Edinson Martínez
@emartz1
Venezuela se ha convertido en un país de records negativos en el campo económico, hasta hace poco sus
autoridades ignoraban el tema, lo soslayaban y como quien pretende esconder el
sol con un dedo, la autoridad monetaria optó por no emitir los boletines con
los indicadores de inflación para evitar, como es natural, el comentario
colectivo y la respectiva valoración del desempeño económico junto a los otros
indicadores que también son de obligatoria publicación. Pero los ojos del mundo están sobre nuestro
país. Somos el milagro económico al revés, nos convertimos en aquella parte del
mundo a la que se debe estudiar para no cometer los disparates que ampulosamente
se han exhibido como logros en todos estos años.
Cuando
el gobierno del finado se inició en 1999, lo hizo con una herencia de control
inflacionario que había resultado efectiva, con tendencia reiterada a la baja
luego de 1996; además, sin control
cambiario, niveles de deuda externa manejables y precios internacionales del
crudo en torno a casi los ocho dólares el
barril, que le agregaban a la gestión previa martirio económico a las
metas gubernamentales. Cuando se mira en la distancia del tiempo las
dificultades económicas e institucionales que vivió el país en esos años, es
inevitable concluir –en un juicio desapasionado y razonablemente equilibrado- que
fue una gesta haber cerrado el periodo con los indicadores que se le entregaron
al nuevo gobierno. En 1999 los números de la inflación se bajaron al 20 % con lo
que se confirmaba la tendencia que precedentemente se había marcado. Solo
cuando el populismo cedió terreno al sentido común, fue posible dominar el
demonio de Tasmania en que se había convertido la inflación en Venezuela.
Ahora
bien, en los tiempos que se inician con el finado –especie de reencarnación de Bolívar,
según acuciosa observación de Daniel
Ortega- era previsible que la inflación se descocara al final del camino, como ahora precisamente la vivimos, nunca
antes las cifras que perseverante y abruptamente suben por estos días, las habíamos
padecido los venezolanos –en tiempos por cierto en que en todo el continente y en
el mundo entero, las inflaciones elevadas, por sobre el 5 % anual, y 0,5
mensual, son una suerte de rara avis, que suscitan interpelaciones
y enconadas críticas a ministros de economía-.
Estas desproporciones del nivel de precios son la consecuencia de lo que ya hemos dicho,
la acumulación de todos los disparates que en el terreno económico que nadie en
su sano juicio cometería. Una caída progresiva de la oferta de bienes por la
destrucción irresponsable, cuando no perversa, de los factores productivos, que
abarca desde la ocupación, expropiación, y apropiación ilegal de fincas y
empresas de todo género. La dependencia absoluta como jamás se tuvo, de un solo
producto de exportación, cuyos frutos se destinaron preponderantemente a
convertirnos en una economía importadora, fuente de guisos y chanchullos que
son noticia roja en todos los diarios. Una desquiciada expansión del gasto público
solo sostenible por mayor endeudamiento cuando
los precios del crudo se desplomaron -como siempre ha sucedido durante todos los
ciclos económicos mundiales-. Y finalmente la extensión del control de cambios
por un tiempo más allá de lo necesario, cuyas flexibilizaciones, solo
produjeron un engendro cambiario con tres tipos de cambios, contexto de ventajosas condiciones para toda clase de
manipulaciones cambiarias que con una frecuencia insólita en nuestros países, siempre terminan beneficiando a unos pocos bien conectados con el sistema.
Vivimos
un momento muy difícil, no hay soluciones fáciles y de corto plazo para los problemas
económicos del país. Pero es claro que con unas proyecciones de 350 % y últimamente
750% del nivel general de precios para este año, para cualquier gobierno la prioridad
en materia económica tendría que ser el abatimiento de la inflación, y eso no
es posible si no se actúa sobre las
causas estructurales que la originan, entre ellas, naturalmente, el propio
gobierno del presidente Maduro. Mención aparte ha de merecer el tema de la escasez, que en su momento abordaremos.
