jueves, 18 de abril de 2013

Los retos del nuevo presidente


Por: Maxim Ross

Después de estos tensos días de elecciones y todavía sin tener un ganador reconfirmado, dada la solicitud de revisión de los resultados por parte de la oposición, el Presidente que se encargue del nuevo período gubernamental va a enfrentar un verdadero desafío en materia económica y política, y digo en ambas vertientes porque la una está soportada en la otra. No se trata, esta vez, de medidas económicas convencionales, como si nos encontráramos en una situación normal. Por un parte, porque el legado de compromisos que se vienen acumulando obliga a decisiones más allá de lo cotidiano y, por la otra, no pueden descartarse los escenarios que dejan las elecciones para identificar las restricciones políticas.


La realidad que está por delante



Dos grandes campos aparecen en el ambiente económico, unos, a corto plazo, determinados por la exagerada expansión de los gastos del año anterior, principalmente en el Gasto y el déficit Público y el récord en las importaciones y otros, a mediano plazo, con serias dificultades para regresar a una senda sostenible de crecimiento y baja inflación. En el medio de ambos periodos está el problema cambiario, el cual, según se maneje puede tomar un curso más incierto o regresar a una ruta predecible. El Gasto y el déficit Público crecieron en forma desproporcionada, tanto que en términos nominales como reales, si comparamos 2012 con 2011. Las importaciones llegaron a un máximo histórico de US$ 60.000 millones y, por primera vez, en el último trimestre del año pasado la cuenta corriente de balanza de pagos fue negativa, cuando este número ha sido siempre positivo en los últimos años, máxime con precios del crudo  por el orden de $ 103/b.



En el mediano plazo la situación se presenta algo más comprometida, en primer lugar porque habría que vencer las restricciones y obstáculos que frenan un crecimiento sostenido de la economía que no se soporte en el convencional "impulso fiscal", lo que ya de sí plantea un cambio cualitativo en las medidas que lo promueven y, ese crecimiento tiene que materializarse en un ambiente de baja inflación, esta vez sí de un dígito, para transmitir bienestar y empleo efectivo para los venezolanos.



En el mismo periodo de tiempo el campo de la situación externa presenta retos y desafíos mucho más exigentes, no solo por la necesidad indispensable de estabilizar el valor del bolívar y llevarlo a zonas mucho más predecibles, sino porque los saldos de balanza de pagos presentan cifras bastante fuera de control, no por los valores de las importaciones a que hicimos referencia, los cuales requieren acciones urgentes, sino porque en rentas, servicios y flujo de capitales muestran cifras dignas de un alerta temprano. Como si no fuera poco, los pagos de la República y Pdvsa por el servicio de deuda externa serán crecientes en este periodo gubernamental. Sabemos, además, que la capacidad de producción petrolera ha mermado considerablemente y que los precios internacionales no van a producir un repunte capaz de darle un salto a los ingresos externos.



¿Puntos de encuentro para las soluciones? 



Como puede notarse no estamos enfrentados a medidas convencionales y, probablemente se requiera un gran acuerdo para impedir que Venezuela termine en una ruta de empobrecimiento muy similar a la que produjo la crisis económica y política que vivimos luego de los años ochenta y que vino culminando a finales de los noventa. Que no se vuelva a repetir una situación similar depende de la capacidad de la dirigencia política para llegar a acuerdos relevantes. Como se ha hablado de diálogo y reconciliación de un lado y, del otro, de que ese diálogo es solo con el pueblo, no con las elites, todo pareciera indicar que no parece viable y represente una salida para la realidad que hemos presentado.



Sin embargo, al parecer se abre una ruta de probable entendimiento si, de verdad, el documento que aparentemente han escrito algunos asesores del actual gobierno es auténtico y sincero en su diagnóstico y sus recomendaciones. Coincide notablemente con las ideas y recomendaciones que hicieron profesionales para la MUD, con muchas de las que hemos planteado reiteradamente y con el sentido común. Quizás esta sea una vía, reconozco poco convencional, pero fructífera que podría ser ensayada para evitarle a Venezuela una crisis económica y política de grandes proporciones.
En ese sentido las coincidencias.

sábado, 13 de abril de 2013

Manual para deshonestos


Por: Alonso Moleiro

Escribo estas líneas en la víspera del desenlace del domingo 14 de abril. Una campaña electoral abrupta y de carácter inédito, extremadamente corta e incluso más apasionada que las registradas en el pasado reciente.

Sin bien la maqueta de simpatías e identificaciones no debe conocer modificaciones demasiado estructurales en el trazo grueso ­dos fuerzas políticas que copan completamente la escena nacional, y que han invadido los espacios domésticos con sus valores emocionales y postulados­, es obvio que la ausencia de Hugo Chávez está produciendo algunos desequilibrios, todavía no demasiado perceptibles, en la vida cotidiana de los venezolanos.

El chavismo mantuvo el espíritu de cuerpo y honró la última disposición de su líder, acompañando la candidatura de un trastabillante y controvertido Nicolás Maduro.

Un dirigente que ha desarrollado técnicas para maniobrar y desplazarse en la política como parte del alto gobierno, en calidad de funcionario público, como ha quedado dicho en otra parte por quien suscribe, pero que tiene objetivas debilidades como figura nacional al momento de convocar simpatías en unas elecciones. Muchísimo más en unas elecciones de este tenor.

Queda claro que Maduro fue el sucesor escogido y que la militancia del gobierno identificó en su figura los elementos unificadores que necesitaba en el espacio emocional dejado por el desaparecido Chávez.

La debilidad de su oratoria y su discutible carisma, junto al apreciable abismo que podemos constatar cuando establecemos la comparación con su predecesor, lo único que nos indican es que la brevedad de esta campaña hizo mucho para ayudarlo.

De haber tenido un margen mayor de exposición, con bastante probabilidad el capital político del oficialismo se habría desmigajado con alarmante rapidez. El nerviosismo exhibido por la alta dirigencia del PSUV en los últimos días, expresado en truculentas denuncias que se contradicen unas a otras, así lo delata.

En la otra acera, Henrique Capriles Radonski comandó a una Mesa de la Unidad con un aparato bastante más modesto y una militancia con una fidelidad algo más condicionada que la de sus adversarios.

Fue un acierto de Capriles endurecer el tono de su mensaje y descorrer ante los venezolanos la terrible realidad cotidiana que padecemos, olvidándose por esta ocasión de complacer los oídos del presuntamente existente "chavismo blando".

Capriles conoció un enorme crecimiento como líder político, y, más allá del resultado, condujo una campaña electoral totalmente acertada en términos conceptuales y estratégicos.Queda en la audiencia la sensación de que se desarrolló una contienda en la cual abundaron las acusaciones menudas y los insultos sin contenido. Expresión inequívoca de la decadencia nacional, un proceso lento pero sostenido que ha vivido la nación en los últimos 20 años.

La terrible debilidad institucional vigente en el país me permite hacer un hincapié esencial para apuntar lo fundamental de esta nota: el enorme desbalance existente en materia de condiciones y oportunidades; la forja de un sistema de decisiones políticas destinadas a favorecer al status y al gobierno; el cuadro estructuralmente desequilibrado que se registra en la opinión pública; la reiterada secuencia de violaciones a la normativa legal que favoreció a una de las dos tendencias en un contexto de completa impunidad.

En fin, me refiero a las reiteradas declaraciones, en clave de amenazas, violatorias a la Constitución Nacional, hechas por el ministro de la Defensa a favor del partido de gobierno.

La grotesca e ilegal intromisión de la Fuerza Armada en la política cotidiana, herencia directa de un hábito que le impuso a la nación el propio Chávez, que contradice el espíritu constitutivo de la institución castrense.

El empleo ventajista que hizo el PSUV de todos los bienes del Estado, con el objeto de favorecer a su causa. La consolidación del peculado de uso, la administración inescrupulosa y corrompida de los bienes nacionales a favor de una parcialidad política, la superposición de los objetivos del gobierno con los del Estado como expresión de uno de los rasgos más visibles del subdesarrollo y el retroceso que experimentamos como sociedad. Especialmente patente en el comportamiento de medios estatales, como Venezolana de Televisión.

La escasez de modales y de vergüenza de las instituciones públicas para presionar a sus empleados; la ofensiva lenidad complaciente, que, al respecto, se observa en instituciones como el Ministerio Público.

La consolidación de un ambiente político en el cual ha sido posible que la disidencia haya sido amenazada, agredida con insultos de diverso calibre; vilipendiada con cualquier licencia, coaccionada de forma por demás cobarde, en medio de un silencio deshonesto e indignante, que incluye, también, al Consejo Nacional Electoral, en episodios como el que tuvo que vivir Norkys Batista breves días atrás.
Coloco estos apuntes sobre la mesa, nuevamente, sin conocer todavía el desenlace electoral, como quien manda un mensaje dentro de una botella. Nuevos tiempos se irán aproximando; más allá de los titulares y la lectura gruesa, generaciones futuras de venezolanos curiosos tendrán que pergeñar material de prensa y artículos como este para poder comprender lo vivido en este complejísimo tiempo histórico. Esta ha sido la era del fanatismo, la impostura y la ausencia de escrúpulos.

Quienes, invocando al pueblo, hoy piensan que se saldrán con la suya con zancadillas seudo legales, silencios espesos y agresiones judiciales, quienes son capaces de cualquier cosa para no soltar el poder político, serán finalmente juzgados como lo que son por las siguientes generaciones de ciudadanos.

El voto castigo

Por: AMÉRICO MARTÍN

Cada vez que me tropiezo con una elección, sea cual fuere el país considerado, veo brotar la ratio del voto castigo. Doy fe de que no siempre funciona pero también de que a veces lo hace. Comentaré a continuación una de esas veces, una sola, que para mayor comodidad del lector se refiere a nuestro atormentado país.


Aunque el título pudiera dar a pensar que en las líneas subsiguientes cometeré el error de infringir la normativa electoral, mis lectores descubrirán ­apenas pasen la vista por ellas­ que no hay tal. No hago propaganda electoral y ni siquiera menciono a los candidatos que se enfrentan este domingo 14 de abril. Suerte para ambos.

Cada vez que me tropiezo con una elección, sea cual fuere el país considerado, veo brotar la ratio del voto castigo. Doy fe de que no siempre funciona pero también de que a veces lo hace. Comentaré a continuación una de esas veces, una sola, que para mayor comodidad del lector se refiere a nuestro atormentado país.

¿Recuerdan el histórico Viernes Negro que estremeció al gobierno copeyano de Herrera Campins? Creo que una radiografía de los sucesos de ese día puede darnos la pauta para comprender cuándo y cómo opera el llamado voto castigo.

Los cuatro jinetes del apocalipsis eran la presión de los acreedores, el déficit fiscal, la caída del precio del petróleo y una precipitada fuga de divisas. Asediado por esas furias, el gobierno decidió devaluar el bolívar. El Viernes Negro, fue eso: una dolorosa devaluación, no dos, apenas una.

Nuestro bolívar pasó de 4,30 por dólar a entre 12 y 15. La gente sintió el golpe en la boca del estómago. No entendía el lenguaje de los técnicos pero sabía harto bien lo que significaba la pérdida de capacidad adquisitiva de su salario.

Porque así son las devaluaciones. Al principio, su nombre no está al alcance del hombre de la calle, pero sus efectos sí que lo están, y suelen ser demoledores.

El problema fue también la época: 18 de febrero de 1983, último año del período constitucional. Era evidente que el malestar mostraría su rostro en las elecciones. Si tú me tocas el bolsillo yo te castigo con el voto. Hasta el más inocente pudo anticipar la caída de Copei y la subsecuente victoria de AD. Jaime Lusinchi le sacó más de veinte por ciento a Rafael Caldera.

El presidente Herrera impuso un control de cambios (Régimen de Cambio Diferencial mejor conocido con las siglas de Recadi) para que las reservas en dólares no huyeran en estampida al extranjero. Como ocurre siempre, la corrupción estalló en toda su podredumbre y se proyectó al gobierno que estaba por nacer.

Se identifica RECADI con Lusinchi porque aunque lo decretó el régimen anterior, cubrió todo su período. También se le recuerda como manadero de corrupción y de grotesca impunidad.

Puede decirse que el viernes negro le cambió la faz al país. El desengaño social, las protestas continuas, el profundo desajuste de la economía y la caída del tradicionalmente alto nivel de vida de los venezolanos hicieron pensar que la estabilidad democrática había desaparecido, dando paso a desesperadas confrontaciones sociales.

3 Para evitar su inexorable caída, Copei esgrimió el mito contra la realidad social. Postuló a su legendario líder, Rafael Caldera. Venía de un primer gobierno engalanado por el éxito de su audaz política de pacificación. Pero esa arma no sería suficiente para que el hombre fuera reelegido.

La pacificación contó con la seriedad de los presos políticos beneficiados. Para Caldera fue un riesgo calculado. Sabía cómo pensábamos porque nuestras discusiones eran públicas y por eso comprendía que puestos en libertad no correríamos a empuñar las armas sino a construir nexos legales con la sociedad.

Claro, nunca segundas partes fueron buenas y por eso cuando más tarde en un nuevo gobierno repitió esa política, pasó por alto las turbulencias emocionales e ideológicas de los nuevos pacificados. Pero esa historia me aleja del tema.

El prestigio de aquella pacificación adornó a Caldera. Sería ese su principal aval para emprender la nueva aventura electoral. La misión del fundador del partido era remontar la cima desde la que había se desplomado el gobierno copeyano como consecuencia del Viernes Negro. La devaluación aplicada por Herrera no podía ser olvidada porque el pueblo la estaba sintiendo en la carne.

Para engañar al fatal voto castigo quedaba el peso del viejo líder. El desnivel entre el candidato oficial y el retador parecía muy pronunciado. Caldera era una personalidad mundial, un ilustre profesor y jurista laboral. En fin: uno de los padres de la democracia. En tanto que Lusinchi era un hombre de lo más corriente.

Caldera trató de hacer valer sus credenciales intelectuales en un debate público, que Lusinchi eludió mientras le fue posible.

Presencié aquel debate en un restaurant de Las Mercedes. Observé el talante de los rivales antes de que se iniciara el programa. Caldera, tranquilo, seguro; Lusinchi, algo desconcertado. Nadie esperaba un resultado distinto a la victoria del intelectual pero por eso mismo se pensó que las posiciones electorales no se alterarían sensiblemente.

El problema es que el contrapunteo no premió al favorito y no por la solidez o no de los argumentos presentados ­en ese sentido Caldera me pareció superior­ sino por lo que el país "percibió". Muchos vieron ganar a Lusinchi, otros se pronunciaron por un empate, que fue equivalente a una victoria, por tratarse del candidato en principio menos fuerte.

Si un triunfo de Caldera no hubiera cambiado sensiblemente las inclinaciones electorales, una derrota o algo parecido tuvo el efecto contrario: el modesto Lusinchi le sacó más de 22% de ventaja a su célebre contendor La arquitectura del voto castigo comenzó a construirse con una devaluación y terminó con el cambio del gobierno. Que la historia lo registre, Señor.

martes, 9 de abril de 2013

El gobierno va a perder


Por: Teodoro Petkoff

En el mundo opositor se respiran aires de triunfo. Las dos recientes actividades de Capriles: la marcha nocturna de hace una semana y luego el descomunal mitin de la avenida Bolívar y sus adyacencias, el domingo pasado, constituyen testimonio elocuente de ese talante de vencedores. No porque hayan sido grandes manifestaciones; en Caracas estamos cansados de ver los llenos de la avenida Bolívar, sino por el espíritu que animaba a la enorme multitud. El de la confianza en la victoria.

En las dos grandes fuerzas que dividen a la nación se están produciendo procesos de opuesta significación. En el chavismo es inocultable el impacto que ha producido la ausencia del líder. Chávez no construyó un verdadero partido sino una máquina electoral, carente del cemento de ideas que dan consistencia a una organización política, de allí que carezca de un equipo de dirección capaz de proporcionar una orientación al país. Ausente el líder taumatúrgico sus herederos lucen completamente incapaces de calzar sus botas. Nicolás Maduro, el más sobresaliente y candidato ahora a la presidencia, no posee ningún rasgo o atributo personal que le proporcione una personalidad propia.

Es más bien opaco. De allí su agónico empeño en aferrarse a la imagen del líder fallecido. Sin ella Maduro se siente desamparado. Pero esto no sería tan grave de no ser porque el desamparo también arropa a una parte considerable del vasto mundo del chavismo popular. Demasiada gente no ve en Nicolás Maduro al sucesor, a lo sumo lo consideran un “peor es nada”.

En cambio, en el lado opositor no sólo se reafirma la candidatura de Henrique Capriles, que ha ido adquiriendo un vigor y una envergadura crecientes, parejas con el incremento de su capacidad de convocatoria. Más que un candidato, Capriles tiene hoy la estatura de un líder real para la oposición. Su posibilidad de victoria no es hoy una ilusión sino una verdadera certidumbre. Capriles no sólo debe ganar sino que puede ganar.

Desde luego, se enfrenta a la máquina inmensa y poderosa del Estado, cuyos recursos están siendo utilizados inescrupulosa y obscenamente por el candidato oficialista. Pero no es la primera vez que en este país es derrotado el ventajismo oficial. Esta vez, además, ese ventajismo cuenta con el handicap de la pésima gestión de los cien días de Maduro. En tres meses su gobierno ha clavado dos devaluaciones del bolívar, con la inevitable consecuencia de que todos los presupuestos familiares han resultado afectados por la pérdida de valor de la moneda nacional. Naturalmente, son los más pobres quienes padecen las peores consecuencias de la depreciación del bolívar.

Esta carga cae pesadamente sobre los hombros del candidato oficialista. Vamos a ver qué le aconseja el pajarito para hacer frente a esa chupa que le ha caído encima. Por cierto, también como herencia, porque para ser justos con Maduro, esa devaluación la diseñó y montó Hugo Chávez, a Maduro le ha tocado recoger los vidrios rotos. El gobierno va a perder, pero no gratuitamente. Ese ánimo que se vio el domingo en la avenida Bolívar se tiene que repetir el próximo domingo.

viernes, 5 de abril de 2013

En el ojo del huracán


Por: AGLAYA KINZBRUNER

No nos interesa en este momento evaluar la gestión de Chávez, ni la de Maduro tampoco. En cuanto a este último Gustavo Coronel escribió un excelente artículo el 27/3/13, llamado "La aterradora ignorancia de Nicolás sobre petróleo y apóstoles".

Lo que nos parece relevante es cómo ambos son percibidos por la gran masa popular y posibles semejanzas y contrastes.

Chávez encarna el mito de la Cenicienta. El muchacho pobre venido de abajo que se encumbró, llegó a ser Presidente, usó relojes caros, dicen que tenía desde la colección completa de Bulgari hasta un Patek Philippe, cada año aumentó lo que gastaba en higiene personal, baños y perfumes, ropa y viajes. Y con todo eso, jamás olvidó a su pueblo, por lo menos si de nombrarlo se trata.

Tampoco olvidó jamás a Hamás (¡oh! ¡la disonancia!), Hezbollah, Ahmadineyad, los Castro, Lukashenko, Al Bashir, Bashar al Assad, en fin, la créme de la créme.

Pero, como dijimos antes, no se trata de juzgarlo sino de establecer ciertos parámetros sobre la diferencia de percepción de parte del pueblo entre él y Nicolás.

Este último, al igual que Chávez, viene de un hogar humilde pero si uno se toma la molestia de indagar, de preguntar por ahí a ver qué piensan los demás obtendrá la siguiente percepción. "Es el muchacho que corre detrás de la ambulancia".

No hay elemento visual más claro que ese. A este respecto hay varias frases que se han vuelto populares. Una es de Capriles: Nicolás, no te vistas que no vas, y otra: Nicolás el Breve. Una duda terrible nos corroe.

¿Será que piensan aplicarle a Nicolás el famoso Método Chaz? Ciertamente que, en caso de ganar las elecciones, con este CNE tan injusto todo es posible, nadie parece pensar que Maduro se pueda eternizar en el cargo como su predecesor.

Maduro no dura, dicen. Vox populi vox dei. Desde que él lleva esta parodia de gobierno, hemos tenido dos devaluaciones, los presos políticos siguen presos y los periodistas, escritores, columnistas y caricaturistas han sido insultados y amenazados de muerte. No hemos observado la más mínima amplitud o finesse en su trato.

En cuanto a finesse y ya que los jesuitas están de moda, queremos contar la siguiente anécdota: un franciscano y un jesuita, grandes fumadores ambos, se cansaban de tanto rezar sin siquiera probar un cigarrillo. Deciden pedir el permiso correspondiente.

"¿Puedo fumar un cigarrillo mientras rezo?", le preguntó el franciscano a su superior.
"Claro que no", contestó éste indignado. Se reunió el franciscano con el jesuita y le contó su descalabro.
"Pues yo sí conseguí el permiso", contestó éste fresco como una lechuga.
"¿Y tú que preguntaste".
Satisfecho el jesuita contestó: "¿Puedo rezar mientras fumo? Y enseguida me dijeron que sí".

miércoles, 27 de marzo de 2013

AMARGURAS (III).


Por: Víctor Hugo D’Paola

1.- La excelente periodista Elizabeth Araujo me entrevistó para Tal Cual. Una de las preguntas y la respuesta respectiva no fue publicada, seguramente por razones de espacio. Aquí incluyo la pregunta y la respuesta que me parecen importantes.

PREGUNTA. Hay un caso que impresiona, el de Marco Aurelio García, tal vez el asesor más influyente en la política de Brasil frente a Latinoamérica, y de quien se creía un izquierdista de avanzada, y ahora aparece como el defensor del chavismo ante el gobierno de Rousseff.

RESPUESTA. La política exterior de Brasil es una política de estado, es la misma, sea el Presidente Fernando Henrique Cardozo, Lula o Dilma Rousseff, la dirige Itamarati, y está reputada como un ejemplo de verdadera diplomacia. La representa el Canciller, en este caso Antonio Patriota, un funcionario de carrera. El partido izquierdista PT –Partido de los Trabajadores- lo fundó Lula, entre otros dirigentes, tiene su propia política internacional, esta la dirige Marco Aurelio García, radical, con influencias trotskistas, formado en el exilio en Chile y Buenos Aires. Tiene una oficina en Planalto, al lado de la presidencia, y es consultado en asuntos de América Latina. Muy amigo de los Castro de Cuba y también del chavismo venezolano, busca influir a favor de estos en la política exterior de Brasil. Lula le hacía caso, el dilema de la Rousseff es a quien seguir, aunque casi siempre se inclina por lo que diga Itamarati. Tanto el gobierno de Lula como el de Dilma, igual que el de Cardozo, han representado una socialdemocracia avanzada; el PT ha tenido que dejar de lado su radicalismo, además está marcado por graves casos de corrupción, donde aparecen con juicios condenatorios dirigentes tan importantes como José Dirceu y José Genaino, ministro de la casa presidencial de Lula el primero y Secretario General del partido, el segundo.

2.- Los últimos años, Hugo Chávez se hacía acompañar en actos oficiales y protocolares por su hija María Gabriela. Tal vez pensaba que ésta sería una especie de Keiko Fujimori y destacaría en la política. Si ese era el plan, no dio resultado y en la hora más dramática, la despedida, tuvo que optar por Maduro, uno de sus adláteres más cercano. Ahora vuelve María Gabriela, con una carta emotiva a su difunto padre. En la leída misiva ataca con gruesos epítetos a Henrique Capriles y a la oposición. Solo una cuestión le quisiéramos recordar a la hija del caudillo. Su padre estaba mal de una grave enfermedad, sin embargo engañó a los venezolanos al presentarse como candidato para una posición que no podría ejercer, la presidencia. Les mintió cuando dijo que estaba bien, que se encontraba curado de sus males. Un burdo engaño electorero  que le ha hecho mucho daño al país. Por supuesto, María Gabriela en su carta no se refiere a esto, que es imperdonable y pesa para la historia del líder chavista.

3.- Si quisieran sepultarlo en el Panteón Nacional, las normas establecidas les importaría poco, simplemente las cambiarían. No, en el Panteón hay mucha gente, incluso algunos que ahí no debieran estar. Se trata de ponerlo solo, como un verdadero dios de proyección infinita. Así escogieron el Museo Militar –lugar por cierto, del mayor fracaso militar del líder “invicto”-, le cambiaron el nombre (“Cuartel de la montaña”) y construyeron un mausoleo donde debe reposar solo el guerrero, para mayor gloria de los “héroes” del 4 de febrero. Peculado de uso, dice mi amigo Gonzalo González, ya que este edificio es del Ministerio de Defensa, y ahora es usado para la propaganda de un partido político. Solo como Napoleón en Les Invalides, verdaderamente gran estratega militar; como Lincoln –la democracia estadounidense le debe mucho a este anciano con visión de futuro- en Washington; como los Reyes Católicos en Granada, que reconquistaron Iberia de los musulmanes; también Franco, el tirano español, tiene su mausoleo en “El valle de los caídos”. Este, desgraciadamente fue vencedor en una guerra civil. Aunque el hombre de Sabaneta no tenga una epopeya relevante, la creación y mantenimiento del mito les hizo conveniente el mausoleo de La Planicie.

lunes, 25 de marzo de 2013

Angelitos Negros


Por: Ibsen Martinez

La semana pasada publiqué un artículo que suscitó en el chavismo un vendaval de mentadas de madre televisivas y una verdadera paliza virtual, propinada anónimamente a este servidor gracias a las llamadas redes sociales. Afortunadamente para mì, los porrazos hasta ahora sólo han sido virtuales y las amenazas a mi integridad personal no se han concretado.

La tradición periodística occidental recomienda no dejar pasar la ocasión, responder con otro artículo que deje ver cuán inútiles son las intimaciones a callar porque el aborrecido está ganado para la causa de la libertad deexpresión y nada ni nadie logrará et cétera ,etcétera.

La verdad, si bien no me siento en absoluto acobardado, debo admitir que los denuestos de Mario Silva , los tuits de Jorge Rodrìguez y el esfuerzo conjunto de la docena de malentretenidos que colmaron mi buzón de voz con la promesa de sodomizarme y exhortaciones a abandonar el país han logrado disuadirme de escribir sobre lo que pasa en Venezuela.

Al menos por una vez debería ocuparme de asuntos menos lacerantes para la tan jaleada "dignidad revolucionaria". Pero, ¡ay!, no puedo prometer nada porque la oferta de temas para la irrisión que ofrece el chavismo sin Chávez es demasiado suculenta, hasta para el talante más desaprensivo: ahí tiene usted, por ejemplo, la estampa llanera que la televisión gobiernera brindó en estos días: un Nicolás Maduro tocado con un sombrero de ala ancha, sentado justo en el medio de un semicírculo de seguidores, entre quienes se encontraba un militar en traje de faena. El grupo estaba, a su vez, en un reventadero de sol cuya inclemencia era apenas mitigada por una carpa.

Un árbol llanero y una hamaca brindaban el toque justo de galleguiano telurismo. ¡Ah, el sombrero de Maduro! Lo hemos visto en más de un desfile "cívico-militar", multiplicado en las cabecitas de innúmeros reclutas caracterizados de llaneros de Páez .

Es un modelo que, desde luego, nadie usa ya: no es invención mía que el tocado llanero por excelencia sea desde hace muchos años la simpática y demótica gorra de pelotero.

Sin embargo, Maduro se toca con un sombrero alón y adopta el continente grave de un daguerrotipo en el que, digamos, el general Joaquín Crespo, posase con el alto mando de la revolución de 1892 poco antes de la acción de Mata Carmelera.

Imagino que Maduro se pone ese sombrero para mejor subrayar el cariz campesino de la "misión" que, sin duda, estaba anunciando. Para ello incurre en tan simbólico anacronismo: este genuino astro de la impostación se disfraza de Ezequiel Zamora y se sienta bajo un merecure a perorar ante las cámaras para que nadie dude de su compromiso con la causa de borrar de la faz de Venezuela todo vestigio de latifundismo. Esto último es solamente lo que presumo que decía Maduro, disfrazado de Maisanta.

No puedo asegurarlo porque el monitor de la sala de redacción en que lo vi no tenía puesto el volumen, pero el efecto logrado era muy descorazonador: todos los circunstantes tenían cara de pena ajena, no sé si me explico. Cara de "cuando terminará esta vaina", cara de cuarenta grados a la sombra. En especial, el alto oficial de la fuerza armada.

Con todo, no abrigo la menor duda de que Maduro ganará las elecciones. ¡Ugh! ¿Qué he dicho? ¡Ahora serán los entusiastas de Henrique Capriles quienes me lapiden con sus tuits! Ya me parece estar leyéndolos: "¡Derrotista, escribidor de culebrones, ¿quién te estará pagando?" En fin, a lo hecho pecho: decía que pienso que Maduro ineluctablemente ha de ganar las elecciones del 14 de abril porque uno de los aportes culturales del chavismo a la antropología del colectivismo latinoamericano, con o sin Chávez, ha sido "conectar" la cursilería ambiente.

Hablo de esa cursilería basal del pueblo venezolano que nos ha dado, entre otras manifestaciones, a Lila Morillo y , en un plano más astral, a María Lionza. Y lo está haciendo estupendamente bien; su desempeño como monigote designado por el Nunca Bien Llorado para llevarnos al socialismo del siglo XXI es sencillamente impecable.

Uno lo ve allí, con su sombrero alón y su bigote y el ceño fruncido , rodeado de personeros muy compenetrados con su tarea histórica y, llevado de descaminadores reflejos intelectuales propios de la élite blanca y eurocentrista, piensa: "Esto es realmente lastimero, esto carece de imaginación, esto es el colmo de la ramplonería".

Y, puesto a pensar de este modo, puesto a estirar esa opinión esteticista y pequeñoburguesa, puede llegar a pensar, como lo expresan algunos analistas, que la estampa llanera deja ver alguna debilidad, algún nerviosismo preelectoral. Pero no es así. El hombre del bigotazo y el sombrero alón es espejo y guía de los desposeídos venezolanos. Los interpreta a cabalidad.

Se merecen los unos a los otros y por eso prevalecerán. Y dicho esto, queridísimo Jorge Rodrìguez, envío mi artículo a Talcual y me dispongo a escuchar un quinteto de Himdemith y a leer un poquito más de Christopher Hitchens.

viernes, 22 de marzo de 2013

23 días


Por: Eleonora Bruzual

Faltan apenas 23 días para unas elecciones que vuelven -quizá con más patetismo- a poner en las manos de los que nos consideramos demócratas el destino de esta patria traicionada, saqueada e invadida. Una Venezuela tasajeada, dividida, liderada por un lado por una sarta de cultores del odio que escupiendo maldad tienen las "santas voluntades" de endosarle esa característica a los que ni siquiera consideran adversarios políticos sino enemigos a barrer, y que competimos en absoluta desigualdad con un candidato que tiene como contendor al Estado secuestrado, desmantelado y puesto al servicio de una banda que desde Cuba ha venido por años imponiendo sus planes. 

23 días para con votos poner fin al señorío de la violencia, al odio como estrategia de dominación, a la limosna que prostituye y trastoca al ciudadano en siervo. 23 días para cesar la farsa de la lucha contra "El Imperio" invasor cuando la realidad es que estamos invadidos por chulos insaciables que desde una isla paupérrima se han erigido en los verdaderos dueños del país. 23 días para iniciar la ardua tarea que nos lleve a recomponer esta tierra nuestra donde la muerte violenta e impune se hizo cotidiana, donde aceptamos pasivos que una familia presidencial de pobres de solemnidad hace 14 años ahora sean mil millonarios que comparten el vergonzante récord de haberse enriquecido desde el abuso del Poder con una élite corrompida que procura obligarnos a ser siervos mendicantes mientras ellos lo controlan todo, lo usufructúan todo y siguen con la misma pretensión mavitosa de perdurar "Hasta el fin de los tiempos". 

23 días para enfrentar a un "heredero" que ha resultado una grotesca caricatura de quien imaginó en su delirio que no sólo lo erigía en sucesor sino que le endosaba características propias imposibles de ostentar. 23 días para poner fin a la entronización de los antivalores. 23 días para que Henrique Capriles, con nuestro apoyo, entrompe la barbarie y la venza. 23 días para un amanecer de esperanzas ciertas. 

sábado, 16 de marzo de 2013

Caracas y la novela negra


Por: Víctor Hugo D’Paola.

Con el tiempo me he vuelto adicto a la novela negra. Policial se llamó desde los tiempos de Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle y Agatha Cristie, clásicos y románticos al mismo tiempo. Geniales como Poe y persiguiendo el best seller como Agatha Cristie, personajes creados por ellos se han inmortalizado: Hércules Poirot, Sherlock Holmes y el Dr. Watson. Es años más tarde cuando aparece con fuerza la novela negra que va más a lo social, a la denuncia de poderes establecidos y sus perversiones, a la corrupción económica y política. Con dos estadounidenses que también trabajaban para Hollywood haciendo guiones, Raymond Chandler y Dashiell Hammett, la novela policial se hace ruda y apasionante, la gente de mal vivir adquiere un protagonismo relevante, contra ella se enfrentan Philip Marlowe y Sam Spade, investigadores privados, creaciones literarias de Chandler y Hammett respectivamente. Ya la novela policial no es un género menor de la literatura, Dashiell Hammett es el creador de la novela negra moderna.

     Seguidores suyos aparecen en Europa. Manuel Vázquez Montalbán en España con el detective privado Pepe Carvalho, gastrónomo, culto, solitario, quien actúa en una España enigmática y conflictiva. Vázquez Montalbán era catalán y militante comunista. Su amigo siciliano Andrea Camilleri, antiguo guionista para cine y televisión, se mete en el mundo provincial de la mafia de su región; su personaje central es el comisario Salvo Montalbano (su apellido es en honor a Vázquez Montalbán), también gourmet e investigador solitario en el ambiente peligroso de Sicilia. En Suecia se desarrolla con mucha intensidad la novela negra, relevante en Stieg Larsson, lamentablemente desaparecido prematuramente. Su trilogía  “Millennium” busca desentrañar las conexiones irregulares entre el poder financiero y el político. Sus personajes Mikael Blonkvist, quien hace periodismo de investigación y la hacker Lisbeth Salander, extraña e inadaptada, quien sin embargo ayuda a Blonkvist, son los protagonistas principales de las novelas de Larsson. En Suecia también otro grande de la novela negra, Henning Mankell, quien con el inspector Kurt Wallander realiza sorprendentes investigaciones, incluso algunas con repercusiones internacionales. Philip Kerr, escocés de nacimiento, trabaja más en sus novelas la Alemania nazi, con su detective Bernie Gunther. Éste vive el tiempo de ascenso del nazismo. Hitler en el poder y crímenes que Gunther investiga. Para eso debe relacionarse con jerarcas nazis como Goering, Himmler o Heydrich, el carnicero de Bohemia y Moravia. En la Grecia actual de la profunda crisis económica actúa el comisario Kostas Jaritos, una creación de Petros Márkaris; las entidades financieras, Grecia al borde del colapso, las protestas en las calles contra las rebajas de sueldos y pensiones, mientras tanto el crimen no cesa y Jaritos debe investigar.

     Cruzando los mares llegamos a China, la del comunismo totalitario mezclado con economía capitalista de mercado, la corrupción se extiende, altos funcionarios del Partido Comunista participan de ella y el inspector jefe Chen Cao de la policía de Shanghai debe actuar. Son las novelas del escritor chino Qiu Xiaolong, poeta como también lo es el inspector Chen, a menudo se acompañan con citas de poetas clásicos de la literatura china. Siguiendo con el comunismo, pero ya en América Latina, tenemos a Leonardo Padura, escritor cubano, autor de la extraordinaria novela “El hombre que amaba a los perros”, quien cultivó con mucho éxito la novela negra. Su detective es Mario Conde, quien se dedica a vender libros usados, de todos modos es contratado para hacer investigaciones, las cuales realiza en medio de las dificultades para actuar que produce un régimen cerrado y totalitario como el cubano. En Brasil, potencia económica emergente, Rubem Fonseca es uno de sus mejores escritores, varias veces mencionado al Premio Nobel. Él tiene también su personaje de novela negra, Mandrake, abogado criminalista de profesión y mujeriego por pasión hace de detective en muchos casos. Cayetano Brulé no es un detective profesional, pero investiga en privado, muchas de sus historias se desarrollan en Valparaiso, paisaje portuario de Chile, también viaja para sus investigaciones; es un personaje creado  por el novelista chileno Roberto Ampuero. México es un país sometido a altos niveles de violencia criminal, la actuación de las mafias del narcotráfico casi es impune. Ahí actúa Edgar Mendieta, el Zurdo Mendieta, detective que no vacila en acordarse con jefes del narco si fuese necesario. Es una creación de Élmer Mendoza, novelista donde el lenguaje se desborda, con mexicanismos y maneras de hablar de los bajos fondos. Su última novela, “Nombre de perro” así lo muestra. En Venezuela hay pocas muestras de la novela negra, salvo el caso de Marcos Tarre Briceño, quien ha escrito varias obras donde el personaje central es el investigador Gumersindo Peña, exPTJ y exDisip. En su última obra “Rojo Express”, Marcos Tarre ubica los sucesos en Cumaná y los alrededores orientales y en el marco del chavismo hegemónico y procubano.  

     En Caracas no tenemos una novelística del género negro que refleje los graves males de la ciudad, entre ellos la delincuencia y el crimen cotidiano, el comercio y el tráfico de las drogas, los centenares de miles de motorizados, algunos delincuentes políticos, otros delincuentes comunes, la mayoría trabajadores que sin embargo para nada respetan las normas establecidas; la corrupción en el ejercicio del poder, el mal gobierno nacional y caraqueño. Una novelística que construya la novela negra caraqueña es necesaria y seguramente bien recibida.

viernes, 8 de marzo de 2013

A Venezuela le falta Dios


Por: Fernando Mires
La historia se repite. Una vez como tragedia, otra vez como telenovela. Así pensaba cuando veía en la televisión esa masa roja de chavistas sollozando por la muerte del presidente. Ocurrió lo mismo cuando murieron Stalin, Mao Tse Tung, Ho Chi Min, Kim il Sung, y otros faraones. Así pasó también con Evita, la bella Evita. O con Elvis Presley; o con Michael Jackson, y así seguirá sucediendo. Mas, cuando muera Maradona, todos los difuntos famosos habidos y por haber, palidecerán de envidia. Porque los funerales de Maradona serán grandiosos. Si usted está vivo señor, cuando muera Maradona no se pierda la función. No habrá nunca nada igual.
Los sollozantes y tumultuosos funerales de Chávez serán sólo uno más en la ya larga lista de las ceremonias fúnebres paganas. Una gran parte del pueblo venezolano lo llora; y en cierto modo es legítimo. Pero una cosa es llorar a un mandatario y otra muy diferente a un ídolo. Pues, por razones que no atino a descifrar, los pueblos en su orfandad crean ídolos de cristal en los que se reflejan. En cierto modo, pienso, cuando lloran lo hacen por sí mismos. O para decirlo con Santos Discépolo, lloran “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Esa es también la función que juega El Otro (en este caso Chávez) en la psicología analítica. El Otro es el objeto sustitutivo de Dios que te devuelve el reflejo borroso de tu propia imagen, imagen que sin ese Otro, desaparece ante tus ojos
Don’t cry for me Argentina. No Evita, no lloran por ti los argentinos. Los argentinos, como buenos argentinos, cuando lloran, lloran por los argentinos. Tú sólo eras el espejo del llanto de tantos seres que lloran en la muerte del “prójimo-lejano” la propia mortalidad, el miedo innato de no ser más de lo que somos, aunque eso no sea mucho.
Don’t cry for me Venezuela. No, los venezolanos que lloran, lloran porque se sienten solos sin el espejo de Chávez, el padre nuestro que estás en la tierra, el hombre-poder, el Estado convertido en persona, el deseo que trasciende a la multitud, el reflejo del ser fundido en el magma de la muchedumbre. Lloran, en fin, por la nostalgia de Dios que cada uno trae consigo desde que venimos al mundo y que ningún mortal podrá satisfacer.
¿Por qué llorar tanto a Chávez? ¿Fundó acaso una nación? No, la nación ya estaba fundada ¿Liberó a los esclavos? No, no había esclavos ¿Dio de comer a los pobres? A algunos, tal vez; pero los programas sociales de Chávez lograron menos que los realizados en Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Uruguay ¿Amplió las libertades? Todo lo contrario, subordinó a todos los poderes públicos al Estado y llevó a los militares al poder de un modo aún más radical que todos los generales golpistas del sur ¿Terminó con la corrupción? Ni por nada, Venezuela está en la cima de la corrupción mundial ¿Acabó con la delincuencia? No, la delincuencia aumentó bajo su mandato ¿Liberó a Venezuela de los EE UU? Mentira, nunca la economía de Venezuela ha sido más dependiente del “imperio” que bajo Chávez ¿Detuvo la inflación? Mejor no hablemos de eso.
El pueblo chavista no llora a un buen gobierno. Llora al propio pueblo chavista convertido en el espejo del Otro en pueblo, un pueblo que se vio a sí mismo reflejado en todas sus virtudes y defectos en el rostro de Chávez. Luego, cuando tantos desfilan alrededor del presidente muerto, no pocos asisten a sus propios funerales. Esa es la razón por la cual la mortalidad de Chávez no puede ser aceptada. Para que Chávez siga viviendo en el pueblo, Chávez no debe morir del todo. Por eso será convertido en un objeto inmortal. O lo que es igual: si no puede ser Dios, será al menos un endiosado. Chávez es El Endiosado. Un subrogado venezolano: un ídolo con pies de arepa. De este modo Chávez, como muchos otros mitos, pasará a llenar el vacío de Dios que a tantos atormenta. En lugar de buscar a Dios, al verdadero, el pueblo chavista se conformará con un mito, esto es, con ese vacío que sólo sustituye al vacío.
En Venezuela están construyendo un mito, dicen algunas voces críticas. En parte es cierto, pero sólo en parte. Porque el mito ya existía durante Chávez. El mismo Chávez en sus delirios de omnipotencia ya se había encargado de “inocularlo” en el pueblo. Chávez era, sin duda, un mito viviente. Lo que hoy realiza el Estado en Venezuela es sólo la infructuosa conversión del mito viviente en uno inmortal. Por supuesto, no lo logrará. Ni siquiera Maradona es inmortal. La inmortalidad es atributo de Dios. Tarde o temprano la historia realiza sus correcciones. A Stalin, por ejemplo, lo enterraron junto a Lenin. Después lo llevaron a una tumba chiquitica. Una fotografía genial mostró una vez a un perro meando sobre ella.
Ningún endiosado resiste el paso del tiempo.
El huracán del pasado avanza hacia el futuro convirtiendo a todo lo habido en ruinas como vemos en el Angelus Novus de Paul Klee: el Ángel de la Historia según Walter Benjamin. Esa es la razón por la cual allí donde no está la vida de Dios “vive” la muerte. Ese es también el Dios (la vida) que, como en tantas otras partes, falta en Venezuela: Dios al que nadie ni nada podrá sustituir. Porque allí donde está Dios (la vida) no hay ningún lugar para endiosados. O dicho a la inversa: porque allí donde hay endiosados no hay ningún lugar para Dios.
Ni siquiera Jesús, quien según la lectura cristiana es Dios, aceptó, en tanto ser mortal, ocupar el lugar de Dios sobre la tierra. Cuando uno de sus seguidores se inclinó frente a él, llamándolo “bueno”, Jesús respondió: “¿Por qué me dices bueno?; ninguno hay bueno sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18).

Quiere decir: sólo Dios es suficiente; el humano será siempre insuficiente. Luego, adorar a un insuficiente delata la ausencia de Dios. La adoración a Chávez delata, a su vez, que a Venezuela le falta Dios. Nada más.

Calma y cordura

Por: Laureano Marquez

Los venezolanos estamos devastados. Por distintas y diferentes razones, pero lo estamos. La situación de división que en el país impera se parece mucho a esas parejas que se aman demasiado, con un amor imposible, y están heridos, dolidos el uno con el otro por todo lo que se han dicho. Ya no importa quién lastimó primero, ambos hemos dicho cosas duras, ambos estamos heridos. Pero también uno siente que no puede seguir así, que no es normal cargar con tanto dolor a cuestas, que a lo mejor no podemos estar juntos como quisiéramos, pero podemos coexistir, perdonarnos.
En estos días hemos visto expresiones de dolor legítimas, respetables y conmovedoras, como todo lo que duele. No se puede desestimar el dolor ajeno, porque ningún dolor es ajeno si somos auténticos seres humanos. Con John Donne decimos: “Nadie es una isla completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas porque están doblando por ti”.
Hay momentos en la historia de los pueblos que son de transición. En el mundo hay muchos ejemplos.
Adolfo Suárez, presidente del gobierno español, se reunió con su “enemigo” Santiago Carrillo para negociar, con su contrincante de una guerra civil que dejó un millón de muertos y sufrires que aún perduran, la organización de la democracia española. Ambos tenían razones para no sentarse, pero encontraron una superior para hacerlo: el destino de España.
No tenemos que irnos tan lejos. En nuestra patria, a la muerte de Gómez, a López Contreras le tocó encabezar una difícil transición. Un cuento la resume: dicen que por la mañana llegaban los militares gomecistas enardecidos al despacho de Miraflores y le decían al Ronquito (que este sobrenombre le daban por su manera de hablar): ­General, esto no se aguanta, hasta cuándo estos estudiantes manifestando en la calle y ahora y que quieren organizar partidos… ¡Esto es inaceptable!…
Y López respondía: ­¡Tienen razón, tienen toda la razón, váyanse tranquilos que yo me ocupo!

lunes, 4 de febrero de 2013

Sobre el "No volverán"


Por: Alonso Moleiro

Si tuviera que escoger al más conspicuo entre los muchos postulados huecos que el chavismo ha logrado poner de moda en una parte del país durante todos estos años, sin la menor duda me quedaría con el celebérrimo "no volverán".

Es una construcción que condensa como pocas el lente, el prisma, la condición con la cual le gusta al oficialismo retratar a sus adversarios e interpretar la polarización política que ha tenido lugar en este país.

Se supone que todo aquel que no es chavista está suspirando por que regresen los domingos de Gonzalo Barrios, las intrigas del CEN de AD hechas noticia, los excesos del lusinchismo y los célebres escándalos que protagonizara la jerarquía política de entonces con el empresariado venezolano.

Una peculiar aproximación a la realidad que se sostiene en otra idiotez de carácter conexo: que los millones de venezolanos que adversamos de forma inequívoca a Hugo Chávez estamos manipulados por los grandes medios de comunicación, partícipes también, en última instancia, del festín que tuvo lugar en los años de Punto Fijo.

No alcanzamos a darnos cuenta de las múltiples bondades que le ha deparado a la nación el actual gobierno porque, gracias a la intriga y el trajinar de los medios, estamos hartos de los excesos de la delincuencia, defendemos una gestión económica de carácter mixto, consideramos la alternabilidad política un valor irrenunciable y nos producen una grima imposible de disimular expresiones como "máximo líder" o "comandante-presidente".

El "no volverán" es una consigna con doble valor: sus dos palabras resumen con maestría el contenido que intento desglosar en los párrafos anteriores, y al mismo tiempo, se salta a la torera, con notable impunidad, todo el entorno noticioso y político incubado en Venezuela antes y después de que Hugo Chávez asumiera el poder.

Toca acá hacer una nueva alusión a lo evidente: el tiempo histórico correspondiente al Pacto de Punto Fijo por supuesto que no va a volver. Entre otras cosas porque, si regresa, casi con seguridad la construcción de una democracia civilizada en Venezuela volverá a fracasar.

El de Punto Fijo es un tiempo histórico muerto. El paso de los años nos está ayudando a evaluarlo con mayor serenidad en sus aciertos, que fueron muchos, sobre todo, en términos administrativos, en sus primeros gobiernos; y sus miserias, que fueron otras tantas, y que conocieron su pico más alto en sus años finales.

Se supone que lo que "no volverá" es el "régimen burgués" imperante en Venezuela hace 14 años, traidor por definición de la esperanza popular. Régimen éste, por cierto, que le permitió al chavismo arribar pacíficamente al poder, y parir en el trayecto una Constitución con suficientes elementos burgueses, impensables, por ejemplo, en la sociedad cubana, todos los cuales le habrían producido un ahogo asmático al Che Guevara de haber estado vivo: el pluralismo político, el albedrío individual, las consultas electorales, la alternabilidad política, la Defensoría del Pueblo y los derechos económicos que consagran la existencia de empresas.

Esas empresas que, si acuerdan con el gobierno, pasan a ser "nacionalistas" y que si deciden trabajar por cuenta propia, seguirán siendo condenadas a ser burguesas. Elementos estos que son usados por el chavismo en provecho propio y que, antes que burgueses, son, sobre todo, conquistas de la civilización.

El ánimo ciudadano y la iniciativa política alineada detrás a la plataforma de la MUD lo que están intentando es crear las condiciones para regalarles a los venezolanos la oportunidad de crear un nuevo marco para la convivencia y el desarrollo. Otras naciones latinoamericanas, como Brasil, ya lo están logrando.

Un desarrollo que haga posible superar este entorno parapléjico y esquizoide, en el cual los adversarios son invitados a dialogar y al mismo tiempo tratados de golpistas y se invita a los empresarios a invertir mientras se les confiscan sus empresas. Normalizar la vida nacional en un ambiente de confianza mutua.

Esa promesa básica que en algún momento pensamos que podría hacerse realidad bajo la democracia. Contexto que, por supuesto, tiene que incluir necesariamente a las fuerzas del chavismo.
El "no volverán" también oculta lo evidente: que el 90 por ciento de los actores políticos y sociales que en este tiempo pertenecen a ese espacio que, por comodidad semántica, solemos denominar "la oposición", desde la izquierda hasta la derecha, no tienen pasado.

No tuvieron la menor injerencia en la crisis terminal de la democracia y tienen un diagnóstico extremadamente crítico de los excesos de aquel período. Muchos de ellos, muchísimos, votaron por Hugo Chávez, e incluso lo acompañaron en su proyecto antes de que este decidiera botar la llave y trancar el juego, esperanzados en que su liderazgo implicara la anhelada refundación de la democracia.

Si muchos de ellos, y acá me incluyo, no son chavistas, es porque interpretan que, mientras el chavismo sigue intentando vivir de la renta de los pecados de la denominada IV república, lleva adelante, al mismo tiempo, un régimen político que colecciona los mismos defectos de los gobiernos anteriores y muy pocas de sus virtudes.

Lo único que hay que hacer para darle respaldo a lo que afirmo es pasarle revista al espíritu jaquetón y sectario de sus voceros; a su torpísima y extremadamente corrompida gestión; a falta de vergüenza para tapar sus escándalos y falencias, al talante abusador que inspira la mayoría de sus decisiones; al indignante manejo politiquero que hacen de poderes públicos como el Judicial.

Incluso, también, a la escandalosa pobreza conceptual de su liderazgo y su irremediable cursilería. No se preocupen. Es cierto, no volverán. Algún día tendremos un país civilizado y digno. Todos se irán y no volverán.