domingo, 22 de abril de 2012

El viejo cementerio

Por: Edinson Martínez
@emartz1

Desde el fondo de mis recuerdos de niño busco constancia de haber estado alguna vez en el viejo cementerio de Lagunillas, ese mismo que de reojo suele uno ver en unas ruinas que colindan con las carreteras del sector no menos ruinoso y abandonado denominado “Barrio Venezuela” del municipio Lagunillas. Es un recuerdo vago, vaporoso y descolorido que me lleva cuando menos a cuarenta años atrás. Tenía una entrada metálica de puerta principal construida debajo de una estructura en forma de arco en lo que hoy se llamaría hierro forjado, de color gris y apertura lateral para cada puerta. No recuerdo que hubiera nombre alguno sobre la fachada. En su patio central, por decir de algún modo, una especie de camino principal por el que los deudos en procesión conducían a sus difuntos a su último y perenne lugar en esta tierra, dividía el viejo cementerio del que se respiraba un aire de flores naturales y vegetación silvestre que con facilidad crecía sin más riego que el de las lluvias de medio año.

En ambos lados del camino central algunas bóvedas grandes de estilo gótico que los más pudientes y vanidosos se esmeraban en erigir en tributo a sus familiares en su paso terrenal, se divisaban entre las más pequeñas y aún entre otras más modestas al ras de la tierra. Es al final del camino, - suena fatalista y apocalíptico, pero así es - frente a una pared ocasionalmente blanca porque entre sus tonos es posible advertir que de vez en cuando se pintaba, donde en mi recuerdo se detuvo la fila de personas para bajar el ataúd de quien ahora no recuerdo con precisión.

Ayer, por una causa estrictamente fortuita, me tocó pasar por la misma vía y carreteras que alinderan con las ruinas del viejo cementerio. En años anteriores desde luego que he recorrido por el sector por variadas razones, de modo que no es la primera vez que transito por allí; como tampoco la única vez que venía a mi memoria aquella ocasión que he comentado; sin embargo, nunca me detuve y menos me atreví a husmear en territorio del campo santo antecesor del actual ubicado en Ciudad Ojeda. Ayer, decidí detenerme a un lado de la vía y estacionado desde la ventana de mi vehículo miré hasta dentro; y con detalle, por donde la vista alcanzaba a ver, noté la dimensión de la desidia, la indolencia de décadas. En segundos tomé la determinación y decidí caminar hasta donde fuera posible; una fila de tumbas, colindantes con la carretera mostraban sus cruces erectas de metal negro abandonado – como indicando con su gesto a quienes habitamos esta tierra: aquí sigo yo – sobre rectángulos hechos de cemento y cerámicas a ras de tierra cuidadosamente alineados. Varias indicaban aún los nombres, fechas de nacimiento y su obligado: QEPD. Por respeto a la memoria de ellos, quiero omitirlos; pero los ví y escribí en un hoja improvisada. Probablemente aún están allí sus cuerpos, colindantes y al descubierto con la carretera y entre la vegetación silvestre que crece ahora sin condiciones. Los vecinos del sector, tal vez sepan sus nombres porque al verlos mientras caminan sus calles, saltan evidentes las cruces con sus nombres y fechas atestiguando el tiempo que ha transcurrido. No hay cerca para ellos y menos distancia de los mortales, no hay respeto y dignidad en semejante abandono.

Quiero aprovechar la ocasión para precisar que el cuido, mantenimiento y construcción de cementerios en nuestro país, es una competencia directa y exclusiva de los gobiernos locales. No es Chávez ni San Chávez el responsable de tamaña indignidad; tampoco los gobiernos que le precedieron. Es el gobierno local de nuestra entidad municipal a quien corresponde porque la ley así lo ordena. En el momento en que se procedió a la apertura del actual cementerio, en el mismo acto debió hacerse lo conducente para bien conservar el viejo cementerio o deshabilitar por completo. Jamás ha debido suceder lo que hoy en día representa esa vergüenza ubicada en la parroquia Venezuela.

Ahora bien, han transcurrido los años y el “nuevo” cementerio ahora está a punto de colapso por cuanto su zona de expansión fue invadida y sencillamente no hay hacia dónde crecer. Una opción factible, nada descartable, bien podría ser rehabilitar el viejo cementerio y con ello restituir algo de dignidad al viejo campo santo y sus moradores.

4 comentarios:

  1. el de cabimas igual,no tiene ni forma ni figura,y para enterrar a alguien uno tiene q hacer malabares cun el ataud para llegar a los panteones.

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  2. ES VERDAD YO TAMBIEN LO VISITABA AÑOS ATRAS CUANDO MI QUERIDA MADRE ESTABA EN ESE CAMPO SANTO

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  3. Sencillamente amigo, los difuntos no suman votos para una contienda electoral; aunado a la falta de gerencia en las instituciones públicas

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  4. Muy oportuno tu articulo Edinson, a pesar de no vivir en el Municipio Lagunillas, es importante recalcar que el gobierno Municipal de Lagunillas es el gran responsable de la desidia que existe en el viejo cementerio, como lo dijo Alexis Sierra los que están ahí no suman votos....

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