políticos y sociales.

Seguir tratando la situación de inseguridad sobre la base de la descalificación mutua tanto por parte del gobierno como de la oposición solo conduce a que el problema empeore. Manejar el asunto con propósitos electorales pretendiendo minimizar la realidad o exagerarla dificulta acercarnos al diálogo. El gobierno tiene la responsabilidad de tomar la iniciativa para promover ese diálogo, pero la oposición debe demostrar voluntad de querer aportar a la solución y reconocer que en los estados y municipios dónde gobiernan también fracasaron y que requieren trabajar con el Ejecutivo Nacional.

viernes, 20 de agosto de 2010

Autocensura

Por: Laureano Márquez

En
Venezuela, los que trabajamos en esto que usted tiene entre manos, tenemos que pensar y repensar y ponderar cada vez que una palabra sale de nuestra pluma. En este instante, estas líneas que usted descifra, son producto de horas y días de meditación que comienzan el lunes pensando ¿De qué escribiré el viernes? ¿De qué escribiré el viernes sin meterme en problemas? ¿De qué escribiré el viernes sin que me multen y me demanden? ¿De qué escribiré el viernes sin dejar de expresar lo que pienso ni traicionar mis convicciones, pero a la vez evitando que un juez considere que he agredido a un menor, he irrespetado un símbolo, he propiciado el magnicidio, la guerra civil? ¿De qué escribiré este viernes alentando a la gente a que no se desanime, justo esta semana que estoy yo desanimadísimo? Entre esos meandros se desenvuelve nuestro quehacer. Claro que Teodoro la tiene más fácil porque a él le van a dar casa por cárcel (aunque usted no lo crea Teodoro sobrepasa los sesenta).

A mí me llama mucho la atención que siendo él quien dice las cosas más contundentes, al que jodan siempre sea a mí, que me he convertido en el “paga peos” de este periódico.

Claro que me imagino que el gobierno pensará, como la esposa de Petkoff: “¿Y quién aguanta a este hombre en la casa?”, porque si con todas las ocupaciones que tiene, jode lo que jode, ¿tú te lo imaginas sin oficio? Esta semana, por ejemplo: La foto de la morgue. ¿Podre hablar de la foto de la morgue? ¿Hablar de la foto tampoco está permitido? ¿La palabra “sangre” es sangrienta? ¿Y la palabra “morgue”? ¿Puedo decir “morgue”? ¿Si no digo “morgue”, sino “la casa de los muertos de Bello Monte”, está bien? ¿Qué busca el censor, la palabra o el concepto? ¿Puedo contar la fotografía, lo que aparece en ella o hablar de la foto es delito también? ¿Si digo con ironía que el país nunca había estado tan seguro en su historia, me podrán condenar por exageración malsana? ¿Estará bien hablar de la imposibilidad de hablar? Un amigo cercano al Estebanismo me dijo una vez: “Chico, lo que más problemas te trae a ti es lo menos que te produce” (porque se cobra muy poco por esto. Pese al financiamiento que Tal Cual tiene del impe- rio, esto no da ni pa’ las multas que genera) y me comentaba, casi en tono de mensajero, que dejando de escribir, muchos problemas se acabarían. Muchos amigos me aconsejan, si no que deje de escribir, que cambie de tema, que evite, que evitar no es cobardía. El caso es que aquí estoy, una semana más, logré cumplir con los caracteres que Tal Cual me exige, sin decir nada de nada, sin nombrar a nadie. La semana que viene ya veremos, si llegamos. (No, “si llegamos” no. Y si alguien dice que esto es un llamado a la rebelión… “si llegamos”… ya me imagino al funcionario denunciando: “lo que quiere decir es que el gobierno no va a llegar… incitación al golpismo…” Y la verdad es que lo decía por lo de la inseguridad, pero si digo esto en mi defensa, también me van a caer, así que mejor…) …La semana que viene ya veremos, si Dios quiere.

Editorial de TalCual

La otra morgue

Por: Elizabeth Araujo

Si usted se asoma por un instante a los programas de VTV o de las ocho televisoras que están al servicio
del Gobierno y del PSUV, notará que su país está feliz.

Que no hay crímenes ni inflación ni desempleo, y que 60% de las imágenes que transmiten las 24 horas del día, son dedicadas al máximo líder del proceso, bien sea para reinaugurar la obra que hace tiempo fue terminada; o instruir al pueblo con citas del Marx o Fidel, o simplemente amenazar en horario infantil a sus adversarios con pulverizarlos, borrarlos del mapa (la frase que más le gusta a Ahmadineyad), si se les ocurre ganar una próxima elección.

Pero cuando salen del canal, sus trabajadores, periodistas, locutores y analistas políticos observan con sigilo a los lados, abren en tiempo récord la puerta de sus vehículos y se pierden en la nada de esa oscuridad temible que es la Caracas insegura del socialismo de Chávez, rogando llegar ilesos a sus casas.

De esa realidad palpable y dolorosa, que congrega a padres, hermanos y tíos frente a la morgue de Bello Monte cada fin de semana, para retirar el cadáver de un familiar de 25 años acribillado por el hampa, no se habla nunca. El Presidente acaba de confesarlo la noche del lunes, en llamada telefónica a VTV: de ese tema no se habla porque terminas haciéndoles el juego a la derecha y porque a fin de cuentas resulta contrarrevolucionario.

Pero la vida es tan terca y asaz, cruel incluso con quienes gozan el privilegio de disponer de escoltas, GPS en sus autos y chofer armado de Glock.

Desde hace varios meses, combate fieramente contra la muerte, en la privacidad de una clínica privada, un alto funcionario del Ministerio del Interior, a quienes unos desalmados secuestraron para robarlo y terminaron descargándole siete tiros. "Está vivo porque es joven y quiere vivir", dijo un familiar que conoce el caso.

¿Para qué entonces, señoras de la Fiscalía y Defensoría del Pueblo, inventarse esa agrupación de padres nerviosos por la salud mental de sus niños, e impedir que fluya una noticia de hechos banales que hasta la letra de las canciones de salsa lo repiten? El asunto no es la morgue, ni sus empleados, ni siquiera la foto de El Nacional; porque, bajando la cuesta de la calle Neverí en Bello Monte, una indescifrable morgue se esparce en las aceras, en la escalinatas del barrio o a la entrada de cualquier edificio, en cualquier urbanización, a la espera de que llegue el cadáver.

El asunto es que no se sepa lo que todos saben: que hay una violencia desbordada, porque no ha habido una política real contra la inseguridad; porque se sabe que mientras Valentín Santana y su Piedrita se pasean por el 23 de Enero, aun cuando están solicitados por el Ministerio Público, Tareck El Aissami (o cualquier otro ministro con igual simpleza mental) está emocionado, chaqueta roja y aplaudiendo a babear al hombre que el 4 de febrero de 1992 impulsó la violencia como un acto supremo de liberación.

La seguridad según Miraflores

Por: Fernando Luís Egaña

En la escala de la importancia de los temas, es obvio que para los jerarcas bolivaristas la crisis de inseguridad ciudadana está muy pero muy por debajo, por ejemplo, de las presuntas tentativas de magnicidio.

El señor
Chávez acaba de declarar que "la seguridad es un asunto vital"... Pero, ¿a qué tipo de seguridad se estaría refiriendo? ¿A la personal de los 29 millones y medio de habitantes de Venezuela, o más bien a la seguridad o protección del régimen que encabeza? Todas las evidencias se orientan a la segunda, y además en desmedro de la primera.

En la escala de la importancia de los temas, es obvio que para los jerarcas bolivaristas la crisis de inseguridad ciudadana está muy pero muy por debajo, por ejemplo, de las presuntas tentativas de magnicidio.

El periodista Pedro Pablo Peñaloza recién documentó que la Asamblea Nacional le ha dedicado mucho más tiempo y esfuerzo a debatir sobre las teorías conspirativas que sobre la catástrofe humanitaria que ocasiona la violencia criminal.

Una porción significativa del capital político y dinerario del Estado se destina a reforzar "la seguridad de las instituciones", mientras buena parte de las policías languidece por causa de la negligencia o, peor aún, por el propósito oficial de anularlas.

¿Qué cuerpo de seguridad recibe más atención, la DIM o la Policía Metropolitana, la DisipSebin o el Cicpc? A cada rato se promulgan leyes y reglamentos para defender la "seguridad y defensa de la nación".

La educación, las telecomunicaciones, la libertad de expresión, la actividad económica y prácticamente cualquier ámbito de importancia esta siendo hiperregulado con base a ese "principio" tan manoseado por los autoritarismos de cualquier ralea, y en particular porque se equivale seguridad nacional con seguridad gubernativa o estatal.

Y en cambio ni pío sobre la posibilidad de una Ley de Desarme o de otros instrumentos legales que se tomen en serio la tragedia de la violencia. Lo que no es de extrañar, porque ha sido la propia satrapía quien ha promovido bandas para-oficiales en diversas zonas urbanas, y hasta una agrupación guerrillera fronteriza, el Frente Bolivariano de Liberación.

En Miraflores no sólo prefieren ocuparse de la seguridad oficialista en vez de la seguridad de la ciudadanía, sino que no parecen estar dispuestos a reconocer la magnitud del drama de la violencia. El silencio omisivo de Chávez, las carcajadas forzadas de Izarra, o las bobadas típicas de Navarro rinden suficiente cuenta al respecto.

Y no satisfechos con todo ello, ahora se pretende criminalizar a los que investigan, reportan y denuncian sobre la violencia venezolana. Con rapidez se movilizan los "poderes públicos" para enfrentar la "amenaza desestabilizadora", pero en el entendido, claro está, que la amenaza no es el hampa rampante, o las más de 16 mil muertes violentas al año, o el desdén oficial, nada de eso...

Para los voceros del poder la verdadera amenaza es la toma de conciencia social y la atribución de responsabilidad al régimen de Chávez. Eso es lo que debe ser asegurado y protegido por encima de todo los demás. Esa es la seguridad de boinacolorá.

Municipios en riesgo

Por: GERARDO BLYDE

Los diputados del chavismo legislan en contra de los municipios y los alcaldes

Hace
390 años el entonces gobernador provincial Francisco de la Hoz decretó la fundación de San Francisco de Paula de Baruta. Años más tarde, el nombre de esta pequeña villa rodeada de grandes extensiones de tierra conformadas por prósperas haciendas productoras de café, caña y cacao, cambia su nombre al de Nuestra Señora del Rosario de Baruta haciendo honor a su patrona. Baruta, en lengua indígena, se asocia al árbol de Jabillo, especie que ha sobrevivido al proceso urbano que ha sufrido el hoy municipio autónomo a lo largo de su historia y que aún da sombra a sus habitantes en muchas de sus actuales urbanizaciones. Del Jabillo tomó su nombre el cacique Baruta que dominaba estas tierras y a quien los conquistadores pretendieron cristianizar y someter. Baruta fue el primer pueblo fundado en al sureste del valle de Caracas.

Entre 1927 y 1929 se construyó la carretera desde Caracas hasta Baruta (hoy llamada carretera vieja), pero su verdadero proceso urbanizador comenzó en los años 40 con la transformación de tradicional la Hacienda Las Mercedes. Los 60 dan paso a El Cafetal y éste a otras urbanizaciones como Santa Sofía, San Luis y Santa Paula. También surgió la ciudad satélite La Trinidad como un modelo de urbanismo moderno.

Baruta fue un pueblo bastante autónomo hasta 1954, fecha cuando pasó a formar parte del extinto Distrito Sucre. En 1987 fue creado como municipio autónomo. Dio a luz a las primeras asociaciones de vecinos en Prados del Este y El Cafetal que hicieron a los vecinos tomar conciencia de la necesidad de agruparse para juntos preservar y mejorar las zonas donde habían echado sus raíces para siempre.

Hoy la existencia autónoma de este increíble municipio, que aun bajo la presión del crecimiento poblacional de toda la ciudad ha conservado sus urbanismos y sus decenas de zonas verdes que lo hacen el municipio más verde de la capital, como la existencia autónoma de todos los municipios del país, se ven amenazadas por la política centralista que por la fuerza viene avanzando desde el gobierno central para ahogar financieramente a los municipios e irle quitando sus competencias.

Con una ley inconstitucional que pretende aprobar la Asamblea Nacional se busca dar nacimiento a unas nuevas entidades político-territoriales denominadas Comunas, a las que se pretende asignar las competencias que hoy la Constitución atribuye a los gobiernos municipales. La futura existencia de estas entidades paralelas pretende ser financiada con los ya menguados recursos municipales pero dirigidos sus proyectos y asignados los recursos desde el Ejecutivo Nacional. Luego de tantas luchas para poder elegir de manera directa, secreta y universal a las autoridades municipales, en estas nuevas entidades territoriales locales denominadas Comunas regirá el gobierno asambleario que designará sus autoridades en procesos de segundo y tercer grado y no de manera directa.

Ya las municipalidades han sufrido una mengua gigantesca en sus recursos. Del situado constitucional que les corresponde sólo se asignó a las municipalidades la mitad del que le tocaba al haber el Gobierno Nacional y sus diputados aprobado un presupuesto nacional tomando el barril petrolero a la mitad de su precio real de mercado. Ninguno de esos diputados defendió a sus regiones alzando su voz para que el situado fuera bien calculado. Ya aprobaron en primera discusión la Ley de Comunas en la que obligan a que en el presupuesto del próximo año se asignen partidas para darle los menguados recursos municipales a las Comunas. La Ley del Fides fue reformada por los mismos diputados y estos recursos no llegarán como hasta ahora para ser invertidos en las localidades. La Ley del LAEE acaba de ser reformada para quitarles a las localidades la mitad de esos ya menguados recursos y además ponerle a la Vicepresidencia de la República como la alcabala que determinará cuáles proyectos podrán hacerse y ser financiados. Y finalmente, los recursos propios provenientes de la recaudación, sobre todo por el ejercicio de actividades comerciales e industriales, se han venido a menos toda vez que las políticas nacionales vienen asfixiando al comercio y a la industria nacional.

El juego está cantado. De mantener el Gobierno la mayoría en la AN se profundizará el proceso de destrucción de la descentralización. Así ha sido en todos los regímenes comunistas. El Estado central debe controlarlo todo, no acepta autonomías locales. ¿Eso es lo que quieren los cientos de alcaldes del chavismo en todo el país apoyando a futuros diputados cuya agenda antimunicipal ya está develada? Los diputados del chavismo legislan en contra de los municipios y los alcaldes sin importar su color político.

domingo, 1 de agosto de 2010

Desde y para Valera, con cariño

Por: Emeterio Gómez

La Religión (ante el fracaso radical de la Razón y de la Ciencia) es la única esperanza que nos queda

Tener delante a 25 personas que aceptan un reto inmenso eleva el Espíritu de manera impactante. Y sales de allí levitando, con la firme decisión de relanzar tu vida ¡a esta edad! El Reto: sumergirnos en la profunda crisis que aplastó a la Filosofía Occidental ante el fracaso rotundo de Kant, el último esfuerzo serio por conectar la Razón y la Moral. La evidencia aterradora de que ¡no tenemos ninguna posibilidad de entender nuestro Espíritu! Que el Pensamiento Racional se gastó 2.300 años (desde Parménides hasta el tontón de Hegel) tratando de captar racionalmente el "Ser" y el Mundo, cuando lo único que había que captar es que el Espíritu -igual que Dios- es absolutamente incognoscible. Y un empresario desafiante te dice: ¿Qué voy hacer ahora con todos los esquemas sobre los que he construido mi "Ser", si este señor... Heidegger... dice que los humanos no tenemos ninguno y que sólo somos, a duras penas, una "Pura Posibilidad de Ser"? ¿Va usted -en este Diplomado- a darme algunas pistas para rehacer esos esquemas?

Agradezco a la Universidad del Valle del Momboy, a su rector Francisco González, alias El morocho; a Eladio Muchacho, editor del Diario Los Andes y a todos los participantes en dicho Diplomado, por esta maravillosa experiencia. ¡La síntesis de mi vida! Desde que empezamos floto en la infinitud de mi alma. Agradezco muy especialmente a María Carolina, presidenta de Acoinva (la Asociación de Comerciantes e Industriales de Valera), por insistir en que plasmara ese sentimiento en el papel.

Tema 6.- Toda aquella espectacular quiebra de la Filosofía se plasma en dos nombres: Nietzsche, un gran pensador que la remató... y Marx, un buen señor que no entendió nada. Nietzsche asume la quiebra de la Razón -sobre todo la hegeliana- y se burla sangrientamente de ella. Él es la comprensión final de las profundas limitaciones de los seres humanos empíricos, para asumir la elevadísima tarea celestial que Platón y el Cristianismo les asignaron. Es el descubrimiento postrero de nuestra miseria animal, mucho más cercana de las bestias que de Dios. En Nietzsche está ya todo lo que Freud y Jung desarrollarán después: la poderosa restricción que la Psiquis ejerce sobre nosotros, el lastre alacranizante del Inconsciente que el prefroidismo de Descartes o Kant no pudo siquiera intuir.

Marx fue exactamente todo lo contrario. No logró descubrir que la Dialéctica hegeliana era una soberana tontería, que la Lógica sólo puede ser Analítica. Aquella ramplona idea de que a Hegel tan sólo había que "invertirlo", "ponerlo sobre los pies", porque estaba de cabeza. El Materialismo Histórico fue la creencia pueril según la cual el alma humana era un producto de las fuerzas productivas y la evolución natural de éstas haría emerger un Hombre Nuevo, capaz de sustentar el Comunismo. Una sociedad tan extremadamente utópica, con una exigencia de solidaridad tan grande, que requeriría no de Hombres Nuevos sino de Santos Purísimos para poder funcionar. Marx fue, sin duda, la ñapa del fracaso de la Filosofía Occidental.

De todo lo cual deriva una especie de Analogía Trágica que hermana a estos dos hombres y los conecta con el Totalitarismo genocida: Nietzsche -por haber comprendido en toda su profundidad la miseria de Lo Humano y por postularla con fuerza- en alguna medida le abrió el camino al Nazifascismo. Marx, por no haber entendido nada, se lo abrió al Comunismo. Los dos creyeron zonzamente que Dios había muerto, siendo que la Religión (ante el fracaso radical de la Razón y de la Ciencia) es la única esperanza que nos queda.

viernes, 23 de julio de 2010

ALUMBRAMIENTOS Nº 150

Por: Miguel Muñoz

¿Cientos, miles, millones? La verdad es que no sé cuántos somos, pero lo que sí sé es que me cuento entre los venezolanos que quieren que esto cambie para bien y en democracia, y por eso hago, entre otras cosas, escribir, y tratar de ayudar a muchos mas venezolanos, entre los cuales están muchos seres queridos, a encontrar la luz, a encontrar alumbramientos… No se necesita un bombillo de 500. Para saber que las cosas tienen que cambiar, basta con palpar las cuestiones más elementales que padecemos a diario, y les pongo como ejemplos, las colas y malos ratos que pasamos los ciudadanos, para: sacar o renovar el RIF, registrar el título universitario, cobrar la pensión de vejez, pagar la Cantv, conseguir los artículos de primera necesidad, resolver el papeleo para que nos entreguen un vehículo recuperado, obtener un pasaporte, sacar una copia certificada de la partida de nacimiento, sacar o renovar la licencia de conducir; son cuestiones que a cualquier persona por mas aplomada, distraída o superficial que sea, le tienen que afectar… Algo está dormido. Pero no en los otros, sino en nosotros mismos. Hemos estado percibiendo las cosas, más como pueblo que como ciudadanos, y es lo que ha ocasionado que estas cuestiones injustificables estén sucediendo y las tomemos como hechos “normales”, y no hagamos nada… No se trata de dar consejos ni dar consuelos. Lo cual es en vano hacerlo con los inconsolables. Lo que si considero bueno es que nuestros hombres de mentes más preclaras ayuden a los demás a salir del estado actual de ignorancia y de falsas creencias, facilitándoles conocimientos de aspectos esenciales, sobre: la Constitución Nacional, los instintos y las leyes naturales del hombre, el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo, la solidaridad como fuerza expresada en leyes, el necesario reconocimiento de los demás. Estando en conocimiento de estos aspectos fundamentales es posible motivar las conciencias, darles fuerza y sacarlas para rechazar lo que verdaderamente ocasiona nuestros males y para apoyar lo que hay que hacer… La Constitución Nacional como guía. Al respecto nos dice Chiyichen en su artículo “Ideas para superar la pobreza”, publicado en El Nacional, que al dar fiel cumplimiento a la Constitución, a las leyes y a los reglamentos, se garantiza la seguridad jurídica en todas las relaciones y transacciones de la sociedad y eso acrecienta al máximo la confianza colectiva e interindividual, y yo le agregaría que también acrecienta la solidaridad…Estimular la libre iniciativa. También nos dice que las inversiones son los únicos mecanismos para impulsar el crecimiento económico, lo cual permite elevar el nivel de ingreso y el bienestar de la población. Las iniciativas privadas son manifestaciones del afán de auto superación y hay que apoyarlas y complementarlas con las públicas evitando la competencia desleal de los poderosos… Multiplicar los empleos productivos y bien remunerados. Para garantizar un ingreso estable es necesario convertir los subempleos, "informales", o “precarios” en empleos bien remunerados y permanentes… Perfeccionar el sistema educativo. Un sistema educativo que imparte el conocimiento y los valores socioculturales, permite a toda la población administrar exitosamente el aparato productivo y solventar la eventual escasez de recursos naturales. La subcapacitación se asocia con el subdesarrollo…. Pregunto: ¿Para entrar en conciencia, lograr un buen gobierno y superar la pobreza tenemos que esperar cientos, miles o millones de días?…

sábado, 17 de julio de 2010

El pecado de ingratitud

Por: Mauricio García Villegas

En
un país en donde los consensos son tan escasos, todos los colombianos, los de izquierda y los de derecha, los ricos y los pobres, los foristas y los editorialistas, el Gobierno y los medios, todos, se sintonizaron para despotricar contra Íngrid.

Es cierto que la Betancourt hizo mucho por despertar este furor nacional: su decisión temeraria de viajar a San Vicente del Caguán y el monto alucinante de la reparación solicitada, pusieron en evidencia su torpeza política, su codicia y su desconexión mental con la realidad nacional. Todo esto explica, y hasta justifica, la reacción airada del pueblo colombiano. Sin embargo, me parece que hay algo de excesivo en esta especie de lapidación colectiva.

¿Cómo se explica ese exceso? Mi hipótesis es que Íngrid es vista en Colombia como una ingrata y la ingratitud es un pecado que aquí difícilmente se perdona.

Todas las sociedades hacen su lista de pecados capitales, desde los más graves hasta los más leves. Así por ejemplo, los anglosajones, a diferencia de los españoles, creen que la lujuria es un pecado más grave que la codicia. Para un cubano, el egoísmo puede ser un vicio peor que, digamos, la pereza, mientras que para un alemán es muy probable que sea lo contrario. Pues bien, la ingratitud es un defecto que los colombianos ponen casi siempre al inicio de esa lista y eso tiene relación con el tipo de sociedad que tenemos.

En Colombia, como en muchas sociedades en vía de desarrollo, los favores que la gente consigue de los demás valen mucho. Más aún, la defensa de lo propio y el ascenso social dependen en gran medida de las relaciones, de los contactos, de los padrinos. Esto no sólo ocurre con los pobres; los ricos y los de clase media también necesitan de los favores de los demás. El clientelismo político es sólo un capítulo del clientelismo social.

Ahora bien, existe una ley sociológica de los favores: quien regala algo nunca lo hace de manera gratuita; espera que la otra parte haga lo propio. Para que esa ley social funcione, quien recibe el favor tiene que quedar agradecido, de lo contrario el sistema colapsa. Por eso los ingratos son vistos como enemigos del orden social.

En los países desarrollados, en cambio, las personas se protegen y progresan, sobre todo a través del Estado, no de las palancas. El juez, la policía y las autoridades estatales son para ellos más eficaces que los padrinos o los amigos. En Colombia también pasa eso, pero en menor medida. Aquí tenemos —como dice Roberto DaMatta en Brasil— una mezcla de los dos sistemas: la gente usa las conexiones o las leyes según lo que más le convenga.

Los colombianos juzgan a Íngrid con la lógica de la ley social de los favores: “Se hizo secuestrar —dice la gente— y a pesar de eso el Estado la liberó; por eso su gratitud debe ser eterna e infinita”. Íngrid, en cambio, razona con la fría lógica del cálculo legal: no me protegieron bien y por eso tengo derecho a que me indemnicen. En su mentalidad europea y desconectada, la demanda no significa que no tenga gratitud —incluso eterna e infinita— hacia el Ejército.

Sin duda la codicia y la terquedad de Íngrid son reprochables. Pero hay una cierta desmesura en la reacción nacional contra ella; desmesura que, a mi juicio, sólo se explica por esa reprobación, también excesiva, que los colombianos hacemos de la ingratitud.

domingo, 11 de julio de 2010

ALUMBRAMIENTOS

Por: Miguel Muñoz

¡Hey! ¿De dónde sois vos? “Era por allá, por los finales de la década de los sesenta cuando ingresé a la UCV, época en la cual se estilaba pelar “coco raspado” a los nuevos bachilleres que empezaban en su nuevo rol de estudiantes universitarios. Había un joven cursante de media carrera apodado “El Maracucho” quien lideraba los famosos “bautizos” de rapados y que nos daba la bienvenida con un: ¡Hey, de dónde sois vos y dime lo más sobresaliente de tu terruño! Cuando me tocó mi turno, aun montuno, y en medio de mi nerviosismo respondí “Soy de Ciudad Bolívar y lo mas importante de mi pueblo es la Zapuara”. El que venia detrás respondió “Yo soy de aquí de Caracas y lo más importante para nosotros es El Ávila” y mas atrás venía un tipo simpático y extrovertido quien respondió “Mirá primo, yo soy de Maracaibo, la primera ciudad de Venezuela en donde se proyectó una cinta cinematográfica, también fuimos los pioneros en la electricidad, los primeros en juegos atléticos, y como si fuera poco el primer venezolano que ocupó una silla en la Real Academia de la Lengua Española fue un zuliano de pura cepa llamado Rafael María Baralt, decime ¿Queréis mas? Debo confesar que desde ese momento los zulianos me han causado gran impresión y me dije, algún día viviré en Maracaibo. Como por cosa del destino, por esos mismos tiempos un Presidente pálido, tanto como sus descoloridas decisiones, decidió allanar la UCV y muchos tuvimos que emigrar hacia otros lares, yo me vine a Maracaibo tratando de hacer realidad aquel sueño, al llegar me inscribí en LUZ y el primer día de clases uno de mis compañeros de salón me abordó con un ¡Hey! ¿De dónde sois vos? Le contesté su pregunta y al salir de clases, ya considerándome su amigo, me invitó a degustar unos tumbarranchos y unos patacones, antes de empezar a “pegárnosla” con cerveza escuchando a Los Máster y a Rincón Morales en compañía de otros amigos iguales de chistosos, extrovertidos y también con nombres de filósofos” (Muñoz M., revista Guía Urban Maracaibo, 2009)… ¡Ahhhh, qué tiempos aquellos! Era la época de la “Fonoplatea de los éxitos”, del bar “El Rapallo”, de la discoteca “El infierno”, de los clubes “El Catirito”, y “El Naiguatá”, de la Feria de La Chinita en 5 de Julio, de las apuestas en el Hipódromo de la Limpia, de las caimaneras en el terreno de las antenas en La Lago, de los “cepillados” de la plaza de San Francisco, de ir a ver aterrizar los aviones en Grano de Oro, de escuchar raspacanillas debajo del cine Roxi, de comprar rebusques en El Malecón, de echarse una “chapuceaita” en la Playa de la Policía, de ir a tomarse las “friítas” en el local de Ramón Arias o a que Neptali en San Francisco donde el ‘cojo’ Eduardo amenizaba la bullaranga, mientras lo estimulaban Tito Urdaneta, Gilberto Cardozo, Emiro albornoz y Miguel Urrucheaga… Y llegamos a los años setenta. Aún éramos estudiantes universitarios, la mayoría militábamos en los partidos de izquierda, como el PRV, PCV, MIR, MAS, y los lideres de entonces en la Facultad de Economía eran Omar Uribe, José Elías Fuente, Oscar Rincón, Francisco Rojas, Ender Fula, Isaac Mencias, León Sarcos, Héctor Ochoa, Asilfredo Bracho, Amado Terán, Omar Criollo, Luís Joa, Douglas Sánchez, Ángel Morales; y otros como Néstor Suárez y Ricardo Rodríguez eran de Copey, mientras que Mario Joley y Rosita Bermúdez eran de AD. Según fuese nuestra posición la defendíamos, la debatíamos, nos echábamos unos estrujones, pero siempre luchábamos por reivindicaciones y nos respetábamos. Hoy, viendo lo que ocurre en el país, me provoca decir ¡Qué tiempos aquellos!…
Nº.- 148

El drama de ser taxista

Por: Marcelo Morán

Según reciente informe divulgado por la ONU, Venezuela tiene la tasa de homicidios más alta de Suramérica. El documento refiere además que, en la última data recogida en 2008, nuestra República Bolivariana tuvo un promedio de 52 asesinatos por cada 100 mil habitantes, que le otorga la no muy envidiable distinción en materia de seguridad, siendo superada por Honduras con (60,9) y Jamaica (59,5). Y los secuestros, ni hablar. Hace rato dejamos atrás los números de la convulsiva Colombia, que en este sentido ha implementado medidas más acertada para frenar su avance junto a otras ramificaciones. Y sobre estos flagelos que parecen irredimibles hoy en la sociedad quiero contarles una experiencia personal ocurrida en Ciudad Ojeda hace dos años, y sirva de reflexión a taxistas o cualquier persona que sale a la calle diariamente a cumplir sus compromisos.

Jamás imaginé que escribiría este relato después de caer el viernes 15 de febrero en manos de unos facinerosos. Pensé que ese iba a ser mi último día en este plano terrenal, pero la misericordia de Dios es tan grande… que hoy, puedo dar testimonio de ello.

En la entrada de la avenida Bolívar, de Ciudad Ojeda, dos muchachos –adolescentes- hicieron la característica señal para detenerme:

Vamos a El Danto –dijo uno, tras acomodarse de una vez en el asiento de copiloto, el otro lo hizo en el asiento posterior, quien no perdió tiempo para colocar en mi cabeza el cañón de una escopeta recortada, que traía oculta en un morral negro, parecido a la de un escolar:

–¡Quieto! Estáis secuestrao –dijo.

Al principio quise reír. No podía creer que ese fuera el propósito, porque hasta donde yo tenía idea, los secuestros estaban reservados sólo para gente acaudalada. ¿Qué podía ofrecer un taxista como yo, que hasta las 12:40 minutos de esa tarde, apenas contaba con 25 bolívares F, producto de cuatro acaloradas vueltas a la avenida Bolívar? Por Dios, me dije.

De allí fui conminado hacia otro sector de El Danto en busca de un tercer elemento, quien resultó ser el líder y más agresivo, al punto de amenazar con volarme los sesos, incluso si llegara a respirar profundo.

Luego me obligaron a tomar la vía a Bachaquero, a un tramo de la carretera “X”, donde tenía operaciones un pozo petrolero, y el que sería además el mejor sitio para ejecutarme.

En esas fracciones de segundo pensé sólo en Dios, a quien encomendé mi espíritu.

Con las manos atadas me hicieron arrodillar, y seguidamente me taparon los ojos. Sentí el frío de la muerte en mi nuca cuando el verdugo colocaba una pistola 9 milímetros para ajusticiarme. Sorpresivamente los maleantes cambiaron de parecer, después que un extraño motorizado emergiera del monte en sentido este-oeste y pasara a escasos cincuenta metros de donde nos encontrábamos. Ellos sintieron miedo ante la inesperada presencia, y para disimularla, el líder a pesar de esgrimir una 9 milímetros, comentó por no dejar:

–Ese tipo lo voy a bajar de la moto para que no sea tan metido.

Sentí una alegría porque ya no iba a esta solo, pero mi captor no se atrevió a cumplir su palabra. El hombre misterioso que había cruzado frente a nosotros; trasmitía algo raro que hizo enmudecernos a todos: tenía como treinta años, de piel morena clara. Usaba una gorra gris que tapaba parcialmente sus ojos; así mismo llevaba, una franela y pantalón del mismo color. La moto era pequeña –también era gris– y no generaba ningún ruido cuando se desplazaba. Su piloto iba rígido, como si hubiera aparecido sólo para que lo viéramos, porque no tuvo por su gesto ningún interés en mirarnos. De ese modo salió a la carretera principal. Enseguida los maleantes, presa del terror, cortaron mis ataduras y me colocaron en el asiento posterior de mi carro. Al tomar la carretera de nuevo, vi la explanada abierta a todas las direcciones, permitiendo distinguir a un kilómetro de distancia cualquier cosa o persona que pudiera transitar a esa hora: las 2.00 de la tarde, bajo la claridad de un sol ardiente como todos los soleados días que identifican a febrero. Pero no había señales del hombre por ninguna parte. No pudo perderse tan rápido en ese espacio solitario, desprovisto de casas, donde se avistaba sólo pequeños matorrales y tenían movimientos algunos balancines petroleros.

Los bandidos por su parte, cambiaron de actitud conmigo: no volvieron a apuntarme con el arma, ni hicieron algún comentario sobre la misteriosa aparición del motorizado. Salimos de ése desolado sitio para regresar otra vez a Ciudad Ojeda, adonde continuaban llevándome como escudo y para proseguir el ruleteo que terminó con un atraco a una panadería en la urbanización Nueva Venezuela, también de la misma capital.

A partir de allí se activó la persecución policial que terminó después de las 5:00 de la tarde con la captura de dos delincuentes y por supuesto mi liberación en un barrio llamado: San Benito, adyacente a El Danto en medio de una balacera. Un tercero; el líder, logró escapar. Los detenidos, era menores de edad, y quedaron bajo las órdenes de la fiscalía 38 de Cabimas, y asignándoles como sitio de reclusión el retén de menores de Sabaneta, Maracaibo.

Ese largo y complicado día terminó al fin para mí cerca de las 11:00 de la noche, cuando concluí mi declaración en el comando del Instituto de Policía Municipal de Lagunillas (IMPOL), adonde fui trasladado de manera gentil por los funcionarios después de consumarse el rescate.

A casa regresé con el respaldo de mi compañero de Gente del Petróleo y también taxista: José Rodulfo, que curiosamente como yo había sobrevivido seis meses atrás a una incursión del hampa, quedándole sobre su cuello una cicatriz de cien puntos de sutura.

Allí aguardaba mi mujer junto a mis cuatro hijos, quienes me recibieron como un verdadero héroe luego de conocer los difíciles momentos que tuve que pasar. Pero en realidad los únicos héroes de aquel trajinado día fueron dos jóvenes oficiales de IMPOL, quienes haciendo honor al deber institucional, arriesgaron su integridad para salvarme; privilegio que me permite ahora narrarles esta crónica, que no es más que el mismo drama que padecen miles de padres de familia que hoy no pueden salir a la calle en busca de Dios, debido a que esta honrosa y popular profesión se ha convertido en uno de los blanco más preferidos de la delincuencia, al punto de inundar con sus estragos todas las páginas de sucesos: unas veces con saldos lamentables y otras afortunadas como en mi caso particular. Y de continuar así las incidencias, el digno oficio de taxista quedará sólo para supermanes o para aquellos que aman el peligro, como el agalludo personaje de Cool M´Cool.

Mil gracias, IMPOL. Dios los bendiga.

domingo, 4 de julio de 2010

Heidegger y Chávez

Por: Emeterio Gòmez

Para captar cuán lejos estaba Marx de entender lo Humano, nada mejor que cotejarlo con Nietzsche

Vaya esta reflexión para dos fines: agradecer un magnífico artículo de Eduardo Mayobre -Hegel y Chávez-, publicado el martes en El Nacional; y complacer a un amigo que, en un curso, me hizo una petición enfática... precedida de un regaño: "Disculpe, profe, pero me parece que sus críticas a Marx son innecesariamente despectivas. Entiendo que quiera amargarle la vida a Chávez, pero ¡aun así!, y aunque fuese cierta toda esa increíble inconsistencia que usted le atribuye a El Capital, aunque el Comunismo fuese un necedad, una barbarie que se refleja en ese titular de El Universal del miércoles (En empresas comunales no habrá división del trabajo) ¿no le parece que esa imagen de Marx -casi como un bobo- es excesiva y que ella se revierte contra usted, quitándole credibilidad? Pero a lo que en verdad yo iba: ¿Hay alguna otra deficiencia del marxismo, algo más fuerte todavía que le dé algún sentido a la susodicha despectividad?".

Por supuesto, señor: hay una crítica mucho más fuerte. Una que rebasa de lejos toda la estupidez de la Teoría Marxista del Valor, que nos hizo creer -¡como si los bobos fuésemos nosotros!- que el valor de las mercancías depende exclusivamente del trabajo. Una crítica mucho más profunda que todas las que le quepan al Materialismo Histórico, la ciencia zonza que vaticinó la inevitabilidad del Comunismo.

Esa crítica, señor, se centra en la carencia radical en Marx de una Antropología, esto es, ¡de una comprensión específica del Hombre! Comprensión imprescindible cuando se le pide a ese Hombre que haga una Revolución, que se eche a cuestas algo tan terriblemente difícil como extirpar el profundo egoísmo, la codicia, el afán de poder y la insondable animalidad que habitan en nuestro Espíritu. Marx no llegó a asomarse siquiera a la inmensa hecatombe moral que se requeriría para construir una sociedad comunista, centrada en la Solidaridad. Algo que él evadió porque suponía que "el desarrollo de las Fuerzas Productivas determinaba las Relaciones Sociales de Producción". ¡¡Que bastaría con que esas Fuerzas Productivas evolucionen para que los humanos devengan plenamente solidarios!!

Para captar cuán lejos estaba Marx de entender lo Humano, cuánto careció de una Antropología, nada mejor que cotejarlo con Nietzsche, coetáneo suyo. ¡¡Aquél no le llegó a la Filosofía, éste la rebasó con creces!! Frente al optimismo desbordado de Marx -que no vislumbró el problema de la Ética-, Nietzsche desarrolla una poderosa visión pesimista del Hombre; liquida espectacularmente 2.500 años de Filosofía ingenua, aferrada a la idea de que la Razón podía entender Lo Espiritual y, peor aún, podía mejorarlo. A diferencia de Marx, que no asumió la Animalidad Humana, Nietzsche postula la necesidad de un Superhombre, un Ubermensch, como única posibilidad de superarla. Si no se desarrolla plenamente el Espíritu, ninguna Revolución va a mejorar a las bestias que somos. Marx no barruntó el problema moral; Nietzsche, sobrado, se burló de las ingenuas ideas que el Pensamiento Racional desarrolló al respecto.

Pero, más aún que Nietzsche, el destructor final del optimismo utópico marxista en cuanto a las posibilidades del Hombre, fue Heidegger. Porque, sorprendentemente, éste -igualito que Marx- tampoco abordó para nada el problema de la ética. Pero no porque ignorase que ésta era lo esencial de lo Humano, sino porque de tanto estudiar a Nietzsche redescubrió que la Razón no tiene ninguna posibilidad de entender qué es la Moral. O sea, que -como era usual en él- sin saberlo ¡¡Marx se ahorró el andar pensando en estas cosas tan difíciles!!

jueves, 1 de julio de 2010

Cosas de la vida

Por: Marcelo Morán

En el año noventa y seis la Guajira fue azotada por un brote de encefalitis equina que llenó de alarma a las autoridades sanitarias del país y por supuesto, a los habitantes de la península, que en breve tiempo empezaron a sentir sus estragos.

El gobierno de la época evaluó la situación en la persona del propio Ministro de Salud, si no más recuerdo, era de apellido Walter, quien vino al Zulia en una operación relámpago, y en un alarde más digno de clarividente que de médico sanitarista, declaró que, en nuestra región no había tal enfermedad, sino infundios inventado por los wayúu, apoyados quizás por los medios, para desprestigiar la buena gestión del gobierno que él representaba.

Esa misma semana, en Ciudad Ojeda, recibí la noticia de que entre las primeras víctimas se encontraba una prima muy apreciada de mi abuela, que vivía en Guarero y acababa de cumplir ciento diez años.

No pude asistir al velorio, Pero sentí una indignación muy grande por las desventuradas palabras del funcionario hacia el dolor ajeno. Como si el pueblo wayuu tuviera que merecerse todos los infortunios del destino por vivir en un área geográfica donde por ironía, existe la primera señal (hito número 1) que recuerda, sobre todo, a inconcientes como él, que allí comienza la Patria, y como ciudadanos de Venezuela los wayuu son dignos también del respeto y los mismos privilegios que gozan los venezolanos de la capital.

Así que logré expresar mi inconformidad a través de un artículo de opinión que envié con mi amigo Gustavo Alfonso para Valencia, donde acababa de entrar como soporte técnico en un nuevo proyecto editorial, y donde fungía como jefe de redacción el padre de nuestro común amigo Vladimir García. A la semana siguiente, regresó Gustavo con un ejemplar de El Espectador -que todavía conservo- y muy sonriente me dijo:

-Campeón, ve lo que hicieron con tu artículo. Se refería a un llamado en primera página a la nota que William García Insausti había convertido en reportaje, ilustrándolo incluso con fotos del paisaje guajiro.

El relato comenzaba con la llegada de Alonso de Ojeda en 1499, y terminaba en una interesante plática en un autobús con un viejo que se dirigía muy preocupado a Castilletes a saber de sus familiares, quienes podían ser víctimas de la enfermedad que no sólo mataba a equinos.

Para un wayuu los sueños pocas veces se equivocan y sobre todo cuando se hace muy reiterado. En la visión, el viejo regresaba de nuevo a su adolescencia y volvía a ejecutar la misma tarea reservada para los jóvenes de su edad, como era pastorear carneros. Pero en otro plano, él apreciaba cómo la Guajira desaparecía con todo su ambiente xerófilo, y en su lugar, se plantaba una ciudad extraordinaria, comparada a lo mejor hoy con Shangai o Estambul.

La idea de esa adelantada ciudad revoleaba en mi cabeza desde mi niñez, y no fue hasta julio del año 2000 cuando decidí plasmarla en un cuento con el título de: Viaje a Santa Cruz de Wuinpumuin, de seis cuartillas de extensión, que luego transformé en novela en 2007 y aún llevo del tumbo al tambo a la espera de un buen samaritano para su publicación.

Al reportaje le saqué varias copias y entre ellas, envié una a Maracaibo que fue leída a mi madre de forma inmediata por mi hermana Beatriz y de allí, por un grupo de parientes que se había refugiado en nuestra casa tras huir de los rigores de la epidemia.

El reclamo de mi madre no se hizo esperar por teléfono después de oír el extraño relato.

-¿Cómo es que fuiste a la Guajira y no pasaste por aquí?

-¿Por qué tuvo que salir en un periódico de tan lejos, y no en los de Maracaibo?

Ella supo enseguida que el sueño de la desaparición de la Guajira que yo le atribuía a un viejo compañero de viaje, no era otro que, un sueño que yo había tenido en mi infancia, y nunca dejé de contar en las tertulias con mis familiares, y no he dejado de recordar todavía, después de transcurrir más de cuarenta años.